Reviviendo a un zombi

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Occidente está en crisis terminal y la pandemia no ha hecho más que acelerarlo. Sin embargo hay partes de ese cuerpo moribundo que siguen funcionando como si aún estuviese vivo. Una de ellas es la OTAN.

Hace exactamente un año el presidente francés tuvo el atrevimiento de hablar de “muerte cerebral de la OTAN” y el intento de que la UE comenzase un camino propio en materia de defensa. O, al menos, autónomo y diferente del que marca EEUU. Para contentarle y frenar esas ansias, la OTAN aprobó de tapadillo en el mes de julio un presupuesto de 8.000 millones de euros para sus aventuras neocoloniales en África que no están teniendo muy buen resultado puesto que poco después en Malí se produjo un golpe militar contra ese neocolonialismo francés.

Era un patético intento de que Francia mirase hacia otro lado y no se saliese de la nueva senda que estaba marcando la OTAN: el eje Rusia-China “que amenaza el poder occidental” (sic). Eso que entonces no era más que una declaración se ha escrito ahora en un documento oficial. De lo que se trataba era de ganar tiempo y que Francia no siguiese enredando.

La paranoia anti-rusa es habitual, por lo que no hace falta insistir en ella. Pero sí en lo de que “China es una amenza creciente para Europa”. Eso es ya oficial.

Entonces se decía que “el ascenso de China está cambiando fundamentalmente el equilibrio de poder global”, que “multiplica las amenazas a nuestras sociedades abiertas y las libertades individuales y aumentando la competencia por nuestros valores y formas de vida”, que “la OTAN no ve a China como el nuevo enemigo o un adversario, pero ya tienen el segundo mayor presupuesto de defensa. Están invirtiendo fuertemente en capacidades militares modernas, incluidos misiles que pueden llegar a todos los países aliados de la OTAN. Los vemos en el Ártico, en África, invirtiendo en nuestra infraestructura crítica. Y están trabajando cada vez más junto con Rusia”. Entonces se decía que ese era el discurso de EEUU, pero no de Europa o, al menos, no de toda Europa.

Ahora ya no quedan dudas. Los vasallos nunca se rebelan contra su señor.

La nueva estrategia de la OTAN -que se hace pública justo cuando sigue el follón en EEUU sobre las elecciones y que es claramente un intento de reforzar el militarismo de Biden- es equiparar a Rusia y China como enemigos a largo plazo. La inclusión de China es la evidencia de que la OTAN necesita incluir un nuevo enemigo en su intento de seguir con apariencia de vida. La mención a estos dos países es similar: 96 veces Rusia, 82 China.

Aquí está la novedad, aunque ya se venía cocinando como digo. La OTAN sabe que es parte de un cuerpo casi muerto, Occidente, aunque insiste en que puede aún seguir viviendo. Incluso en su constitución zombi. Por ello presenta nada menos que 138 propuestas para reformar la OTAN y, curiosamente, se hace hincapié en que tiene que tener una mayor presencia en Asia. Teniendo en cuenta a su nuevo enemigo, el argumento es muy simple: “China ya no es el socio comercial benigno que había esperado Occidente. Es el poder en ascenso de nuestro siglo y la OTAN debe adaptarse“.

Una de las facetas donde la OTAN va a centrarse no es la clásica de cañones, sino en la tecnología: “la OTAN tiene que mantener una ventaja tecnológica decisiva sobre China, que a su vez ha estado experimentando una importante reforma de sus capacidades militares y de inteligencia”. Excusatio non petita, acusatio manifesta, que dirían los romanos. Es un reconocimiento expreso de que la OTAN está hoy muy por debajo en calidad de chinos y rusos.

Como eso, dicho así, proporciona una clara imagen de lo que está pasando en la guerra contra Huawei, por ejemplo, hay que pulirlo un poco y ahí está el inefable perro de presa, el secretario general de la OTAN presentando el informe: “China está invirtiendo masivamente en nuevas armas. Se está acercando a nosotros, desde el Ártico a África. China no comparte nuestros valores y trata de intimidar a otros países”. ¡Tacháaan, la OTAN al rescate! ¡Cierre de filas de todo el mundo, nuestra civilización está en peligro! ¡El peligro amarillo nunca ha sido más peligroso!

La OTAN quiere hacer planes a largo plazo, hasta 2030, y sigue insistiendo en más de lo mismo: “respuesta a las amenazas tradicionales”, o sea, Rusia (a quien se califica como “potencia fulminante”), aunque también incluye el viejo mantra de “intervenciones humanitarias” (enmarcando su acción ilegal en Yugoslavia o Libia, por ejemplo) y recalca que hay que “hay que establecer el control económico sobre los sectores estratégicos de la economía” de Occidente para evitar a China.

Este es el gran y nuevo papel que se quiere atribuir la OTAN: “evitar que China establezca el control sobre las fuentes de materias primas clave, incluidas las de nueva generación, en los terceros países, en África en particular“. Es decir, la OTAN está para salvaguardar la primacía occidental y lo demás (libertad, valores y todas esas estupideces) son cuentos para niños. Una de esa “materias primas clave” o “recursos del futuro” que se menciona expresamente es el litio. Es inevitable pensar en Bolivia y en la complacencia del muy democrático Occidente con el golpe militar que derrocó a Evo Morales. Esta es la “comunidad democrática” y sus valores, sin la menor duda. Y todo ello envuelto en un nada oculto neocolonialismo.

Pero…

No es oro todo lo que reluce. Resulta que la OTAN también reconoce que para ello hay que actuar de otra forma, es decir, que hay que romper con alguno de sus principios de los que con tanto orgullo hablaba hasta ahora. Así, “para mejorar la capacidad de actuación de la OTAN” se proponen una serie de medidas a expensas de la unidad que hasta ahora era su santo y seña: “el derecho de veto debe restringirse y el principio de unanimidad debe debilitarse, pero no abolirse, para acelerar las decisiones y evitar bloqueos cada vez más frecuentes por parte de países individuales”. Algo así como respetamos tu derecho a la crítica, faltaría más porque para eso somos demócratas y esos son nuestros valores, pero haremos lo que nos dé la gana igualmente. Como la OTAN es un club dirigido por el matón clásico, ese que se atreve con los pequeños y no con los grandes, faltará por ver qué hacen los siervos del matón.

Como eso podría, condicional, dar mala imagen, se recomienda al secretario general “un papel más destacado en la mediación de las disputas” y que los ministros de Asuntos Exteriores se reúnan con mayor regularidad. Es de suponer que alguno de ellos tenga algún rasgo de lucidez mental y recuerde cómo los países europeos ya han perdido su primacía en cuanto a socios comerciales con China y que este informe lo que hace es que siga bajando ese intercambio. Pero eso es mucho suponer. La Unión Europea es otro cuerpo zombi.

Aunque claro, puede que al final se demuestre que el dinero es el dinero como acaba de hacer Alemania dando el permiso definitivo para la finalización del gasoducto Corriente del Norte 2 y que se terminará el primer trimestre del año que viene. O con la aprobación “parcial”, pero aprobación, a Huawei para construir parte de la red 5G de Alemania.

El Lince

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