A las 24 horas de la entrada de los tanques yanquis a Bagdad, llegaron equipos de hombres al Museo Nacional de Antigüedades para saquearlo. Mientras los medios de comunicación elogiaban la caída de la gran estatua de Saddam Hussein, desaparecieron estatuas y objetos irremplazables del patrimonio cultural de toda la humanidad.

Los ladrones llegaron el 10 de abril, armados de herramientas, corta vidrios y hasta carretillas elevadoras para trasladar enormes artefactos de piedra. Sabían de antemano lo que querían: dejaron encima una réplica de la estela de Hammurabi y agarraron los tesoros auténticos. Lo hicieron en un dos por tres, y cuando se fueron dejaron abiertas las puertas.

Durante los dos días siguientes, mientras los marines con solidaban el poder de la capital iraquí, centenares de saqueadores pasaron por el museo y robar4on y dañaron casi todo lo que no estaba guardado en las cajas fuertes.

Una enorme cantidad de objetos históricos salió rumbo a los coleccionistas multimillonarios de los países ricos.

La máquina de guerra yanqui aplastó el ejército y el gobierno iraquíes. Con esa destrucción, y la terrible situación de la población de un país conquistado, todo lo que se pueda vender corrió peligro.

Ahora en las subastas del mercado internacional de antigüedades se venden esos tesoros hermosos inusuales de la humanidad. Estos objetos son el fruto de artesanos de civilizaciones de hace 4 000 años: una estatua de tamaño natural del rey sumerio Entemena; un enorme relieve del dios asirio Ashur; una cabeza detallada de cobre de un rey acadio; y un arpa ornamentada de oro y marfil de Ur.

Se calcula que valen docenas de millones de dólares cada uno en el mercado internacional.

También desaparecieron artefactos únicos de la historia de la civilización y el saber humanos: tablillas de arcilla de hace 5 000 años con las primeras palabras escritas; una piedrecilla de hace 10 000 años con doce muescas, que se cree es el calendario más antiguo; tablillas de arcilla con escritura cuneiforme de hace 2 500 años, que son la biblioteca intacta más antigua; y más.

El subdirector del museo, Nabhal Amin, dijo que se perdieron unos 170 000 objetos, entre ellos herramientas de piedra de hace 100 000 años, esculturas y tallas antiguas, muebles de marfil, obras de azulejo, textiles y monedas. Desaparecieron incontables tablillas con los primeros registros de mercados, poesía, juicios y teorías de matemáticas. Muchas todavía no se habían estudiado.

Muchos de estos artículos sobrevivieron al saqueo de Bagdad por los mongoles en 1258… pero no la invasión yanqui de 2003. Los trabajadores del museo lograron esconder muchos objetos en cajas fuertes, pero los ladrones encontraron muchos más y destruyeron otros en la búsqueda de los más valiosos y raros.

La zona central de lo que hoy es Irak es la “Media Luna Fértil”, las ricas tierras agrícolas de los ríos Tigris y Éufrates. Conocida como Mesopotamia, es una de las regiones del mundo donde surgieron la agricultura y los asentamientos humanos por primera vez. A raíz del excedente agrícola. Ahí emergieron los primeros reinos y estados, y muchas innovaciones en las artes, las matemáticas, la escritura, la contabilidad y la guerra.

Por todo el país se encuentran montículos con restos de una docena de culturas que ocuparon la zona durante miles de años. Desde hace 200 años los científicos han ido a Irak para estudiar los orígenes y el desarrollo de la sociedad humana. Fueron en busca del mítico jardín del Edén de Adán y Eva, y encontraron 13 000 años de historia humana, con aldeas, templos, mercados, fuertes y las primeras ciudades (Ur, Uruk, Nimrud, Lagash, Nippur, Babilonia y Niniveh). Estos estudios han generado nuevos conocimientos de las sociedades, clase y estados que surgieron de las sociedades (comunidades) de cazadores-recolectores y siguen produciendo nuevos conocimientos.

