Lecciones de anatomía

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Tres cuerpos: Bielorrusia, Palestina, Malí. Y en los tres hay que realizar lecciones de anatomía, es decir, disecciones de lo que no se ve y que está dentro del cuerpo. O sea, de los por qués de lo que está ocurriendo. Y ya que hablo de anatomía, voy por partes.

1.- Bielorrusia: Resulta que tras toda la parafernalia occidental, EEUU está corriendo a Moscú para hablar con Rusia sobre Bielorrusia. Ni más ni menos que el subsecretario de Estado ha dicho que «no hay un enfrentamiento entre Oriente y Occidente por Bielorrusia». Por supuesto eso no se lo cree ni él, pero lo que hay dentro del cuerpo occidental es miedo abierto. Porque los pro-occidentales han mostrado su cara, su fea cara, y les está saliendo el tiro por la culata. Es decir, en román paladino, lo que ha hecho este tipo de EEUU es intentar controlar los daños en lo que es una derrota en toda regla del proyecto de derribo del gobierno de Lukhasenko. Esta es la información oficial, y esa información es la nada. Si EEUU la reconoce y no dice nada, es que se la ha tenido que envainar.

Un control de daños que implica a los diferentes servicios secretos occidentales que, bajo la cobertura de «periodistas», han venido actuando en Bielorrusia. Ahora han sido descubiertos y expulsados. ¿Me paso? Pues no. Uno de ellos es sueco y los suecos lo han reconocido implícitamente para conseguir su liberación, porque había sido detenido.

Esto, entre otras cosas, es lo que atenaza a la UE en su reacción y en el casi reconocimiento de la participación activa de EEUU, Polonia, Lituania y Ucrania. El que Alemania, Italia o Francia no hayan querido ir más allá, que estos tres presidentes, uno tras otro y en días sucesivos (comenzó Merkel) hayan hablado con Putin «para aliviar las tensiones» indica en qué punto están las cosas.

Rusia lo ha dejado claro: si continúa la operación occidental de desestabilización, intervendrá porque no va a permitir otra Ucrania. Así de simple y así de fácil. Pero lo hará aplicando eso a lo que teme Occidente: el derecho internacional. Porque Rusia y Bielorrusia, y por extensión los países de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva tienen «el derecho y el deber de protegerse mutuamente de injerencias externas». Es de suponer que tanto EEUU y la UE sepan de qué se está hablando, sobre todo porque esta apelación sienta un precedente no solo para Bielorrusia, sino para Armenia, Kazajstán, Kirguizistán y Tayikistán. Es decir, Rusia acaba de «blindar» todos estos países, todos ex pertenecientes a la URSS en el Asia Central y el Cáucaso, ante la injerencia y desestabilización occidental.

2.- Palestina. Toda la alharaca que ha habido en Occidente y fuera de él ante el establecimeinto de relaciones diplomáticas abiertas (las había ya encubiertas) entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos se ha tornado en silencio ante otro hecho fundamental, tanto o más que el anteior: Turquía ha recibido de forma oficial, y casi con honores de Estado, a una delegación de Hamás encabezada por Ismail Haniye, el hombre que dirige y gobierna la franja de Gaza pero que ganó limpiamente las elecciones palestinas de 2006 aunque ni Fatah ni Occidente reconocieron ese triunfo (o sea, como siempre).

El hecho es más que simbólico: es la contraposición oficial al acuerdo emiratí-israelí y un aviso de lo que está dispuesta a hacer Turquía que es, ni más ni menos, resucitar el papel político de los Hermanos Musulmanes en el mundo árabe. Si hay alquien que tenga pánico a esta gente son los países del Golfo. ¿Queréis un nuevo orden regional con Israel como centro? Juguemos. Eso es lo que ha hecho Turquía. Al mismo tiempo, si alguien en el terreno palestino tenía la intención de rendirse y levantar la bandera blanca, se cercena de cuajo ese intento y obliga a Fatah y a la mal llamada Autoridad Palestina a moverse por donde no querían, es decir, aceptar a Hamás o sucumbir.

3.- Malí: ¿Cómo es posible que haya un golpe de estado en un país casi controlado por el colonialismo francés? Esta es la pregunta del millón, por lo que hay que coger de nuevo el bisturí y diseccionar lo que pasa. Y mira tú por dónde, la principal fuerza que apoya a los militares que han dado el golpe es el Partido Socialista, la principal fuerza de una coalición, el Movimiento 5 de Julio-Agrupación de Fuerzas Populares, que es hipercrítico con Francia y su papel no solo en Malí sino en África.

En Malí no se habla de otra cosa que de un golpe contra la neocolonización. Y, para más recochineo, los militares que dieron el golpe se reunieron en primer lugar… ¡con diplomáticos rusos! ¡Toma ya!, patada en toda la boca a Occidente. Luego se reunieron con otra gente, sobre todo europeos, pero el primer gesto fue sintomático y es por ello que la Organización Mundial de la Francofonía ha suspendido la presencia de Malí en la misma. Y se pretende que pase lo mismo con la Organización para la Unidad Africana y la Comunidad Económica de África Occidental (compuesta exclusivamente por países ex colonias francesas, curiosamente) si el presidente derrocado no es repuesto en el poder.

Francia tiene un problema y también la UE, que están de los nervios porque resulta que el ejército maliense ha sido formado por instructores europeos, y ahora les salen con esas los muy ingratos. Josep Borrell, el responsable de la diplomacia de la UE, está que no le llega la camisa al cuerpo porque dice que «nosotros [la UE] no formamos líderes golpistas». Pero desde luego, sí han formado a quienes desde 2013 han estado reprimiendo a sangre y fuego las movilizaciones populares sin que se les haya hecho ni una sola reconvención. ¿Es el mismo ejército? No, porque quienes han dado el golpe llevaban tiempo criticando todo esto.

Es un triple golpe: contra los vasallos de Francia, contra la propia Francia y contra la prepotente UE. Se habla de Bielorrusia pero no de Malí, donde desde hace cuatro meses, si no más, había prácticamente todos los días manifestaciones contra la corrupción, la política neoliberal, las privatizaciones y el servilismo al FMI sin que un miserable periodista occidental se haya interesado por ello. O sea, contra todo lo que propugnan Francia y la UE. ¿Está de vuelta el panafricanismo? Por ahora no, pero el batacazo occidental es de los que hacen época.

El Lince

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