Inicio Artículos La contradicción principal

La contradicción principal

287
0
Compartir
Juan Manuel Olarieta

 

En cualquier análisis científico, uno de los problemás más importantes es dar con la contradicción principal, es decir, el motor que está influyendo de una manera más decisiva en una determinada situación. La contradicción principal expresa la esencia de dicha situación, por oposición a la apariencia de la misma, a sus elementos más superficiales.

El término “contradicción principal” no siempre aparece de la misma manera en todos los fenómenos. Así en las guerras, los estrategas militares definen a un “enemigo principal” o un frente principal de combate, cuando hay varios. La tarea de derrotar a dicho adversario es prioritaria respecto a todas las demás y a ella se subordinan las demás operaciones militares.

El ejemplo de la guerra (y otros parecidos que se podrían invocar) ponen de manifiesto que el descubrimiento de la contradicción principal no es sólo una cuestión teórica, sino también práctica: los problemas no se resuelve hasta que se aborda dicha contradicción. Es lo que a veces se llama “ir a la raíz” de la cuestión, profundizar en ella.

El reconocimiento de que en un determinado acontecimiento concure una contradicción principal pone de relieve que nunca hay una causa única, sino muchos factores concurrentes que actúan de manera simultánea o sucesiva y se influyen unos sobre otros. Es lo que la dialéctica califica como “acción recíproca”: los efectos se convierten en causas y al revés.

Del mismo modo, aunque se suele mencionar en singular, la contradicción principal no tiene que ser única; pueden ser varias. Las demás no es que no influyan o no sean importantes, sino que su peso sobre el fenómeno estudiado es menor, del mismo modo que los edificios tampoco se suelen levantar sobre un único pilar sino que tienen varios tipos de soportes.

En cualquier caso, los edificios se sostienen sobre sus pilares y vigas maestras. Su solidez depende de ellos. El resto de la construcción está bajo su influencia, de manera que para derribar un edificio basta con derribar sus pilares.

La contradicción de principal da con “la clave” de una situación, a partir de la cual es posible entender el resto. Descubre la verdadera naturaleza de un problema, profundiza hasta el origen del mismo y, por lo tanto, aporta las soluciones que lo resuelve de manera definitiva o, al menos, a largo plazo, a diferencia de las medidas paliativas que actúan sobre las contradicciones secundarias: aminoran las consecuencias de un problema, pero no acaban con él.

Por ejemplo, el desempleo es una consecuencia necesaria e ineludible del capitalismo. Los seguros ayudan a paliar las consecuencias más perniciosas para los trabajadores, pero no pueden acabar con el problema. Para ello hay que acabar con el capitalismo y construir una sociedad distinta, socialista.

A veces se habla de la contradicción principal como “causa” y de la secundarias como “condiciones”, un factor que suele suponer fijo, una especie de escenario que suministra los decorados ambientales o contextuales a las verdaderas protagonistas: las causas.

No siempre la contradicción principal es la misma a lo largo del tiempo y de la historia, sino que cambia. Una contradicción principal se puede transformar en secundaria y al revés.

Dada la acción recíproca entre las causas y los efectos, descubrir la contradicción principal es muy importante porque es el factor capaz de influir sobre los acontecimientos, al tiempo que está está menos influenciado por ellos.

Así, bajo el imperialismo se califican de “hegemónicas” a un puñado de grandes potencias que son capaces de imponer sus condiciones a las demás, mientras que, en sentido contrario, éstas no son capaces de presionar a aquellas. En sus grandes líneas la situación mundial es, pues, consecuencia de las políticas implementadas por los países más fuertes, que son quienes imponen las “reglas del juego”.

Del mismo modo, no todas las corrientes de pensamiento están en un mismo plano sino que algunas de ellas son dominantes o preponderantes respecto de las demás en las distintas disciplinas: filosofía, sicología, economía, historia, etc. Mientras la ideología dominante se basta a sí misma, las corrientes minoritarias se abren camino criticándola, tomándola como referencia. La crítica es el rasgo característico de esas corrientes marginales. El blanco de dicha crítica es la ideología dominante, que es la que marca la pauta.

La contradicción principal no siempre es evidente por sí misma. Descubrir los vectores fundamentales que influyen sobre un fenómeno es uno de los más grandes avances del conocimiento. Ayuda a ordenar el cúmulo de condicionantes que pesan sobre cada acontecimiento, por lo que es lo contrario a las enumeraciones anodinas e insustanciales que suelen aparecer en los tratados académicos.

En los análisis superficiales y vulgares, todas las contradicciones se ponen en el mismo plano, o confunden a unas con otras, o se concentran en los aspectos secundarios, descuidando los más trascendentales. En el caso de la historia, la narración se llena de anécdotas, de un tipo de relatos banales, de tipo periodístico.

Los aspectos subordinados de un determiado acontecimiento se desentrañan a partir de los principales. Por ejemplo, los relatos vulgares atribuyen al asesinato en Sarajevo del heredero del trono de Austria, el archiduque Francisco Fernando, la causa desencadenante de la Primera Guerra Mundial, lo cual es falso.

