Las y los comunistas no nadamos en río revuelto: Partido y Sindicatos, cada cual en su sitio

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Jose Barril.— En estos tiempos de cibermilitancia obligatoria debido a una pandemia que está dejando al desnudo la inmoralidad, incapacidad y senilidad de un capitalismo en descomposición, oportunistas y reformistas de todo cuño “hacen su agosto” en primavera al calor del tiempo que les otorga un confinamiento a buen seguro con el estómago lleno. Hemos de reconocer que en este terreno nos llevan cierta ventaja quienes, sin necesidad de emergencias sanitarias, hacen del ordenador, el teclado y la conexión de alta velocidad sus únicas herramientas “de lucha”. En cambio, en condiciones normales las y los militantes de las organizaciones revolucionarias y, en especial, la militancia comunista, debemos compatibilizar esas tareas con el apoyo a un piquete a las 6 de la mañana, el reparto de propaganda a la puerta de una fábrica o empresa de transporte en el turno de noche, la concentración en apoyo a la Venezuela Bolivariana o el trabajo en los sindicatos reformistas combatiendo a la patronal y a la burocracia interna.

En este contexto derivado de la crisis sanitaria algunas de las organizaciones oportunistas que, cumpliendo con su misión de confundir a la clase trabajadora, se hace llamar y utiliza los símbolos propios del movimiento comunista, se apresuran a elaborar asesorías sindicales para resolver dudas de la problemática laboral vinculada al Covid-19 o a redactar determinadas informaciones sobre la legislación vigente y la orientación sindical necesaria.

Además del oportunismo más miserable intentando obtener algún rédito de la crisis de salud pública que padecemos, estas organizaciones demuestran la ignorancia más absoluta de conceptos bien establecidos hace más de un siglo por la ciencia marxista y el criterio de la práctica. Precisamente uno de los principales puntos de ruptura de la socialdemocracia a comienzos del pasado siglo XX fue la delimitación de la lucha económica tradeunionista, función esencial de los Sindicatos en la lucha por la mejora de las condiciones laborales, con respecto a la lucha política que abarca todas las contradicciones y clases oprimidas por el sistema capitalista con el objetivo del derrocamiento de la burguesía y la toma del poder por la clase obrera, tarea inmensa que sólo puede acometer la organización revolucionaria.

Un V.I. Lenin todavía dentro de aquella socialdemocracia redactó su célebre obra “¿Qué Hacer?” para combatir las crecientes tendencias oportunistas dentro del movimiento. Ante los intentos reformistas de limitar la lucha política contra el zarismo a la mera lucha económica sólo cabía una respuesta contundente: “La socialdemocracia dirige la lucha de la clase obrera no sólo para conseguir ventajosas condiciones de venta de la fuerza de trabajo, sino para destruir el régimen social que obliga a los desposeídos a venderse a los ricos”. La necesidad de deslindar Partido y Sindicato ha quedado contrastada y validada en numerosas ocasiones a lo largo de la Historia. Algo que nunca comprendió el anarcosindicalismo pero que constituye un principio fundamental de un partido comunista.

Lejos de despreciar la imprescindible tarea sindical y la conquista de mejoras parciales en las condiciones de vida y trabajo de nuestra clase, el propio Lenin llamó a la activa intervención de la militancia en los sindicatos, incluso en los reaccionarios, llevando a cabo en ellos “…, cueste lo que cueste, una labor comunista”1. Y a eso, precisamente, continuamos llamando las y los comunistas del PCPE a todos y todas las trabajadoras, a todas y todos sus militantes. Realizar una labor comunista en los sindicatos, muy lejos de confundir el Sindicato con el Partido, aún más lejos de instrumentalizar el Sindicato para el Partido o viceversa, consiste en ganar hegemonía y referencialidad entre las plantillas por nuestro trabajo honesto, incansable, combativo, incorruptible en la defensa y mejora de condiciones laborales y salariales, por supuesto, pero también, partiendo de la lucha económica, llevar el conflicto al mayor nivel de contradicción y confrontación política contra el sistema de explotación.

En estos momentos, si algún/a trabajador/a nos hace una consulta laboral en relación al Covid-19 y cómo el virus patronal lo ha utilizado para despedirle individualmente, colectivamente en un ERE, suspenderle el contrato en un ERTE difícilmente justificable con la “causa de fuerza mayor”, obligarle a consumir sus vacaciones confinado en su casa,…, por supuesto, le ayudaremos a resolver sus dudas bien directamente o dirigiéndole a algún/a sindicalista coherente con los intereses de clase, que en muchas ocasiones será un/a camarada. Es más, al contrario que el oportunismo, aprovechemos esta coyuntura para intensificar nuestro llamado a la afiliación sindical activa de unos y unas trabajadoras que probablemente sean ahora más receptivos/as a este mensaje.

En estos momentos, los dos sindicatos que asumen el papel de “agentes sociales” en nuestro país se congratulan de que el Gobierno haya decretado el permiso retribuido para el trabajo no esencial (lo cual no excluye que continúe la escalada de ERTEs y despidos). Tenemos camaradas militando en esos sindicatos, sin embargo, como Partido que jamás suplantará ni se dejará suplantar por ningún sindicato, debe denunciar que cuando la patronal reclame la devolución de los días cobrados pero no trabajados, la clase obrera le exija la devolución de los 2000 millones de horas anuales trabajadas pero no cotizadas a la Seguridad Social y las 150 millones de horas extra que cada año se trabajan pero ni siquiera se cobran; el Partido debe denunciar con toda la fuerza que sea capaz el mantenimiento de los exorbitantes gastos militares y del compromiso con la OTAN para su sustancial incremento antes de 2024; el Partido debe denunciar los criminales bloqueos, más aún en la actual crisis sanitaria mundial, a que el imperialismo somete a los pueblos que simplemente defienden su soberanía como Cuba, Venezuela, Corea, Irán,… o los exilios y confinamientos a que la entidad sionista de Israel somete al pueblo palestino, especialmente en la Franja de Gaza, o Marruecos al pueblo saharaui. ¡Y el PCPE lo está haciendo!

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