El Museo de Bagdad era el centro de compilación de gran parte del legado de la humanidad antigua. Catalogaba los datos de todas las excavaciones de los equipos internacionales en Irak.

Ahora gran parte de esta información tanto como los archivos computarizados quedó destruida. Es posible que la hayan destruido para borrar la pista de los objetos robados y aumentar su valor.

Lo que se ha perdido es más que un conjunto de objetos. Para estudiarlos, los científicos los reúnen en colecciones de fragmentos de cerámica, de tablillas de arcilla o de restos del barro que se usaba para los techos. Cada objeto da el contexto en que encajan los demás. Estudiados juntos pintan un cuadro más detallado de los pueblos y sociedades de donde proceden.

El robo y la destrucción de los archivos significa que gran parte de la colección del museo ha perdido ese contexto y quedó extirpada del contexto social de investigación. Se está “privatizando” una parte irremplazable del legado humano en todos los sentidos; convertido en chucherías e inversiones en las galerías de los superricos. Incluso si se vuelve a “descubrirlos” en el futuro, habrá perdió gran parte de su significado.

Durante la conquista de Bagdad, el secretario de defensa, Donald Rumsfeld, criticó los informes periodísticos sobre los saqueos: “Presentan una y otra vez la misma foto de una persona saliendo de un edifico con un jarrón. Tras verla 20 veces uno piensa: “¿Hay tantos jarrones en el país?”. Rumsfeld se rio de la situación: a veces ocurren cosas en la vida y a veces hay saqueos”.

Cuando comenzaron a filtrarse informes sobre el museo de Bagdad, Estados Unidos e Inglaterra acusaron a los empleados de cometer los saqueos. Washington envió 25 agentes del FBI para “investigar”.

El Pentágono dijo que hizo todo lo posible para proteger los sitios históricos y que las pérdidas de los artefactos son “datos colaterales” lamentables. (las mismas palabras con que se describen las bajas civiles). Cuando el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, pidió que Washington obedeciera las leyes internacionales sobre las responsabilidades de las “potencias ocupadoras” (como proteger los objetos históricos y artísticos), los voceros del Pentágono contestaron enojados que Estados Unidos no era una potencia ocupadora así que no se le aplicaban tales leyes.

Un coronel del ejército dijo que “no se perdió tanto como dijeron”.

No cabe duda de que el gobierno y los medios están manipulando los hechos para echarle la culpa a otros.

Pero los científicos de muchos países le advirtieron a Washington mucho antes de que empezara la guerra (invasión) que el museo y las antigüedades estaban en peligro.

Les preocupaban porque durante la guerra del golfo de 1991, una docena de museos regionales y sitios históricos sufrieron saqueos sistemáticos. Paul Zimansky, arqueólogo de la Universidad de Boston, dijo: “Después de la guerra del Golfo surgió una industria de saqueos nocturnos con equipos organizados y armados”. Además, durante la última década miles de objetos han desaparecido de Irak. Llegaron a Suiza y de ahí a los mercados de antigüedades de Londres, París y Nueva York.

Zainab Bahrani, profesor de arte y Arqueología del Medio Oriente antiguo de la Universidad Columbia, dijo: “Le dimos al Pentágono una lista de lugares para proteger, les dimos mapas y las coordenadas de los sitios y los museos, les dimos una lista de las prioridades culturales para proteger tan pronto entraran en el país, ya la cabeza de las listas escribimos: “Coloquen guardia en los museos”.

Cuando el ejército yanqui entró en Bagdad, hizo caso omiso de su antigua cultura e historia, y dijo que estaba en el país para “enseñarles” a los iraquíes los principios de la “civilización”. El Alto Mando Militar despacho centenares de soldados y tanques a proteger el Ministerio del Petróleo y el Ministerio del Interior (donde están los archivos de la policía secreta), o sea, los lugares importantes para sus metas. No hizo nada para proteger lo demás.

