jueves, septiembre 24, 2020
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Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases

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En el Palacio de la Moncloa, el 11 de mayo de 2020 se firmaron unos acuerdos entre gobierno patronal, CC.OO. y UGT, que bajo el título de acuerdo por el empleo pueden ser estos considerados una parte esencial del Pacto Social. Con este penúltimo acuerdo, la burguesía trata de garantizar una paz social que le posibilite poner en movimiento toda una serie de medidas con las que pretende recuperar su maltrecha tasa de ganancia.

Acuerdos o Pactos Sociales que unos tras otros han ido configurando el actual   estado de la dictadura del capital, en el que la clase obrera está siendo castigada con criminal violencia

1º. El acuerdo social como sujeto de opresión de la clase obrera.

Por «Acuerdo social» ha de entenderse aquel pacto interclasista que pretende sustituir/anular la lucha de clases por una negociación política dentro del marco de las instituciones burguesas, dejando fuera aquellos mecanismos y herramientas que la clase oprimida, la clase obrera, tiene a su alcance para combatir eficazmente la posición dominante de la burguesía dentro de las relaciones de producción.

Como es lógico, estos acuerdos o pactos sociales, salvo algunas pequeñas mejoras en las condiciones de vida de la clase obrera -mejoras que, dicho sea de paso, son meramente temporales, pues pueden ser modificadas o simplemente anuladas, según convenga a la clase dominante- desarticulan cualquier intento de movilización por parte de la clase obrera y obstaculizan la propia organización independiente de esta clase.

En estos «pactos sociales», se aprecia cómo se amplía el rol del Estado para que las relaciones de producción capitalista se reproduzcan, garantizando esta reproducción mediante un sistema de alianzas que hacen posible la permanencia de la burguesía en el poder.

Dado que la naturaleza del «acuerdo social» es permitir la continuidad de las relaciones de producción capitalista y su adecuada reproducción – sin entrar en ningún momento a cuestionar la contradicción principal de capital-trabajo-  en las mejores condiciones posibles para la burguesía, no cabe duda de que tales «acuerdos sociales» suponen una herramienta más de opresión de la burguesía sobre  la clase obrera, manteniéndola en una situación pasiva mediante el engaño ideológico de la «paz social».

2º.- Consecuencias históricas del acuerdo social.

En 1977, los Pactos de la Moncloa vienen a sumarse al despliegue de medidas que tomó la burguesía española al objeto de afianzar el tránsito de un estado fascista-militar dictatorial a un estado democrático burgués (uno u otro son expresión de la dictadura del Capital) en las mejores condiciones posibles a fin de garantizar su continuidad como clase dominante.

Tras la Ley para la Reforma Política (Ley 1/1977 de 4 de enero), donde se crean las condiciones jurídicas necesarias para el proyecto de la burguesía estatal de dar continuidad a su dictadura, con formas parlamentarias  y tras las elecciones de ese mismo año que habían permitido el acceso a las recién creadas instituciones parlamentarias a la socialdemocracia, representada esta por PSOE y  los revisionistas del PCE, nace la idea de que «todos debían unirse para sacar a España de aquella coyuntura» . La situación en el estado español era grave, con una inflación que amenazaba con llegar al 30%, con un paro alarmante y una movilización de la clase obrera y de los sectores populares (incluso de lucha armada) sin precedentes desde la Guerra Revolucionaria. De ese modo, los Pactos de la Moncloa, firmados el 25 y 27 de octubre de 1977, entre el Gobierno, los partidos políticos con representación parlamentaria, con el apoyo de las organizaciones patronales y de los sindicatos existentes, a excepción de CNT, vinieron a suponer la culminación del proyecto de la burguesía estatal que le permitiría continuar con su dominación/dictadura de clase bajo las nuevas formas de dictadura democrático-burguesa.

Consecuencias de estos Pactos:

Se neutralizaron las movilizaciones de las masas trabajadoras hacia formas de actuación estrictamente institucionales, con la consecuente pérdida de autonomía e independencia de la clase obrera en la defensa de sus intereses.

En el movimiento obrero, sus herramientas de lucha son paulatinamente desarticuladas por considerarlas ya no necesarias, se insiste en que es a través del acuerdo/pacto social como se puede conseguir las reivindicadas mejoras laborales y políticas -cosa que no es cierta, pues ahora mismo, la clase obrera no está luchando, en su mayor parte, por nuevas mejoras, sino defendiendo el no perder derechos que ya tenía- , con esta desarticulación se provoca un retroceso en la correlación de fuerzas entre clases antagónicas, facilitando las mejores condiciones a la dictadura del capital.

Es en esta situación histórica de agudización de la crisis general en la que la burguesía facilita el acceso a sus instituciones políticas a la socialdemocracia y/o oportunistas enmascarados como comunistas, con la intención de amortiguar la presión que el movimiento obrero comienza a desarrollar y así prolongar el pacto social.

3º.- Posición del Partido Comunista ante el pacto social.

La consigna «Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases»,  define bastante bien cuál ha de ser la posición del Partido Comunista ante el pacto social. Pacto interclasista donde la clase dominante, la burguesía, se lleva la parte del león, impone sus premisas ideológicas, económicas y políticas y condena a la clase obrera a la pérdida de su independencia como clase y al sometimiento de las masas trabajadoras a las condiciones más severas de opresión, explotación y miseria.

La clase obrera no puede seguir a remolque de quienes son sus enemigos de clase, por mucho que disfracen sus posiciones de clase con declaraciones   altisonantes que, en la mayoría de las ocasiones, nada mejoran las condiciones laborales y políticas del pueblo trabajador. La clase obrera no puede seguir bajo pabellón ajeno.

Por tanto, la organización más avanzada, ideológica y organizativamente, de la clase obrera que es su Partido Comunista, ha de ofrecer un posicionamiento político que rompa con la continuidad en el statu quo de la situación actual, donde la toma del poder por parte de la clase obrera se sitúe en primer plano, rechazando de plano cualquier propuesta de consenso con la clase dominante.

4º.- Instrumentos orgánicos y políticos que deben usar el proletariado y asalariados para derrotar a la burguesía. 

En primer lugar, como instrumento orgánico y político, debe de situarse al Partido Comunista para derrotar a la burguesía. Sin Partido Comunista no hay revolución socialista posible.

La experiencia acumulada por el movimiento obrero internacional, junto al conocimiento teórico generado por esta experiencia, nos indica que las formas organizativas que adoptan las masas explotadas en su lucha contra la opresión son instrumentos que permitirán crear estructuras estables desde donde, más allá del ámbito laboral, surjan los mecanismos necesarios para dotar a la clase obrera de unas estructuras de poder propias.

En este sentido, el Partido, junto a los comités de unidad obrera en los centros de trabajo, los comités populares en barrios y pueblos, las asociaciones vecinales, juveniles, plataformas reivindicativas, etcétera, así como la necesaria alianza con los sectores populares oprimidos por el capitalismo, constituyen básicamente (decimos «básicamente» porque no podemos  adelantar elementos ni instrumentos que pueden surgir a posteriori en el marco de la lucha revolucionaria)  los elementos e instrumentos necesarios para derrotar a la burguesía. A todos éstos hay que dotarlos de conceptos ideológicos que liberen del yugo ideológico y político de la burguesía a la clase obrera y capas populares ganando su independencia de clase.

F.J. Ferrer

Juan J. Sánchez

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