sábado, septiembre 26, 2020
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Las y los temporeros en Lleida: el capital sin ninguna piedad con la clase obrera más desprotegida

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El pasado 17 de mayo las y los trabajadores temporeros del campo y la Plataforma Fruita amb Justicia Social denunciaban la grave situación que están sufriendo año tras año los trabajadores y trabajadoras del campo.

Hay que denunciar la situación en que los hacen vivir algunos propietarios de las explotaciones agrícolas donde estos trabajadores, desde hace años se dedican a la recolección de la fruta. Algunos de sus empleadores, como cada año, los hacen vivir en unas muy malas condiciones de vivienda. Este año todavía está siendo peor ante la pandemia del coronavirus, muchos albergues municipales han cerrado y esto hace que literalmente algunos de ellos duerman en la calle, sin ninguna medida higiénica, prácticamente sin acceso al agua.

Una vez más se ve que por algunos empresarios únicamente les interesa, su tasa de ganancia, sin preocuparse de ofrecer una vida digna a sus empleados. Empleados que sí que hacen su trabajo y que hacen posible que sus empleadores obtengan un beneficio, que los trabajadores prácticamente no reciben de ninguna de las maneras.

También las administraciones tienen obligaciones con estos trabajadores, que vienen a desarrollar un trabajo y que desde hace años los diferentes ayuntamientos intentan desentenderse de cualquier obligación.

Es vergonzosa la situación en que tienen a estos trabajadores/as. Los ayuntamientos tienen la obligación de empadronar a todas las personas, que en un momento concreto viven en el municipio y por tanto a estas trabajadoras/es deben garantizárseles sus derechos.

Este año con la pandemia del coronavirus, se ha hecho más evidente esta vulneración, pero no es nueva, ya hace años que padecen esta  sobre-explotación para aumentar los beneficios de sus patrones.

Nada de nuevo en las sociedades capitalistas como la nuestra, donde obtener el máximo beneficio es la divisa principal y el resto de las cosas quedan en segundo plano, es decir que si es necesario les negarán un alojamiento digno, así como disponer de una alimentación adecuada, sin poder tener una higiene para ir a trabajar en las mejores condiciones. En el capitalismo, únicamente hay una cosa imprescindible, la tasa de beneficio a expensas de la explotación de los trabajadores. Ni tan solo este año con el coronavirus se ha visto la necesidad de mejorar esta situación, seguramente no era cuestión de que bajaran los beneficios de los patrones, principal objetivo del capitalismo.

Pero no solo hay que denunciar la sobre-explotación y las duras condiciones que padecen. El pasado 17 de mayo, en la Plaza de la Paeria, en la concentración y rueda de prensa para dar a conocer la situación de estos trabajadores y trabajadoras, apareció la Guardia Urbana de Lleida, una pieza más de la represión en contra de cualquier organización, colectivo, entidad, etc, que cuestione su “paz social”. El hecho de pedir la identificación a las personas que estaban en aquella rueda de prensa, únicamente tenía la voluntad de intimidación en unas personas en una situación social de gran fragilidad y por tanto más vulnerables que la mayoría de la clase obrera.

Una Guardia Urbana de Lleida que desde el PCPC, conocemos bien su carácter represivo y ánimo persecutorio. Diferentes sanciones económicas por repartir propaganda por la ciudad, en los años 2016 y 2018 hasta no dejar que pudiéramos repartir unas hojas de propaganda, durante los días de la campaña electoral en el parlamento europeo, en la Plaza de San Juan, unos años atrás.

Es necesario señalar la importancia que tanto antes como posterior a la pandemia, que la clase trabajadora tenemos que organizarnos y no dejarnos intimidar por un sistema que para mantener sus beneficios, después del coronavirus, no tendrá ningún escrúpulo al llevar a la clase obrera en la época más oscura de la explotación, en un mundo sin derechos de ningún tipo.

Sin luchar, todos los derechos conquistados los perderemos si no avanzamos en el combate contra el capitalismo, para conseguir un mundo donde el pueblo trabajador seamos propietarios de todo el que producimos, es decir, la sociedad socialista. Estos días de pandemia ha quedado muy claro, que es la clase obrera la que produce toda la riqueza, sin los trabajadores no se produce absolutamente nada.

Solo el pueblo organizado salva en el pueblo. La crisis capitalista que la paguen los ricos y no la clase obrera.

PCPC de Lleida

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