JCE (m-l): La importancia de la teoría

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Álvaro Heredia.— Incidimos, constantemente y con acierto, en la necesidad de poner en práctica las estrategias y argumentos teóricos que adquirimos. Un pensamiento clarividente y revolucionario, que queda reducido a la palabra para regocijo intelectual, equivale a segar un campo entero de trigo para después desechar el grano.

Ahora bien, si aspiramos a cosechar, deberemos haber sembrado. En otras palabras, se antoja cuestionable exigir una aplicación pragmática del marxismo-leninismo si no cuidamos concienzudamente su estudio teórico. Así, cuando un militante de la JCE (m-l) comete un error de apreciación, este suele ir ligado a una carencia teórica; cuando otro militante evidencia una desviación izquierdista, casi con seguridad esta emana de un análisis poco sesudo y asentado en la impresión, no en la reflexión.

Todos los militantes de la JCE (m-l), todos los marxistas-leninistas nos encontramos en continua formación teórica —y también práctica—. Gracias a ello, los errores de apreciación antes mencionados no resultan importantes, ya que los camaradas cuentan con las herramientas teóricas suficientes para advertirlos, explicarlos y corregirlos.

Sin embargo, ¿qué sucedería si en una célula de, digamos, cinco militantes que desatienden la formación teórica, uno plantea cierto análisis de carácter liberal, otro camarada lo secunda y un tercero lo avala? La célula en cuestión asentaría su obrar político-práctico en un pilar corrompido por el liberalismo.

Necesitamos de todos los militantes de la JCE (m-l) un estudio de la teoría responsable y constante. Cuando abordamos un texto marxista-leninista, no solo enriquecemos al Partido y la Juventud, sino a las masas populares que directa o indirectamente lo exigen. Cada página que leemos constituye un paso más hacia el socialismo, aunque sea pequeño. No se trata de atracones teóricos, sino de un estudio tenaz e incesante.

Cuando desestimamos esta labor, condenamos al Partido, la Juventud y la clase trabajadora a avanzar sin nuestra contribución, lo cual implica un recrudecimiento de las condiciones objetivas, un palo que se introduce en la rueda de la historia para que no avance. Cuando descuidamos el estudio teórico, las estructuras que rigen la infraestructura y superestructura capitalistas influyen con mayor eficacia en nuestra percepción de la realidad. La prensa burguesa nos insta a adoptar pensamientos liberales, en lugar de revolucionarios; el autor posmoderno nos convence del provecho de la fragmentación de la lucha, no de la unidad de los trabajadores.

Un estudio teórico perseverante y firme nos protege adecuadamente de los gritos de guerra del sistema capitalista. Descuidarlo implica una actitud marcadamente contrarrevolucionaria. Si no sembramos, de poco nos servirá la mejor de las hoces, si no lo agarramos bien, se nos escurrirá el más versátil de los martillos.

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