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En zonas con alto nivel de desarrollo humano como Europa y EEUU están surgiendo brotes de enfermedades como el sarampión, prevenible con vacunas. Este fenómeno coincide con el auge de los grupos contrarios a la inmunización. Conoce qué consecuencias podría tener esta tendencia.

En Europa y Estados Unidos ha surgido un brote importante de sarampión, una enfermedad que se había logrado controlar en el mundo con la vacunación de la población. Esta infección es altamente contagiosa y la baja en las tasas de inmunización ha provocado su regreso en muchas comunidades, a raíz del auge de los movimientos contrarios a las vacunas.

“Pocas intervenciones del ser humano a lo largo de la historia han sido tan eficaces como las vacunas para prevenir enfermedades. Probablemente hoy en día no hay ninguna que tenga un efecto secundario de importancia, más allá de la vacuna contra la tuberculosis que se pone al nacer. En general todas son seguras, eficaces y sin efectos secundarios de importancia”, explicó a Sputnik Francisco Espinosa, pediatra mexicano, especialista en Inmunología.

Esta invención ha permitido en muchas regiones poner a raya en amenazas a la salud pública como la difteria o el tétanos. Enfermedades relativamente comunes antes, como las paperas, el sarampión o la varicela, hoy en día son cada vez menos frecuentes gracias a las inyecciones. Incluso las poblaciones más vulnerables tienen un mecanismo de defensa ante gripes estacionales. Entonces, ¿por qué cada vez menos personas quieren vacunarse?

Espinosa recordó que a mediados de los 90, la revista científica The Lancet publicó un artículo en el que un investigador relacionaba a las vacunas contra el sarampión, la rubéola y las paperas con el autismo. Sin embargo, luego se demostró que esa hipótesis se justificó con “trampa” y se vetó al autor en la comunidad científica.

“Sin embargo eso dio un empujón a un gran cantidad de grupos antivacunas, especialmente en EEUU, pero se han ido haciendo cada vez más y numerosos en todos los países del mundo y Latinoamérica no se escapa de ello”, aseveró el doctor.

Estos grupos siguen sosteniendo que existe un vínculo entre el autismo y la vacunación. Consideran que el ser humano debe defenderse por sí solo y generar de manera natural las respuestas inmunológicas.

Según Espinosa, “conforme se baja la cobertura de vacunación contra enfermedades que se había erradicado”, los casos aumentan. En América Latina aumentan los casos de tos ferina causada por la bacteria Bordetella Pertussis en “la población que no está cubierta de manera eficiente”.

“Lo que estamos viendo en realidad está basado sobre ciencia absolutamente falsa, que no tiene ninguna justificación”, indicó el médico.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es necesario que el 95% de la población esté vacunada para alcanzar “el umbral de inmunidad del grupo” ante una enfermedad. Este nivel no se alcanza en países europeos como Rumania o Italia. En esta última nación, hay incluso movimientos políticos con representación parlamentaria que se manifiestan en contra a las inmunizaciones.

Si bien es cierto que no son de gravedad, las vacunas tienen efectos secundarios. Algunos son fiebre, dolor en el lugar en el que se aplican o inflamación, relacionados con la inyección. Según el especialista, ocasionalmente se ha reportado alergia a los componentes de las vacunas que suceden en una persona de cada millón que se reciben.

Algunas reacciones inmunes afectan al sistema nervioso “de manera transitoria”, como en el caso del síndrome de Guillain Barré. Sin embargo, el pediatra precisó que también es “extremadamente” raro, de un caso por millón de dosis aplicadas. “Existen cosas más peligrosas desde el punto de vista de la intervención médica”, aclaró.

Existen mecanismos de control y en el desarrollo se prueban en grupos de 50.000 individuos. Todo es vigilado “de manera muy cuidadosa”, ya que no es solo el laboratorio el que reporta los efectos secundarios de acuerdo a su conveniencia, “sino que están encima las reguladoras” gubernamentales. Además, el control es continuado el en tiempo.

Un ejemplo es lo sucedido con la primera vacuna contra el rotavirus, una enfermedad que provoca diarreas muy severas en niños. Cuando se lanzó, la comunidad médica la celebró porque daba una solución a los altos números de hospitalizaciones. Sin embargo, se observó al tiempo un número “desproporcionado” de casos de invaginación intestinal, una complicación que obstruye el intestino. Cuando se supo, se retiró del mercado.

“Claramente las instancias regulatorias están siempre pendientes de cualquier efecto secundario, a pesar de que no se hubiera visto en las etapas tempranas del desarrollo de un medicamento o vacuna. Uno puede estar muy tranquilo de que las vacunas que existen hoy son absolutamente seguras”, dijo Espinosa.

Otro de los argumentos es la presión de la industria farmacéutica hacia los gobiernos. A criterio del entrevistado, “por más que la industria haga mucho lobbying, las autoridades se han vuelto razonablemente blindadas” a esta influencia.

América Latina tiene programas de vacunación “incluso muy superior a la que tienen los EEUU”. En los países de la región existe la obligatoriedad de ciertas inmunizaciones, lo cual los pone en un riesgo menor a países como España, donde se trata de una práctica voluntaria. En estas zonas es donde se da un aumento de las enfermedades antes controladas.

“De boca en boca se va transmitiendo información incorrecta y lleva a que un vecino le diga a un padre o una madre que no es correcto vacunar. Y aquí la vacunación no es obligatoria, es opcional por lo cual eso ha llevado a un problema”, reflexionó en diálogo con Sputnik Ruth Figueroa, portavoz del Grupo de Estudio en Vacunas de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica.

“Damos por hecho que no existe la polio cuando. Eso es gracias a la vacunación y no a que hayan desaparecido ese tipo de infecciones. Siempre van a existir pero se pueden prevenir”, concluyó Figueroa.

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