Los empleados del Museo de Antigüedades les dijeron a los corresponsales que, em medio de los saqueos, fueron a buscar soldados estadounidenses y les pidieron que lo protegieran. Unos marines llegaron al Museo, pero se fueron 30 minutos más tarde. Indignados, tres miembros del gobierno estadounidense encargados de asuntos culturales renunciaron. Uno de ellos, Martín Sullivan, escribió: “La tragedia se evitó debido a nuestra inacción”.

Además de los museos, también fueron saqueadas y quemadas tres bibliotecas históricas en Bagdad. Se perdieron miles de manuscritos y libros raros e irremplazables, por ejemplo, ediciones muy antiguas del Corán. Las colecciones de objetos milenarios de la Universidad de Mosul, la Universidad de Bsora y el museo de Kirkuk corrieron la misma suerte.

El director de la Biblioteca Nacional Ra`ad Bandar, dijo: De todo el munnían a Bagdad a leer esas obras. Para los estudiosos religiosos de todo el mundo musulmán, es un momento de dolor”.

El 24 de enero, unos representantes del Consejo Americano de Política Cultural (ACCP), se reunieron con funcionarios del Pentágono y, después con el presidente Bush.

El ACCP es un grupo de 60 abogados de la clase dominante, miembros de poderosos grupos de presión y ricos “coleccionistas de arte”. Entre los miembros figuran directores de museos y grandes traficantes de artefactos ilegales. Se fundó en 2001 para presionar al gobierno a eliminar las barreras al transporte y la venta global de los tesoros arqueológicos más raros y valiosos. Por supuesto, lo hacen con el pretexto de la “libertas” y de acabar con la “tiranía gubernamental”, es parte del clima de “capitalismo triunfante”, en que se ridiculiza la protección de los recursos del tercer mundo como “normas gubernamentales pasadas de moda”, en que se considera hostil cualquier expresión de “soberanía nacional”, de otros países, y en que todo lo que hay por todo el mundo está a la venta”.

El profesor John Merryman, de la Universidad Stanford que es miembro del ACCP, explicó esta filosofía del saqueo. “En un comercio abierto y legítimo, los objetos culturales deben trasladarse a la gente y las instituciones que más las aprecian y que por eso, las cuidarán mejor.

Las potencias coloniales llevan siglos robándose el arte de los países conquistados. El museo de Bagdad solo tiene una réplica de la estela de Hammurabi porque Francia se llevó el original y lo metió en el museo de Louvre de París. Tras las intensas luchas contra el colonialismo del siglo pasado, se limitó la venta de objetos históricos y se propuso estudiar el patrimonio de ca da país en el país. Se aprobaron tratados internacionales para prohibir el robo de artefactos.

Ahora el ACCP quiere eliminar estas protecciones. Su presidente William Perlasteis, ha atacado públicamente a los gobiernos del tercer mundo que prohíben la venta internacional de objetos arqueológicos (como, por ejemplo, el de México y el de Irak). El consejo ha pedido anular las leyes estadounidenses que rigen la importación de artefactos.

Al acercarse la guerra contra Irak, Pearlstein dijo que el nuevo gobierno iraquí debe permitir que una mayor parte del patrimonio nacional se venda en el mercado mundial.

El capitalismo ha creado un tráfico criminal y parasítico de $ mil millones al año de los tesoros de los pueblos del mundo. Ahora el clima político de Estados Unidos ha abierto a los traficantes más agresivos las puertas del gobierno. Sabían que el gobierno estadounidense iba a conquistar Irak y que estaría a cargo de su patrimonio histórico. Por eso, la reunión del ACCP en el Pentágono inquietó a muchos científicos.

Los objetos perdidos del Museo de Antigüedades de Bagdad provienen de muchas civilizaciones: los sumerios, los asirios, los caldeos, los babilonios, los acadios y los persas. Es mucho más que “daños colaterales” debidos al caos de la guerra. El imperialismo preparó el terreno para la destrucción y el saqueo del patrimonio histórico iraquí.

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