Franco, Hitler y Mussolini. Caricatura de la época

Lon Elliott (1911-1983) fue un librero inglés que, como tantos otros miles de comunistas de todo el
mundo, no dudó en arriesgar su vida en defensa de la República española. Entre sus hechos de armas en la Guerra Civil se cuenta su participación en las batallas del Jarama y Brunete. Tras el triunfo del fascismo en España, Elliott siguió siendo un activo militante por la democracia en nuestro país. Como miembro de la International Brigade Association, escribió diversos artículos y panfletos de denuncia del régimen terrorista de Franco, abogando por una acción conjunta de la comunidad internacional que permitiese acabar con él, ya que, como bien señala, “el terror en España no desaparecerá hasta que el fascismo no sea derrotado”.

En ¿Qué pasa con España? subraya el íntimo vínculo de clase, genético, cabría decir, entre el franquismo y el nacionalsocialismo alemán:

“Los grandes terratenientes españoles apoyaron al fascismo del mismo modo que los Thyssen y Krupp respaldaron a Hitler. Los latifundistas contaron con la eficaz colaboración de los cabecillas del Ejército, de la alta jerarquía de la Iglesia Católica y de muchos financieros e industriales”.

Elliot denuncia y desnuda, en su obra ¿Qué pasa con España?, escrita en 1946, la íntima vinculación entre nazismo y franquismo, dos cabezas de la misma bestia criminal, y cómo la España de Franco se convirtió en un refugio nazi tras la derrota de Hitler y los suyos por el Ejército Rojo y la clase trabajadora mundial. El capítulo diez, que compartimos a continuación, incluso lleva esa evidencia histórica como título:

X. Refugio nazi

Sólo los muy inocentes pueden creer que con el juicio y la liquidación de los Goering, Hess y Cía. hemos asistido al final del fascismo alemán. En realidad, los nazis no han abandonado toda esperanza de resurgir. Lo que no lograron con la blitzkrieg, lo quieren conseguir ahora por otros métodos. Y así han convertido a la España de Franco en el nuevo cuartel general de la Internacional Fascista.

Existen numerosas pruebas de que los dirigentes nazis, desde hace mucho tiempo, venían realizando minuciosos preparativos con el fin de proteger a los cuadros fascistas, así como de salvaguardar sus fortunas, planes que se llevarían a efecto en caso de una derrota militar. En ese sentido, la España de Franco es, precisamente, la base principal desde la que se están desarrollando dichos planes. Mucho antes de que Franco llegara al poder, los alemanes habían organizado una gran red de espionaje en ese país y habían logrado afianzarse sólidamente en la economía española. En los últimos años, todo ese proceso se ha acelerado enormemente con el apoyo activo del propio Franco.

El capital alemán ejerce actualmente un control férreo de la economía española. Pravda afirma que de 5.000 empresas registradas en España en 1944, la mitad estaban bajo control alemán directo o indirecto.

Los nazis están en España por todas partes, y no sólo nazis del tres al cuarto, sino también agentes especialmente adiestrados en la tarea de preservar el fascismo y allanar el camino a la Tercera Guerra Mundial.

En enero de 1944, después de una visita del vice Führer [Martin] Bormann, Franco promulgó un decreto que permitía otorgar la nacionalidad española a los extranjeros que hubiesen ayudado a su “movimiento”. Existen noticias de que, cuando se produjo el hundimiento alemán, Franco, deprisa y corriendo, otorgó la ciudadanía española a unos 30.000 alemanes, la mayoría de los cuales nunca había estado en España durante la guerra civil. Se cree que el número total de estos españoles ersatz1 ronda los 50.000, incluidos empresarios, políticos veteranos, saboteadores e, indudablemente, algunos científicos nazis, expertos en bombas atómicas, etc.

Hasta los nazis más conocidos que se encuentran en España, hombres cuyas actividades no dejan lugar a dudas, siguen viviendo lujosamente, ya sea en completa libertad o bajo arresto simulado. El New York Times informa de que de los 300 espías nazis identificados por los aliados y pendientes de extradición, unos 50 se mudaron a chalets en una zona de veraneo y a otros 25 se les dijo que “se recluyeran voluntariamente”.

Herr Lazar, quien como agregado de prensa alemán fue representante directo de Goebbels en España, no tiene intención, naturalmente, de abandonar este país durante un tiempo. De hecho, se está construyendo una piscina en su casa. Los exagregados militar, naval y aéreo alemanes no han sido detenidos. Herr Albrecht, representante del poderoso trust alemán AEG, se mueve con entera libertad y organiza a su antojo campañas de propaganda contra las Naciones Unidas. Los nazis “desempleados” reciben con regularidad subsidios de los fondos del Partido Nazi.

Franco nunca entregará a los nazis por voluntad propia. Hemos visto cómo ha protegido a colaboracionistas como Laval y Degrelle. Al cabo, se vio obligado a deshacerse de Laval, pero es relativamente fácil negar cualquier responsabilidad cuando se trata de nazis más o menos desconocidos.

Tampoco es fácil detectar el capital alemán en España. El pasado 28 de mayo el corresponsal del Times en Madrid escribía lo siguiente: “La impresión general en los círculos empresariales es que para cuando las propiedades enemigas en España se hayan investigado por completo, una parte considerable estará ya oculta”.

Algo que confirmaba un corresponsal de Reuter el 11 de septiembre. “El proceso de investigación de estos activos avanza lentamente –decía– y se ve, además, dificultado por los obstáculos y maniobras alemanes, y por la renuencia de las autoridades españolas”2.

“Las solicitudes de información que formulan las embajadas aliadas sobre empresas alemanas a menudo quedan sin respuesta durante meses, tiempo en el que, sin embargo, no cesa el proceso de ocultación del rastro alemán. Los aliados, hasta la fecha, no se han incautado prácticamente de ningún activo que pueda engrosar el fondo de reparaciones”.

“Los negocios alemanes se han convertido en empresas españolas dirigidas por directores españoles, en las que los cerebros alemanes ocupan puestos aparentemente irrelevantes, pero en realidad cardinales”.

Un ejemplo paradigmático lo constituye “Unicolor”, filial española de la corporación I.G. Farben. Ahora es una empresa española y, con arreglo a la legislación española, los aliados no pueden tocarla. No obstante, he aquí su consejo de administración: Esther Asselman, Ernst Von Steindorf, Dr. Walter Fischbach, Juan Santigosa, Ernst Fischer, Erich Fischer, Gustav Zabel, Josef Mayer-Speiss, José Planella, Salvador Mayolas, Juan S. Pitlier, Felix Koetgen, Tomás Casanovas y Juan Llorens.

Sin embargo, el auténtico cerebro en la sombra de esta empresa es Herr Ferdinand Birk-Crecelius3, que figura emboscado en un puesto administrativo carente de importancia. La conclusión que extrae el corresponsal de Reuter es la siguiente: “Las empresas permanecen, los alemanes permanecen, y siguen actuando con plena protección de la ley española y de las autoridades españolas”.

1 ‘de reemplazo’, en alemán. [N. de los t.]
2 La cursiva es del autor. [N. de los t.]
3 La cursiva es del autor. [N. de los t.]

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