Federación Sindical Mundial: 75 años de luchas y avances para la clase obrera

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Javier Martorell.— El pasado 3 de octubre las trabajadoras y los trabajadores de todo el mundo celebramos junto a la Federación Sindical Mundial (FSM) su 75 aniversario.

Fue en el Congreso de París de 1945, al calor del fin de la guerra y con el nazi-fascismo aplastado por las tropas soviéticas y sus aliados, cuando la FSM culminó su proceso de gestación para nacer como la estructura sindical más potente del mundo, representando en aquel momento a 67 millones de trabajadoras y trabajadores afiliados en organizaciones obreras a lo largo y ancho del planeta.

Aquellos primeros pasos se dieron en un escenario tremendamente complejo. Organizar a la clase obrera en un contexto de lucha de clases a nivel internacional se tornaba como una necesidad imperante, y más aún hacerlo en torno a un horizonte que fuese mucho más allá de los vagos objetivos que proclamaban otras alianzas occidentales que se declaraban contra las guerras y el fascismo. Sin ir más lejos, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), constituida poco después que la FSM, señaló en sus estatutos fundacionales la intención de trabajar por un futuro en paz, de velar por el respeto a la dignidad de las personas, pero poco o nada destacó respecto a los derechos de la clase trabajadora, ni sobre la abolición de la explotación del hombre por el hombre, ni en relación a las legítimas luchas de los pueblos por alcanzar su libertad. Estas son cuestiones que, entre otras muchas, nutrieron las resoluciones y documentos emanados de aquel primer Congreso de la FSM en París.

Posteriormente, en los años 50, la influencia de las potencias imperialistas en su afán por destruir el campo socialista y los avances conquistados por las trabajadoras y los trabajadores, así como por debilitar a la FSM como estructura sindical que aglutinaba los sectores más combativos y avanzados de la clase obrera, favorecieron a través de chantajes, quimeras y maniobras que una parte de las confederaciones de la FSM se escindiera, organizándose en la Confederación Mundial de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), nutrida principalmente por sindicatos cuya deriva ideológica les situaba a las órdenes de la burguesía. Es un hecho que el gobierno estadounidense, a través de la CIA, fue una de las principales fuentes de ingresos de la CIOSL, así como reiteradas ayudas por parte de los gobiernos de Francia, Gran Bretaña o Japón, entre otros. A la CIOSL (hoy integrada en la Confederación Sindical Internacional CSI) le siguieron otras estructuras de similar pelaje, todas creadas y organizadas en torno a los mismos objetivos e intereses del sistema.

Mientras tanto la FSM, lejos de achantarse ante estas agresiones, continuó aglutinando organizaciones de todo el mundo, principalmente de América Latina y África, destacando no solo por su lucha incansable por la dignidad y los derechos de la clase trabajadora, sino, a su vez, convirtiéndose en abanderada de las movilizaciones en repulsa a las guerras imperialistas, situándose en primera línea frente a invasiones e injerencias sobre pueblos soberanos, manteniendo una incesante solidaridad con Cuba y contra el bloqueo, demostrando su compromiso por erradicar la discriminación contra la mujer trabajadora, denunciando todo golpe militar y dictadura fascista, como demostró en las continuas muestras de solidaridad con el pueblo trabajador español durante el franquismo, y un largo etcétera de reivindicaciones y acciones que necesitarían muchas páginas para ser expuestas.

Hoy la FSM avanza en un claro proceso de fortalecimiento, sumando fuerzas y manteniendo inalterables sus principios de clase. La FSM representa en la actualidad a más de 100 millones de trabajadoras y trabajadores, organizados en sindicatos de 130 países. En lo que concierne al Estado español, son 11 las organizaciones sindicales adheridas, llegando casi a la veintena si contamos con la suma de las afines.

Y es por ello, por su historia cargada de luchas y conquistas para la clase obrera, por su carácter internacionalista, por denunciar y combatir el sindicalismo que traiciona a los trabajadores y se vende a la patronal, por haber sabido superar las dificultades para reforzarse y seguir creciendo, por ser el referente sindical de clase a nivel internacional, es por todo ello y más por lo que reivindicamos el 3 de octubre no solo como la conmemoración del nacimiento de la FSM, también y principalmente como una jornada de lucha en la que la clase obrera mundial levante bien alto el puño y la bandera roja frente a la burguesía y el capital, como muestra de la imparable unidad de clase en los pueblos de todo el planeta.

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