Entre la cruz y la espada, la Biblia y la inquisición

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Luis Alberto Echazú A.— El golpe cívico-policiaco-militar de noviembre de 2019 en Bolivia, presenta características inéditas de un retorno al oscurantismo medieval, combinado con racismo colonial y fascismo.

La asonada hizo su ingreso triunfal al palacio quemado enarbolando la Biblia y la cruz, precedidas del terror de bandas de mercenarios protegidos y estimulados por una policía amotinada y un ejército presentando una sediciosa invitación al primer mandatario, que era su capitán general y al cuál le debían respeto y subordinación.

Paramilitares y lumpen mercenarios emulando a los cruzados medievales incendiaron viviendas de ministros y parlamentarios aterrorizando a sus familiares y amigos.

Para aplacar y acallar todo intento de resistencia y rebelión populares, fuerzas militares masacraron a pobladores en Sacaba-Huayllani, Yapacani y Senkata. Decenas de asesinados, centenares de heridos y torturados y miles de detenidos son el resultado macabro de la intervención de las SS nativas, con jefes sobornados por los emisarios del tío Sam, que completaron su insubordinación e inicua traición posesionando a una senadora, digitada desde el norte en un aquelarre en la Universidad Católica, presidido por la CIA, el embajador de Bolsonaro y amanuenses bolivianos como Waldo Albarracín y Ricardo Paz.

Posesionadas nuevas autoridades del poder judicial, a gusto y medida del gobierno, comenzó el despliegue de la inquisición persiguiendo a “infieles”, “ladrones”, “herejes” e “idólatras” y a sus símbolos, la Wiphala y la Pachamama.

Los “infieles” indígenas aymaras y quechuas, son acusados de subversión y terrorismo con pruebas como las de portar armas de guerra (alimentos), municiones y explosivos (medicinas e implementos de bioseguridad), como peligrosos emisarios de satanás, (artesanos, comerciantes o albañiles y electricistas que salen y transitan en las calles para poder conseguir el sustento del dia) y portadores y transmisores de la peste (coronavirus).
Todo el aparato de la inquisición al servicio de la fe y la (in)justicia colonial y fascista. El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición (Ministerio de Justicia), los promotores inquisitoriales (los fiscales) y los inquisidores (jueces), encarcelan, juzgan y sentencian con pruebas fabricadas y testigos “clave”, que aparecen súbitamente con testimonios y grabaciones de videos y conversaciones telefónicas “irrefutables”. Para estos discípulos de Torquemada no hay consideración para embarazadas, enfermos o de la tercera edad, todos a la cárcel por infieles, terroristas y sediciosos.

Amedrentan a abogados defensores, que pasan de inmediato a la condición de sospechosos y cómplices. El Pueblo librado a la arbitrariedad, el abuso y la violencia judicial medieval y fascista

Como se trata de un tribunal para juzgar a “gente sin fe” (militantes, simpatizantes, familiares y ex autoridades del gobierno del MAS), toda la maquinaria judicial, mediática y policial no rige para la “gente de fe” (autoridades en funciones y ex autoridades del gobierno golpista comprometidos en flagrantes actos de corrupción, uso indebido de bienes del estado, nepotismo), por ello si pesa sobre ellos algún “desliz” (más de 40 casos de corrupción de altas autoridades) quedan en el olvido o en el peor de los casos pueden defenderse en libertad, sin fianza alguna o desde el exterior, para ser sobreseídos después de una corta y veloz declaración. Gozan además de la protección y cobijo de la Santa Sede (territorio de los Estados Unidos) y de su concilio ecuménico (la OEA).

Todo el proceso inquisitorial busca no solo encarcelar a los “infieles”, “terroristas” y “subversivos” sino desprestigiar su imagen personal y familiar, más que eso su orientación y filiación política, castigar y desprestigiar su paso por el gobierno, sus obras y hasta su pensamiento, su organización política y finalmente hacer desaparecer su vigencia y presencia electoral.

Los gobernantes de este novísimo sistema colonial, teocrático y fascista no se contentan con un poder transitorio, aspiran y trabajan para un poder indefinido, para imponer a sangre y fuego una dominación política, ideológica y espiritual excluyente, convencidos de tener un respaldo divino.

La inquisición medieval fue prohibida en 1812, después de más de tres siglos de prácticas criminales que asesinaron a sabios y científicos no solo en España, también en Alemania, Francia e Italia acusándolos de “brujería”, “idolatría” y “herejía” y en defensa de la fe y el dogma cristiano, hoy en Bolivia y después de más de doscientos años tenemos un gobierno que junto a sus seguidores se autocalifica como “gente de fe” que persigue, juzga y encarcela a la “gente sin fe”.

Un gobierno de estas características y a pesar de su breve y nefasta gestión no se ha conocido en toda la historia de Bolivia.

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