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Embarazo adolescente: un asunto de clase

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LESBIMAR FERNÁNDEZ. Especial para TP

Miembro de la Comisión Ejecutiva Nacional de la JCV

De acuerdo al último reporte del Fondo Poblacional de Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), Venezuela lidera los índices de embarazo adolescente en Suramérica: 101 nacimientos por cada mil mujeres. Al iniciar el presente siglo (2001), el Instituto Nacional de Estadística (INE) había reportado 111.769 embarazos en menores de 20 años; para 2012 la cantidad había ascendido a 143.491 casos (28% más); de ese grupo, 7.452 eran menores de 15 años. Desde entonces, no hay cifras oficiales al respecto.

En los últimos años no solamente han aumentado los embarazos adolescentes, sino que además ha descendido el promedio de edad de iniciación sexual de las jóvenes hasta ubicarse en 16 años, según la Encuesta Nacional de Juventud 2013, desarrollada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (IIES-UCAB).

El boicot generalizado a la distribución de los alimentos y productos de primera necesidad que se ha registrado en los últimos cuatro años, ha afectado indiscutiblemente la salud sexual y reproductiva. No obstante, el embarazo adolescente como problema no es un fenómeno novedoso en nuestro país. De hecho, distintos psicólogos, médicos y especialistas en el tema no han dudado en apelar a “razones culturales” para bordar el tema que es directamente vinculado con la “feminización de la pobreza”.

Bien sea cultural o coyuntural, los datos revelan con crudeza que este fenómeno se agrava entre la clase trabajadora y los sectores populares. Para su comprensión no podemos dejar de lado la división sexual del trabajo imperante en la sociedad. La confinación de las mujeres al trabajo reproductivo y de cuidados y las particularidades que presenta el embarazo adolescente en esta peculiar fase de la crisis del modo de producción capitalista, porque este “drama social” como cualquier otro también es un asunto de clase.

Datos alarmantes

En Venezuela, anualmente, de cada 100 mujeres embarazadas, 25 son adolescentes. Cada hora una niña menor de 15 años da a luz y cada cuatro minutos lo hace una menor de 20 años.

Una de cada 10 jóvenes entre 15 y 19 años está embarazada. 50% de las madres adolescentes tienen su segundo hijo antes de cumplir los 20 años; en total, al año nacen 150 mil niños cuyas madres se encuentran en este rango de edad.

A nivel nacional, entre los estados que superan la tasa de 10% de embarazos adolescentes está Amazonas (13,2%) con un alto componente étnico-cultural por tratarse mayoritariamente de casos de población indígena. En contraposición, los estados con menor porcentaje son Táchira (7,8%) y Falcón (8,3%). En general, los porcentajes más bajos se registran en la zona noroccidental del país.

Otro de los componentes que agudiza este problema es la mortalidad infantil. De acuerdo a la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (AVESA), una menor de 15 años tiene cinco veces más posibilidades que una mujer de 20 años de morir por causas relacionadas al embarazo y el parto.

Mayor exclusión

El estudio realizado por el IIES-UCAB en el año 2013 reveló que la edad promedio de los jóvenes en el momento de nacer su primer hijo es inferior entre los sectores populares. La tendencia a la disminución de la edad de iniciación sexual es franca y algunos especialistas han asegurado en entrevistas ofrecidas durante el último año que hoy en día oscila entre los 10 y 12 años. De hecho, 28% de las jóvenes de los “estratos más pobres” son madres antes de los 20 años.

En Venezuela, casi 1,7 millones de jóvenes no estudian ni trabajan y casi 500 mil son adolescentes. Siete de cada 10 ni-ni son mujeres y la principal razón de las jóvenes entre 15 y 19 años es el embarazo (19%); mientras que otro 8% alega como causa de su desvinculación del estudio y el trabajo el cuidado de su hijo o hija.

Esta realidad condiciona la futura inserción de la madre al mercado laboral. Su papel en el cuidado de la potencial fuerza de trabajo, la obliga a aceptar condiciones laborales de precariedad cuando no de abierta informalidad.

De acuerdo al método de Necesidades Básicas Insatisfechas, aplicado por el INE, el 12,64% de las madres adolescentes proviene de hogares “pobres” y 15,69% de hogares “pobres extremos”. De tal modo que estamos ante un círculo vicioso favorable para la reproducción del sistema que necesita no solamente fuerza de trabajo activa sino el ejército de reserva para presionar los salarios de los trabajadores en periodos de crisis.

Embarazo y educación

El embarazo es percibido por muchas adolescentes como salida a distintos problemas en sus hogares; entre ellos la violencia intrafamiliar y otras condiciones de pobreza extrema.

Adicionalmente, la actual escasez de anticonceptivos (especialmente femeninos) agrava este fenómeno, sin embargo, no puede ser asumido como un factor estructural. En cambio, sí son decisivas las trabas para acceder a información de forma oportuna, así como a los servicios de educación y salud sexual.

El cuadro lo completan los mitos en torno al uso de anticonceptivos; las presiones sociales para tener sexo; el discurso de “liberación sexual” estimulado por los monopolios de la comunicación; así como el abierto acoso sexual. También hay que considerar el uso de alcohol y drogas como factores determinantes.

El embrazo en adolescentes incide en su permanencia en el sistema educativo y obstaculiza el acceso al trabajo y a la protección social. En efecto, las jóvenes que actualmente están en el rango etario de 20 a 24 y fueron madres adolescentes, cuentan con 3,2 años menos de estudio que las jóvenes del mismo rango que no han sido madres.

Aun cuando en términos generales, la asistencia escolar en las jóvenes adolescentes pasó de 72,1% a 78,6% entre 2001 y 2011, existen diferencias entre las madres menores de 20 años y sus pares que no ejercen la maternidad. De hecho, se ha incrementado la participación escolar de las jóvenes madres (14,3%) con respecto a las que aún no lo son (5,7%) en el periodo 2001-2014.

En el último reporte del Instituto Nacional de Estadística (INE), solamente 27,9% de las madres menores de 20 años asistían a clases en contraposición del 72,1% que desertó para dedicarse a los cuidados de su hijo o hija.

Propuestas para una plataforma de lucha

Este es un debate en desarrollo, que deberá posicionarse con fuerza en el marco del proceso constituyente. Para ello, se plantean puntuales propuestas con miras a una plataforma de lucha:

– Promover contenidos educativos oportunos que contribuyan a la prevención del embarazo adolescente;

– Promover espacios de información y orientación sexual dentro de los centros de estudio y espacios barriales y comunitarios;

– Demandar una política de distribución oportuna de anticonceptivos (masculinos y femeninos);

– Demandar políticas de salud asociadas a la maternidad en adolescentes, que garantice servicios de salud sexual y reproductiva, apropiados, oportunos, universales y de calidad;

– Constituir un sistema de cuidados, como, por ejemplo, guarderías gratuitas en espacios de trabajo y estudio para promover la permanencia laboral y escolar de las madres adolescentes;

– Facilitar la continuidad de los estudios de las madres adolescentes; ofreciendo atención durante el embarazo para evitar la discriminación y la expulsión directa o indirecta de los centros de enseñanza;

– Promover un programa capacitación y formación a jóvenes adolescentes embarazadas, con horarios y planes de estudio flexibles;

– Promover un plan político-educativo para estimular la continuidad de los estudios de educación media y universitaria entre las madres adolescentes.

https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_2978/13

https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_2979/10

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