«La novedad más importante con respecto al grupo de Carrillo en los últimos meses ha sido su completa legalización. Decimos completa pues hace ya mucho tiempo que el carrillismo gozaba en España de una legalidad más o menos abierta. Es importante, de todas formas, que tratemos de analizar los aspectos nuevos de la situación, para adecuar a ellos nuestra táctica.

Es evidente que con la legalidad el carrillismo podrá utilizar nuevos medios, que en el pasado podía utilizar de una forma más limitada y que la reacción está utilizando ya recursos importantes para apuntalar su situación, y que aparentemente nuestro Partido se ve desfavorecido. Pero esto no deja de ser una apariencia, un aspecto bastante superficial y secundario. Hay otros hechos, que hay que tomar en consideración, y que están relacionados con aspectos mucho más profundos de la situación
actual.

En primer lugar, nosotros podemos afirmar que la situación actual va a acentuar mucho más el carácter burgués del partido carrillista. El partido de Carrillo con su legalización ha pasado a ser un partido integrado totalmente en la política de la oligarquía.

El carrillismo está subordinado a la oligarquía, ya no solamente en el plano de la ideología y de la política general, sino que se subordina directamente al Gobierno y a las instituciones del Estado. La situación actual representa la culminación de la política reaccionaria del postfranquismo y a la vez de la política de «reconciliación nacional». Estos dos aspectos de la política de la oligarquía se encuentran hoy completamente fundidos. Carrillo hoy se ve obligado a eliminar todo rasgo de aparente oposición que de una manera demagógica podía mantener en vida de Franco. Consciente del peligro que ello supone, agita el espantajo de «Alianza Popular» para dar la impresión que se «opone» a algo y para ocultar lo esencial esto es, que apoya la política del gobierno, que apoya a la monarquía, que apoya a las instituciones del Estado actual.

En esta situación. Carrillo tiene que renunciar completamente a los símbolos y tradiciones revolucionarias de nuestro pueblo, tildando de nostálgicos y de «viejos» fuera de la realidad a aquellos que manifiestan apego y cariño por esos símbolos y tradiciones. Un reflejo importante de esto lo hemos tenido con la aceptación carrillista de la bandera fascista. Pero con ello se sitúa en el campo enemigo ante la conciencia de sectores muy amplios de nuestro pueblo.

Otro aspecto que hay que considerar es el siguiente: en la medida en que permanecerá legalizado el partido carrillista acentuará su carácter burocrático. Es posible prever su completa transformación en un aparato electorero de burócratas panzudos, cobardes y reaccionarios, radicalmente opuestos al movimiento de masas. Es posible prever su creciente vinculación a intereses capitalistas específicos y la creación por parte del carrillismo de intereses de tipo capitalista propios, vinculados a su aparato y a sus más encumbrados dirigentes.

Todas estas manifestaciones del carrillismo están relacionadas con aspectos muy profundos de la situación actual: se trata de tendencias que se desarrollarán en el futuro, productos necesarios del desarrollo de la lucha de clases en nuestro país en las condiciones actuales.

Aquí es importante apuntar que, paralelamente, al desarrollarse estas tendencias en el seno del carrillismo, unas tendencias de signo radicalmente opuesto van abriéndose paso dentro del movimiento de masas. El movimiento de masas en nuestro país va extendiéndose y radicalizándose con ritmos agigantados. Dentro de una situación clarísima de crisis económica y política sin precedentes en la historia reciente de España, millones de personas despiertan a la conciencia política, piden cambios radicales, pretenden intervenir directamente en la lucha por sus derechos e intereses. En todos los sectores del pueblo español asistimos a una tendencia a organizarse, a manifestarse, a un gran impulso de la lucha popular.

Nosotros podemos afirmar que las condiciones actuales, los aspectos más de fondo de la situación actual, están empujando al revisionismo y a las masas en dos direcciones radicalmente opuestas, están abriendo más y más el foso entre el revisionismo y las masas. Esta no es más que una manifestación del proceso de agudización de todas sus contradicciones que está viviendo la sociedad española.

Un correcto análisis, y la práctica, nos dicen que el revisionismo carrillista se hace cada vez más reaccionario al desarrollarse la lucha de clases, de la misma forma que se hace más reaccionaria la burguesía de la que forma parte. Por ello opinamos que no se trata hoy, en absoluto, de dar «buenos consejos» a Carrillo y los suyos para que modifiquen su línea de acción y cometan menos «errores» de lo que se trata es de tomar conciencia del hecho de que Carrilo, al formar parte de la reacción, elaborará, a medida que se desarrollen los acontecimientos políticos, de una manera ineluctable, una política cada vez más reaccionaria, cada vez más opuesta a los intereses del pueblo, y se hará intérprete de exigencias e intereses cada vez más extraños al sentir y a las necesidades de las masas». (Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

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