El miércoles fue el Día de la Madre en Nicaragua y las madres de los muertos durante las protestas de abril y mayo organizaron una marcha de protesta por las principales calles de Managua, la cual fue acompañada por decenas de miles de nicaragüenses.

La represión del gobierno ha dejado 15 muertos y 199 heridos, según el Houston Chronicle (1). Inicialmente el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos contabilizó 11 muertes y 79 heridos por disparos de la policía, pero ayer por la tarde fuentes oficiales precisaron en un informe que se contabilizaron 15 muertos en diferentes partes del país.

El canciller Denis Moncada leyó un comunicado del gobierno en el que se aseguraba que la violencia generada por grupos de oposición “con agendas políticas específicas” que activaron “formatos delictivos para aterrorizar a las familias”, constituye una “conspiración” que viola la Constitución del país.

Desde abril el gobierno de Daniel Ortega padece un intento de desestabilización que repite el formato de Venezuela, de Maidán en Ucrania y otras “revoluciones” de colores impulsadas por los imperialistas.

El 16 de abril la patronal nicaragüense, el Cosep (Consejo Superior de la Empresa Privada), se opuso a la reforma de la seguridad  social que planteó el gobierno.

Al día siguiente surgió una cuenta en Twitter llamada #SOSINSS, un nombre típico de las “revoluciones” de colores en las redes sociales, desde donde saltó inmediatamente a los grandes medios de intoxicación en lengua castellana, como El País, BBC o Reuters.

El tercer paso fueron los “plantones” en edificios públicos, desde donde comenzaron los actos de terrorismo promovidos en las calles por el lumpen y las “guarimbas” en los que aparecieron armas de fuego, con un singular protagonismo por parte de la jerarquía católica.

En 2016 la USAID entregó a ONG locales un total de 31 millones de dólares para “Desarrollar las capacidades para la defensa de la sociedad civil”.

El portal Nicaleaks enumeró a los medios de comunicación y las ONG sorbornadas por Estados Unidos para fomentar la desestabilización con la apariencia de una “movilización popular apolítica”(2).

De esa manera, los primeros “plantones” contra la reforma de la Seguridad Social mutaron hacia un movimiento insurreccional cuyo programa es el del Departamento de Estado, con añadidos típicos como la lucha contra la corrupción, la falta de libertad de expresión. Un protesta de apariencia reivindicativa se convirtió así en una exigencia de cambio político.

En 2015 se desató un proceso similar en contra de la apertura por China de un canal transoceánico, paralelo al de Panamá y fuera del control de Estados Unidos.

(1) https://www.chron.com/espanol/news/article/Nicaragua-represi-n-del-miercoles-deja-13-12957626.php
(2) http://www.nicaleaks.com/noticias/item/6102-derecha-celebra-financiamiento-injerencista-de-la-usaid

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