La causa fueron las contradicciones entre las grandes potencias imperialistas, que exacerbaron la opresión nacional en los Balcanes, utililzando a los países de la región como mecanismo para un nuevo reparto del mundo. El asesinato de Sarajevo no fue la causa sino más bien la consecuencia de dicha rivalidad.

Si el análisis de un acontecimiento como la Primera Guerra Mundial no se centra sobre la contradicción principal, se confunden los efectos con las causas, a los victimarios con las víctimas, o se buscan soluciones técnicas (económicas, judiciales) a problemas que son de otra índole (políticos, sociales).

Las contradicciones no suelen operar, normalmente, de manera simultánea. Unas son remotas y anteceden inmediatamente en el tiempo a otras, que están más próximas al fenómeno. Incluso las contradicciones operan en cadena, unas detrás de otras o unas a través de otras. Pero la contradicción principal no se puede confundir con la más cercana en el tiempo.

El punto de vista partidista consiste en tomar posición en la contradicción principal. A dicho punto de vista no se le califica de partidista sólo porque sea subjetivo sino, además, porque el punto de partida de cualquier explicación científica es siempre parcial. Por importante que sea el reconocimiento de una contradicción como principal, es una parte del asunto que no agota la descripción. Para ello es necesario identificar también las contradicciones secundarias. El desarrollo de cualquier ciencia evoluciona, pues, de la subjetividad (de la parte) a la objetividad (al todo).

Sin embargo, en ocasiones las ciencias atraviesan etapas de tipo empírico, dominadas por descripciones exhaustivas del “cómo” (de las contradicciones secundarias), pero aún no alcanzan a responder al “por qué”, esa fase del conocimiento que Engels calificaba como “ciencia teórica” (1) en la que la investigación se concentra en averiguar la contradicción principal.

En ocasiones, cuando se trata de fenómenos sociales o de acciones humanas, la contradicción principal se expresa como “responsabilidad”, e incluso como “culpa” de una persona, de una clase social, de un gobierno o de un país. Del otro lado, identifica a las víctimas o sujetos pasivos de los anteriores.

El responsable es quien controla (o debe controlar) la situación, quien la domina (o debe dominarla). De aquí deriva la noción de “hegemonía”, que la burguesía denomina con el neologismo de “liderazgo”. Tiene varios aspectos destacables:

a) lleva la iniciativa; su comportamiento no es reactivo, es decir, no responde a una acción previa sino que la crea
b) su acción tiene un peso decisivo sobre la situación, es capaz de modelarla a su favor
c) a la inversa, está menos influido por la situación, como ya he expuesto antes
d) puede elegir, tiene opciones, mientras los demás países tienen muy pocas, una o ninguna alternativa y, si las que tienen, no les permiten optar a ellas

Aunque el predominio de fuerzas hegemónicas puede ser muy abrumador, nunca es absoluto, por lo que las explicaciones conspiracionistas son erróneas. El mundo no es una pirámide que gobierna una pequeña sinarquía de magnates, donde todos los demás son dóciles sujetos pasivos, engañados y manipulados.

La responsabilidad de unos, por importante que sea, no exime la de otros. La historia muestra muchos ejemplos de que en una guerra desigual, un ejército inferior puede derrotar a uno muy superior en fuerza, si defiende una causa justa, su estrategia es correcta y compensa su debilidad militar con otro tipo de factores, como los políticos, o en palabras de Clausewitz, “el pueblo en armas” (2), por lo que deberá comprender la guerra no como un asunto técnico-militar sino político-militar.

En la misma línea, a veces se atribuye el desmantelamiento de las organizaciones revolucionarias a la represión, es decir, a factores técnicos, (militares, policiales o judiciales), cuando lo cierto es que una organización revolucionaria, por su propia naturaleza, es indestructible. Por brutal que sea la represión, dichas organizaciones han desaparecido como consecuencia de sus propios errores y, finalmente, han acabado capitulando.

Una organización revolucionaria es siempre inferior desde el punto de vista técnico, pero es muy superior siempre desde el punto de vista político. La burguesía comete el error de creer que es posible aplastar a una organización revolucionaria con el empleo de una fuerza técnicamente superior; el proletariado comete otro si no está preparado para hacer frente a ello.

Como también ha quedado expuesto, la detección de la contradicción principal tiene un aspecto práctico y partidista para una organización revolucionaria. Aún siguiendo una línea política correcta, es imposible que una organización revolucionaria avance si no tiene en cuenta las fuerzas más importantes que condicionan la situación en su país, que son tanto internas como internacionales, y son cambiantes además.

Notas:

(1) Engels, Dialéctica de la naturaleza, Madrid, 1978, pg.158.
(2) Clausewitz, De la guerra. Táctica y estrategia, Barcelona, 2006, pgs.265 y stes.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here