Un juicio farsa en Francia contra un palestino con acusaciones procedentes de Israel

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Juan Manuel Olarieta (Presos).— Alí, un palestino de 36 años, reside en Francia desde 2016 y lleva dos años en prisión preventiva. Las acusaciones en su contra se basan en informaciones proporcionadas por Israel, a pesar de que obtuvo el estatuto de refugiado tras abandonar Palestina.

 

Francia reconoce los abusos que ha sufrido, le concede protección y el estatuto de refugiado… Hasta que una mañana la policía llega a su casa con las armas en la mano y le detiene delante de sus hijos. Le acusan de “terrorismo” en base a los testimonios proporcionados por el mismo país que le empujó al exilio.

Actualmente está preso en Osny. Lo mismo que una cuarta parte de los presos encerrados en las cárceles francesas, es preventivo. Las acusaciones proceden de Israel, más precisamente, de los interrogatorios llevados a cabo por los matones israelíes a los palestinos detenidos en Cisjordania y trasladados a centros de tortura en Israel.

Casi el 40 por cien de los palestinos han estado encarcelados en algún momento de su vida. Casi la mitad de los varones. La tortura de esos detenidos está ampliamente documentada por todo tipo de organismos internacionales, y hay que recordar que Francia es signataria de la Convención de Nueva York contra la Tortura, que establece claramente en su artículo 15 que toda declaración que se haya obtenido mediante torturas no podrá invocarse como prueba en un juicio.

En julio de 2024 el Tribunal Internacional de Justicia (CIJ) dictaminó que la ocupación de Cisjordania por Israel es ilegal, por lo que Israel ha orquestado un juicio farsa con la complicidad del gobierno francés que, como los demás países europeos, presume de defender los derechos y las libertades fundamentales.

Una biografía típicamente palestina

Nacido en el campo de refugiados de Balata, cerca de Nablus, en Cisjordania, Alí tenía sólo 14 años cuando presenció el asesinato de su hermano pequeño de 8 años, acribillado a tiros delante de sus ojos por un soldado del ejército israelí. Dos años después fue detenido por primera vez cuando se disponía a testificar en juicio por aquel asesinato.

Le encarcelaron durante un año, sin acusación ni juicio, antes de ser condenado a cuatro años de cárcel por lanzar piedras, que es la típica acusación presentada por Israel contra menores palestinos.

Posteriormente, fue encarcelado tres veces, nuevamente sin juicio, por períodos de varios meses, antes de ser deportado. Alí se instaló en Francia y obtuvo el estatuto de refugiado.

Antes de su detenición en 2024, vivía sin mayores problemas con su esposa e hijos. “Legitimar las acusaciones que provienen de un Estado que comete genocidio no es trivial. No se trata de cooperación judicial como cualquier otra. Es parte de una red más amplia de complicidad: económica, política y militar entre Francia e Israel”, denuncia Raphaël Kempf, su abogado.

‘Judea y Samaria’: la Biblia vuelve a los expedientes judiciales

En el procedimiento relativo a la retirada del estatuto de refugiado de Alí hay una nota de la DGSI, la central del espionaje francés. Es un documento anónimo elaborado por los servicios de inteligencia que utiliza la expresión “Judea y Samaria”, un término bíblico que utilizan los sionistas para legitimar su ocupación de Cisjordania.

Es una expresión contraria al derecho internacional, por lo que los tribunales franceses están defendiendo una situación ilegal, a saber, la ocupación de Cisjordania.

Desde el 7 de octubre de 2023 la persecución de los refugiados palestinos ha arreciado en toda Europa. Es una forma de castigo colectivo que convierte a una resistencia legítima en “terrorismo” y supone la retirada del estatuto de refugiado. Los Estados europeos se suman al genocidio de los palestinos y la solidaridad es el peor de los crímenes.

La detención en su casa por un comando armado de la policía “antiterrorista”, en presencia de los niños, tuvo un impacto duradero en la familia de Ali. Su pareja también fue detenida y luego liberada sin ninguna acusación. Pero desarrolló un cáncer y está luchando por mantener a sus hijos en solitario.

En toda Francia se han creado comités de apoyo y están previstas varias manifestaciones para exigir la liberación de Alí.

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