Obedeciendo a las órdenes de las agencias imperialistas y sirviendo a los grandes capitalistas colombianos fue aprobado el Plan Nacional de Desarrollo – PND, el cual no es más que la concreción de la Agenda Empresarial 2018-2022, el plan de gobierno trazado por las clases dominantes y el imperialismo para estos cuatro años; política denunciada por Revolución Obrera en febrero del año pasado.

Para asustar a la gente y dar la apariencia de un gran trabajo basado en el conocimiento de la sociedad colombiana, el PND está “sustentado” en un mamotreto de más de 1.100 páginas llenas de diagnósticos mentirosos, medias verdades y declaraciones demagógicas de buenas intenciones (ver bases PND). Es un plan que, contrario a la alharaca del gobierno sobre “el desarrollo, la equidad, la paz”, está diseñado para profundizar la dependencia semicolonial del imperialismo principalmente yanqui, seguir descargando sobre el pueblo trabajador las consecuencias de la crisis del capitalismo mundial y proseguir la guerra contra el pueblo.

En el terreno económico no es un plan que apunte a desarrollar las poderosas fuerzas productivas de la sociedad colombiana. Por el contrario, toda la política está orientada a ahondar la dependencia del país respecto al imperialismo principalmente yanqui, no solo porque aumenta los privilegios económicos de los monopolios en materia de regalías y dádivas, sino porque mantiene atado el país a la extracción minera y petrolera, a la vez que incrementa la utilización de las tierras despojadas a la producción agroexportadora de materias primas; con el agravante de que se agudiza la destrucción de la naturaleza no solo con la generalización del fracking, la extracción a cielo abierto, la destrucción de los páramos y fuentes hídricas para la extracción de oro, sino la esterilización de las mejores tierras (las arrebatadas a sangre a fuego al campesinado pobre) sometidas al monocultivo de palma africana y maíz para la producción de combustible. No habrá tal desarrollo, ni siquiera con el impulso a la llamada “economía naranja” y las nuevas tecnologías, por cuanto éstas siguen siendo monopolizadas por los imperialistas, quedando los llamados “emprendedores” como simples obreros o “prestadores de servicios” a los grandes monopolios.

En el terreno económico es además un plan para mantener las ganancias de los grandes burgueses nacionales y extranjeros a cuenta de aumentar la superexplotación de la clase obrera acabando con el contrato laboral, generalizando el trabajo por horas y liberando a los grandes capitalistas, no solo de las obligaciones con la seguridad social, las pensiones y los accidentes laborales, sino además reduciéndoles los impuestos directos mientras se los aumenta a la clase obrera y a los pequeños y medianos productores.

El Plan Nacional de Desarrollo es un plan antisocial, que lejos de suavizar las profundas desigualdades sociales y la inequidad, las profundiza, concentrando cada vez más la riqueza en el puñado de holgazanes que no trabaja, mientras generaliza la miseria en la inmensa mayoría trabajadora. No se trata solamente de las reformas que empeoran las condiciones de la contratación laboral, gravan con más impuestos a los pobres y los reducen a los ricos, sino también las reformas pensional, a la salud y la educación, servicios que les son entregados en definitiva a los grandes monopolios como jugosos negocios a cuenta de los paseos de la muerte, el robo de los salarios acumulados en los fondos pensionales y la producción de mano de obra calificada y obediente para moler en el infierno de la explotación. El Plan va más allá buscando que todos los pobres, incluso los desempleados, privados de los servicios esenciales, aporten una cuota para agrandar los bolsillos de los grandes capitales monopolistas.

Es un plan hambreador y miserable que traerá como consecuencia la agudización de la crisis social y con ella, la exacerbación de la lucha de clases y la rebeldía creciente de las masas expropiadas de todo. Pero tal antagonismo solo pondrá de presente en el pueblo trabajador la necesidad de pasar de la rebelión a la revolución para expropiar a los expropiadores, si los comunistas y revolucionarios cumplen bien su papel.

Las clases dominantes y el imperialismo saben que sus medidas ocasionarán nuevas revueltas y levantamientos y por eso el PND se propone también adecuar el aparato represivo a las nuevas condiciones de agudización de la lucha de clases. Las reformas políticas, como la reforma a la justicia anunciada, constituyen un conjunto de medidas reaccionarias que van desde criminalizar las actividades “informales” de la minería artesanal, la pequeña producción de hoja de coca, las ventas ambulantes… hasta ilegalizar toda forma de protesta, afinando los procedimientos represivos que también van desde la censura y la persecución a cualquier voz disidente, hasta la legalización del asesinato a manos de las fuerzas militares y policiacas que ahora podrán disparar alegando “legítima defensa” cuando los manifestantes los enfrenten con piedras. Todo este arsenal reaccionario es suavizado con la mentira de la «legalidad», la “paz social” y el bombón de trapo de la “ampliación de la democracia”, la “participación ciudadana”, el “Estatuto de la Oposición”, la “financiación de las campañas por el Estado”… para conseguir el apoyo de los partidos reformistas y dividir las fuerzas populares.

El Plan Nacional de Desarrollo es un plan reaccionario que debe ser enfrentado con la lucha revolucionaria del pueblo en las calles, con la minga, el bloqueo y el Paro Nacional Indefinido. El hecho de que lo hayan aprobado no lo convierte en ley sagrada si el pueblo se decide, como demuestran ahora los trabajadores en Francia que han obligado a recular al gobierno de Macron con la movilización permanente y el bloqueo de los “chalecos amarillos”.

La debilidad gobernante del títere Duque, ocasionada por las contradicciones en el seno de los enemigos del pueblo, mejora las condiciones para generalizar la protesta y la rebeldía popular en la batalla por el conjunto de las reivindicaciones del pueblo trabajador y enterrar el plan de los criminales que explotan y gobiernan el país. Por tanto, es necesario avanzar en la preparación y organización del Paro Nacional Indefinido, creando los Comités de Paro, realizando los Encuentros Regionales y Nacionales que definan la Plataforma de Lucha del Pueblo Colombiano a conquistar con la huelga, el bloqueo, la movilización y el combate en las calles, pasando por encima de la burocracia traidora de las centrales sindicales y desechando los consejos de los reformistas, bomberos de la lucha de clases y pregoneros de la paz de los sepulcros.

El pueblo colombiano no está solo en la lucha, la crisis económica del capitalismo mundial, obliga a los trabajadores de todos los países a oponer la más feroz resistencia a las medidas de sus enemigos comunes imperialistas, burgueses y terratenientes, que por siglos se han cebado con su sudor y su sangre y pretenden ahora continuar descargando sobre sus hombros las consecuencias de la crisis del decadente y moribundo sistema capitalista.

Quienes sostienen la sociedad con su trabajo están llamados a dirigirla y las condiciones generales son propicias en todo el mundo para transformar la resistencia y la rebelión en la revolución que destrone a las clases parásitas y entregue a la sociedad los bienes creados por ella, instaurando de la democracia directa del pueblo trabajador, la Dictadura del Proletariado.

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)
Mayo 27 de 2019

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