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Los países subdesarrollados y la cuestión cultural

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«Para que se realice la transformación de la vida política y social en interés de los trabajadores, ésta debe estar inspirada por la única ideología revolucionaria, el marxismo-leninismo. De lo contrario, la transformación no podrá ser revolucionaria y degenerará inevitablemente en reformas democrático-burguesas incompletas, convencionales. Tal transformación engaña a las masas trabajadoras con lemas socialistas y despierta en ellas esperanzas que buscan desilusionarlas, mientras que en realidad refuerza la posición de las clases explotadoras y prepara el terreno para el desarrollo capitalista. Actualmente la burguesía de los países subdesarrollados da la bienvenida a esta clase de transformación, sin sentir ningún peligro especial e inmediato para sus intereses de clase, mientras los revisionistas modernos hablan del «nuevo descubrimiento» de la llamada vía no capitalista de desarrollo. Esta es una verdadera paradoja que sólo puede ser aceptada por la lógica de los renegados del marxismo-leninismo, que, a través de su traición, dan una «chapa espiritual» a la opresión burguesa-terrateniente y a la explotación en los países subdesarrollados.

Un problema fundamental para la transformación de la superestructura en los países subdesarrollados, es la realización de una profunda revolución en la cultura. Por regla general, esta revolución debe pasar por dos etapas principales, estrechamente relacionadas y conectadas. En la primera etapa, la extensión de la cultura en amplitud aparece como el objetivo más próximo e inmediato. Su objetivo es la eliminación del analfabetismo entre los adultos, la extensión de los distintos niveles de educación en todo el país, y en particular en el campo, a fin de crear las premisas para elevar el nivel cultural general de la población. En la segunda etapa, el principal objetivo de la revolución es la transformación de la propia cultura, que es un proceso más complicado y difícil que su simple extensión. Por lo general, los países atrasados conocen dos culturas antes de la revolución: la cultura de los feudos o castas y la del imperialismo, la cultura de los explotadores y opresores, siempre combinadas y asociadas con el misticismo religioso. La cuestión es pasar a una nueva cultura de masas, sobre la base de la ideología proletaria, en beneficio del socialismo y del fortalecimiento de su posición en todos los campos de la vida.

La transformación de la superestructura debe derribar cada norma e institución del viejo mundo, que tiene un contenido opresivo, explotador y es humillante para las masas trabajadoras. Debe poner todo en movimiento, debe cambiar radicalmente los conceptos, las costumbres, los hábitos, las tradiciones, las relaciones familiares, las maneras y actitudes de las personas en el trabajo, en la sociedad y en la vida. Como una consecuencia inevitable de este proceso es creado un alto espíritu militante entre las masas trabajadoras, se alientan la iniciativa, la auto-acción, el espíritu innovador y el valor revolucionario en todos los campos de la actividad social». (Hekuran Mara; Posibilidades de construir el socialismo sin pasar por la etapa del capitalismo desarrollado, 1973)

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