Lo simple, lo de siempre y lo complejo

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Bueno, ya está aquí la histeria y la manipulación. Otra vez. La explosión de Beirut es la de un sistema que se resiste a morir, o se resistía. Y como no se pueden poner puertas al campo, hay que hacer dos cosas: mentir, de nuevo, y correr, otra vez. Son dos movimientos paralelos y que se complementan.

Ayer os hablé de la pelea entre pro-occidentales y pro-asiáticos en Líbano. Los primeros no pueden ayudar, los segundos ya se han puesto en movimiento. Y como los primeros no pueden ayudar, tienen que aparentar que lo hacen. Así, la ex potencia colonial, Francia, envió tres aviones (dos menos que Rusia) pero su presidente, Macron, corrió hacia Beirut para galvanizar a los pro-occidentales. Y lo que ha dicho no tiene desperdicio: “esta visita tiene como objetivo discutir cómo se puede ayudar porque este hecho [la explosión] representa una amenaza para la estabilidad interna del Líbano y las consecuencias que pueden tener para la seguridad europea“. O sea, lo que os dije: la explosión ha derrumbado repentinamente todo el entramado político-económico establecido tras la guerra civil y la división sectaria impuesta por el colonialismo francés que se mantuvo inalterable tras la guerra civil que terminó hace casi 40 años. Pero al añadir lo de “seguridad europea” se está insistiendo en lo de siempre: el terrorismo, que, en el caso libanés, se circunscribe al movimiento político-militar Hizbulá, considerado “organización terrorista” por la UE a instancias de EEUU e Israel.

Y aquí entran los de siempre: los medios de propaganda, que no de comunicación, de la burguesía. Al unísono, desde Gran Bretaña a Francia, pasando por EEUU, se está acusando a Hizbulá de utilizar nitrato de amonio, la causa de la explosión, en sus bombas. No han tardado mucho, por cierto. Si se tiene en cuenta que el payaso de Trump habló de “algún tipo de bomba” como origen de la explosión, se cierra el círculo de la estupidez.

Al hecho se añade lo que os comenté, que uno de los muertos es el secretario general del partido Kataeb, la Falange Libanesa -integrada por cristianos maronitas- de la que hay que recordar algunas cosas. La primera, que se llama así porque se inspiró en la Falange Española de 1930, es decir, es una organización fascista. La segunda, que siempre ha actuado como aliada de Israel y de EEUU y, de hecho, sus integrantes perpetraron las matanzas de palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, en 1982, colaborando con las fuerzas invasoras sionistas durante la invasión de ese año y a las órdenes de Ariel Sharon. La tercera, que es un furibundo detractor de Hizbulá.

Por lo tanto, los medios de propaganda hacen una ecuación simple: si Hizbulá utiliza nitrato de amonio y uno de los muertos no es un cualquiera, Hizbulá es responsable. Y tan panchos.

Ni se les pasa por la cabeza hacerse preguntas tan simples como por qué Hizbulá, con la infraestructura que tiene, actuaría en “terreno hostil”, puesto que el puerto de Beirut está en zona cristiana, y no lo trasladó hacia sus zonas. La segunda, que los cristianos están tan divididos como los musulmanes y que una parte muy significativa, el Movimiento Patriótico Libre, es aliada de Hizbulá. La historia viene de lejos, de 2004 y se concretó en el 2006, cuando al bombardear Israel el barrio del Dahiye, en el sur de Beirut, casi en su totalidad poblado por shiíes, los militantes del MPL abrieron sus casas en el barrio colindante de Ain Al-Rumaneh para acoger a los shiíes, en su mayioría militantes de Hizbulá.

Para saber estas cosas no hace falta conocer al país, ni a sus gentes, sino investigar un poco. Y, por ejemplo, y dentro de la pelea que os llevo citando entre pro-occidentales y pro-asiáticos hay una historia a tener en cuenta: el puerto de Beirut.

Cuando apareció en escena China, una de las cosas de las que se habló fue del puerto de Beirut, de su ampliación para incrementar el comercio marítimo. Y varias facciones cristianas, entre ellas el Kataeb, se negaron con los argumentos de EEUU sobre el control por el Estado chino, del Partido Comunista, y bla, bla, bla. La entrada de China suponía el fin de la influencia histórica de los cristianos -establecida por el colonialismo francés, no hay que olvidarlo- en el comercio marítimo. Y eso era, simplemente, inaceptable. Así que los medios de propaganda ya tienen otra historia para sus neuras.

La explosión ha destrozado el puerto, por lo que Líbano se queda sin uno de envergadura dado que los que hay, sobre todo el de Trípoli (bajo influencia sunnita), no cubre ni de lejos lo que ofrecía el de Beirut (por el que pasa el 82% de todas las exportaciones e importaciones).

Y, curiosamente, cobra mayor relieve el puerto de Tartus en Siria (y una parte de este puerto es una base naval rusa), el único que podría, condicional, utilizar indirectamente Líbano. Pero EEUU aprobó la “Ley César” para dificultar todo tipo de comercio hacia Líbano por vía siria. Ahora Líbano está hundido y EEUU no puede acudir a socorrerlo.

¿Entendéis un poco más la carrera de Macron por aparecer? China observa en silencio, pero muy de cerca. Si alguien tiene dinero hoy, es China.

La explosión ha hundido el sistema libanés, lo repito, el sistema sectario y de reparto de poder establecido por el colonialismo francés y respaldado por Occidente. Pero la explosión también ha puesto al desnudo los intereses que estaban detrás de él y que no eran, precisamente, populares.

Las preguntas son, también, muy simples. Dado que Occidente no está en condiciones de acudir en apoyo de Líbano, que la reconstrucción del puerto requiere tiempo e inversiones multimillonarias ¿serán capaces los políticos libaneses de desafiar a EEUU y la “Ley César” para mantener su capacidad de exportación e importación marítima o se hundirán aún más en la miseria por el seguidismo servil hacia EEUU? Porque resulta que desde 2002 Líbano y Siria tienen un acuerdo de cooperación para utilizar sus puertos “en casos excepcionales”. Ahora es uno de esos casos.

Os comenté antes de estas vacaciones que iba a ser divertido seguir las vicisitudes del gobierno libanés, si se somete a las presiones de EEUU mientras pierde las opciones chinas e iraníes (y siguen los cortes de electricidad, el hambre y demás) o muestra una valentía de la que hasta ahora carece. La explosión ha hecho que ya no sea divertido, sino trágico. O apuesta por la soberanía y la supervivencia o por la sumisión. No hay camino intermedio.

El Lince

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