Entre el compromiso directo y el marginal

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Los movimientos en Venezuela en favor de la estabilidad y la emancipación son conocidos, pero en otros países de América Latina están ocurriendo algunas cosas interesantes, sobre todo en dos: México y Argentina.

En México, el gobierno de López Obrador ha dado a conocer un documento interno del llamado Bloque Opositor Amplio que revela cómo los oligargas y los partidos políticos que se han repartido el pastel durante decenios han formado una alianza para derrocar al gobierno con la ayuda de EEUU y de Wall Street. Aunque López Obrador está muy lejos con sus acciones de cumplir con su promesa de «poner fin a la noche oscura del neoliberalismo en México», sí ha dado unos tímidos pasos para luchar contra la pobreza y la corrupción y eso le ha grangeado la animadversión de los de siempre, de las élites oligárquicas (y no solo).

Con ser esto importante, también ha dado dos o tres pasos en política exterior que le han enfrentado a EEUU, desde el asilo y refugio a Evo Morales tras el golpe militar a la reciente decisión de vender gasolina a Venezuela. Lo de Evo es más emblemático que otra cosa, pero lo de Venezuela es «casus belli», y así lo ha entendido EEUU que el jueves pasado dijo que sancionaría a las compañias y directivos que se atreviesen a vender algo a Venezuela.

Pero lo importante no es eso, sino que la amenaza mafiosa de Trump se produjo inmediatamente después de que el gobierno mexicano hiciese público el documento del llamado Bloque Opositor Amplio. La denuncia fue el 9, la reacción estadounidense el 18. En política no hay casualidades, tenedlo en cuenta, sobre todo porque una de las cosas que se leen en ese documento interno es esta:

No es nuevo, pero sí merece la pena reseñar que esta gente siempre insiste en lo mismo: el discurso a través de los medios de propaganda.

Y si los medios de propaganda de la burguesía son beligerantes con México (y con todo el mundo que se mueve un poquito) no os quiero contar cómo están con lo que está pasando, también, en Argentina, aunque por otras razones.

En un sorprendente anuncio, el gobierno de Alberto Fernández dijo el 9 de junio (coincidiendo con la revelación por el gobierno mexicano de la estrategia desestabilizadora en México) que iba a nacionalizar una de las principales empresas comercializadoras de soja del país.

Alberto Fernández no se parece en nada a López Obrador. Llegó a la presidencia a bordo de una coalición construida alrededor del objetivo principal de derribar a Macri por lo que no se pueden esperar medidas radicales de su gobierno dado que en su inmensa mayoría sus componentes, y cuadros intermedios, son partidarios de la política monetarista neoliberal. Por eso me parece relevante este anuncio. Si se tiene en cuenta lo que está haciendo el gobierno argentino con la renegociación de la deuda, el temor a lo que hagan los acreedores, y demás, es una sorpresa, desde luego.

Por unos instantes casi tuve la tentación de pensar en una vuelta a la política de los últimos años de Kirchner, aunque eso es imposible hoy por hoy. Kirchner nacionalizó durante las diferentes fases de su mandato empresas de todo tipo (ferrocarril, naval, petróleo, carreteras, aeropuertos, etc) y lo que acaba de hacer el gobierno se enmarca ahí, en ese terreno.

Es un giro brusco y notable a sus propuestas y acciones anteriores porque esta empresa es la principal en cuanto a exportación de granos, tanto soja como trigo. Lo de la soja es importante dado que Argentina se está consolidando como el tercer gran exportador de soja a China, después de Brasil y de EEUU. Pero con el enfrentamiento entre EEUU y China, con China cada vez comprando menos soja a EEUU, Argentina tiene todas las de ganar. De ahí la importancia y el relieve de la nacionalización de esta empresa.

Aunque solo es la nacionalización de una empresa fundamental para el comercio exterior argentino en estos momentos, es una iniciativa muy importante porque no solo va a regular mucho mejor el mercado de divisas sino que va a influir, si se quiere parcialmente, en los precios de los alimentos básicos a nivel interno. Es decir, se ajusta un poquito la especulación, y más en tiempos de pandemia.

Tal vez alguien de allá me pueda complementar o rebatir esta apreciación, pero desde fuera se ve como un retomar los viejos caminos del peronismo si es que es un inicio de algo más y no se queda ahí.

En unos momentos en que la pandemia está volviendo a hacer relevante al Estado, es decir, está dando protagonismo al actor público sobre el privado, hay que reseñarlo para que el capitalismo no explote el intervencionismo estatal para proteger sus ganancias como hace siempre y luego solicitar rápidamente la privatización otra vez. Esa es la diferencia entre el compromiso directo del Estado con su población y con lo público y que no se quede solo en un compromiso marginal y puntual.

Estas acciones son importantes para devolver la gestión de las industrias estratégicas al Estado, restando de ellas la lógica de la ganancia de los capitalistas y poniéndolas al servicio de la mejora de las condiciones de vida de la gran mayoría de la población.

El Lince

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