Días calurosos.

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Y ya se sabe que el calor provoca diarrea, dolor de cabeza, taquicardia, temblores, mareos, dificulta el sueño… Síntomas todos ellos que tiene alguna gente estos días. Desde quienes piensan que es en Siria donde se está jugando el futuro del mundo hasta quienes siguen pensando que Oriente Próximo tiene algo que decir en el mundo, o que las elecciones de EEUU son importantes, o que la UE sirve para algo, o que…

Pues no. El mundo está en manos del coronavirus, literalmente. Por varias razones: la primera, porque China está logrando lo que dijo que iba a hacer, controlar la enfermedad en tres meses y lo está haciendo gracias al sistema público de salud; la segunda, porque la economía se va a la mierda y Occidente será el que más va a sentir los efectos económicos del coronavirus (mientras que China se irá recuperando poco a poco). Pero ya hablaré de ello otro día porque este sí es lo prioritario. Lo otro no. Por mucho ruido que haya.

Ruido de bombas, pero ruido. Siria está estos días en ebullición. Siria no, una provincia, Idlib. Aquí se viene desarrollando desde hace tres meses una ofensiva del gobierno sirio que está arrinconando a la «contra» siria, amparada, armada sostenida y financiada por Occidente, los sátrapas árabes y, sobre todo, por Turquía. Y Turquía ha acudido en ayuda de la «contra» y todo el mundo se ha puesto a temblar. Y se habla de que si partición del norte, que si la OTAN, que…

Decía Groucho Marx que la televisión es muy educativa, solo hay que apagarla y leer un libro. Hacedlo, por higiene mental. Evitad los medios de propaganda de la burguesía porque otros, haberlos haylos. Y dormiréis mejor. Y no tendréis temblores, ni taquicardias…

Porque si alguien no tiembra en Siria es el ejército sirio, que está manteniendo la ofensiva y resistiendo los ataques con una valentía admirable. Y si Rusia ha estado dudando un par de días, ahora no lo hace porque la deteminación de Damasco es fuerte: recuperar el control de zonas y vías vitales para relanzar económicamente el país. Y Rusia , que hasta ahora era quien decidía, esta vez ha tenido que plegarse a Damasco. Y amenazar a Turquía.

Erdogan es un bocazas, pero hasta los bocazas saben cuándo tienen que tener la boca cerrada. Habla con EEUU para que le suministren misiles, llora a la OTAN, amenaza a la UE… pero todo eso no es más que una inmensa cortina de humo para salvar la cara ante lo inevitable: el 5 de marzo se verá con Putin y tendrá que transigir, una vez más.

A lo que estamos asistiendo es, muertos aparte, a un intento de mejorar las condiciones de la negociación inevitable. Y Turquía pierde, sin duda. La recuperación de una o dos ciudades por la «contra», que vuelve a perder al día siguiente, es un escenario previsto y nada de eso cambia la escena.

Erdogan está intentando encontrar una «causa nacional» que aglutine al país detrás de su política, porque la política exterior hace aguas no solo en Siria sino en Libia, la lira turca está por los suelos y la oposición secular le siega la hierba bajo los pies. Eso es lo que está haciendo en Siria y utilizando una picadora de carne para sus yihadistas, que están muriendo a centenares. Es, tal vez, el último intento y sus fuerzas van a quedar muy mermadas.

Además de eso hay otras cuestiones: un ataque turco mató a varios militantes de Hizbulá y de otras organizaciones aliadas de Damasco, además de soldados sirios. El Centro Consultivo Iraní, es decir, la fuerza que coordina a los aliados de Damasco fue el primero en responder diciendo que si hasta ahora ellos estaban calladitos, a partir de ahora se van a involucrar en las operaciones militares para despejar todas las autopistas internacionales «en apoyo del ejércirto sirio». Dicho y hecho. Hoy mismo su aporte ha sido fundamental para recuperar una ciudad perdida el jueves, Saraqib, el eje de las dos grandes autopistas sirias. Pero hay más, mucho más, el CCI ha dicho también públicamente, y se lo ha hecho llegar a través de un mediador a los turcos, que «los puntos asediados tras el despliegue de las fuerzas del ejército sirio y sus aliados no han sido molestados debido a una decisión del liderazgo, hasta ahora, pero es una situación que si hoy está vigente puede que mañana no». Es una advertencia clara de lo que pasará si Turquía sigue metiendo la pata, además de la mano, en Idlib. Son 11 los puntos turcos que han ssido sobrepasados por la ofensiva siria, de los que 3 han sido evacuados y ocho se mantienen con un total de entre 800 y 1.200 soldados en su interior. Es decir, un significativo número de rehenes si es necesario. Respuesta de Turquía: «la comunicación turco-iraní continúa y está tratando de evitar enfrentamientos directos». Traducido, Turquía recula.

El gobierno sirio recuperará Idlib, sin duda, pero aún queda un tiempo para ello. En la reunión que mantengan Putin y Erdogan el 5 de marzo, con posibilidad de que se extienda al 6, Turquía utilizará Idlib para volver a darle un bofetón a los kurdos. No sería sorprendente que pidiese, por ejemplo, lo que no se le concedió en el acuerdo anterior; el control de Kobani. Y no sería tampoco sorprendente que ofrezca una medida similar a la utilizada para rebajar el control kurdo: las patrullas conjuntas ruso-turcas por las principales carreteras de Idlib. Que se acepten o no es otra cosa, pero no me equivocaré mucho.

Así que tranquilidad. Viviremos días calurosos de aquí al 5 de marzo en lo que respecta a Siria, pero nada más. Y el calor ya se sabe que no favorece la aparición ni la progresión de ciertos virus, pero el COVID-19 sigue teniendo al mundo patas arriba y este sí que es el virus que hay que temer. China lo entendió desde el principio. Nosotros, por el contrario, a lo nuestro. Y lo pagaremos. Sobre todo aquellos países que han desmantelado la sanidad pública (y ahora en Italia hay más de un lamento sobre ello).

Por cierto, una nota curiosa sobre Italia. Supongo que sabréis que hace poco hubo elecciones en Irán y que votó algo más del 42%. Eso lo utilizó Occidente para hablar de la «escasa representatividad», del «rechazo al régimen de los ayatolas», bla, bla, bla. Pues ayer hubo elecciones suplementarias a la Cámara de Diputados (Congreso) en un distrito de Lazio y en cuatro de Roma. Fue a votar el 17’66% de los censados. Supongo que no lo sabéis y supongo que no habeis visto nada parecido a «escasa representatividad» de los electos italianos, de «rechazo al régimen de los demócratas» y bla, bla, bla. Lo único destacable es que la extrema izquierda, Potere al Popolo, dobló sus votos, del 1’4% al 2’4%.

El Lince

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