Ejercicio práctico de irracionalidad

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Siguiendo con el tema de las grietas en la hegemonía occidental y el derrumbe del edificio, otra más que es de lo mismo: las sanciones que EEUU va a imponer a Turquía. Esto es mejor que cualquier película. Os comenté el agrio enfrentamiento entre EEUU y Turquía en la cumbre de la OTAN con la que se quiere revivir a un zombi y en la que se constata cómo las grietas se agrandan cada vez más. La bronca fue el 2 de diciembre y el 11, o sea, ayer, Trump firmó un paquete de sanciones, sobre todo, por la compra de los misiles rusos S-400. El pope de la OTAN sancionando a un “aliado” de la OTAN. Una historia como para seguir creyendo que la OTAN es el coco.

Lo interesante es que Trump firma y parece un movimiento final puesto que se va, pero no es así: tanto el Congreso como el Senado ya aprobaron dichas sanciones hace tiempo. Lo que hace Trump es poner un poco más cuesta arriba a Biden.

Las sanciones van dirigidas hacia el complejo militar-industrial turco, sus responsables y algunos políticos. Esto tiene importancia. En la bronca de la reunión de la OTAN, EEUU acusó a Turquía de “dar regalos al Kremlin” (en referencia a los S-400 comprados el año pasado) y de “imitar el intervencionismo agresivo de Rusia” (en referencia a Nagorno-Karabaj). Son precisamente estos dos argumentos los que están detrás porque durante la guerra de Nagorno-Karabaj ya hubo una “interrupción parcial” del suministro de componentes occidentales a Turquía para sus aviones no tripulados. Estos aviones fueron cruciales para el avance de Azerbaiyán y cuando se agotaron, por derribos y falta de suministros, es cuando tanto Azerbaiyán como Armenia aceptaron el plan de paz ruso.

A pesar de la propaganda oficial turca de que sus aviones son de producción nacional, lo cierto es que dependen de suministros tecnológicos occidentales. Por esta razón, en Turquía ahora hay un nerviosismo claro y que hace que se ralenticen sus planes tanto en Libia como en Siria. También aquí Rusia aprovecha el momento y fuerza a los kurdos a un mini-acuerdo con el gobierno sirio sobre una ciudad.

Las sanciones aún no se conocen en toda su extensión y si van a ir más allá de lo militar. Pero ya marca un hito entre “aliados” y dentro de la OTAN porque se enmarcan en “la Ley de Lucha Contra los Adversarios de EEUU”. O sea, un adversario que es aliado. Esquizofrenia pura.

Ese mismo día, el 11, o sea, ayer, la UE pospuso por tres meses la imposición de sanciones a Turquía por la explotación de hidrocarburos en el Mediterráneo oriental (se pedía, entre otras cosas, un embargo de armas). Aquí la pelea fue de tres contra tres (añadid a lo de las grietas en la hegemonía occidental): Francia, Grecia y Chipre a favor, Alemania, Italia y España en contra. El resto, simples mirones.

Aquí Alemania se ha llevado el gato al agua porque le va mucho en ello. No solo el 5% de su población es de origen turco, sino que teme que otra vez Turquía vuelva a abrir la espita de los refugiados sirios (e iraquíes, y afganos, y…) y que se agiten las empresas alemanas que tienen grandes intereses en Turquía. Es por eso que Alemania ha ganado con un concepto curioso, pero que ha hecho fortuna: “ejercicio práctico de equidad”. Y a este “ejercicio práctico de equidad” se han apuntado otros países con grandes intereses económicos en Turquía: Italia, España y, en menor medida, los Países Bajos.

La UE no quiere subirse al carro final de Trump y espera claramente a Biden para que diga qué hay que hacer. Que la UE no tiene ninguna política exterior propia queda claro una vez más, porque tres meses no son nada y en ese tiempo Turquía no va a dar marcha atrás. Porque lo que hay detrás son dos conceptos contrapuestos: por una parte, Grecia, Chipre e Israel, con el apoyo de la UE, firmaron un acuerdo para construir un gasoducto a Europa (que reduciría la importación de gas ruso) y, por otro, Turquía quiere que su gasoducto Corriente Turca (del que forma parte principal Rusia) surta a algunos países europeos como Bulgaria, por ejemplo. La clave de todo está en que como consecuencia de su apoyo al gobierno libio (que no apoya, por dar un dato, Francia) consiguió un acuerdo que le da derecho a las aguas libias por las que deberá pasar el gasoducto greco-chipriota-israelí.

Eso del “ejercicio práctico de equidad” tiene su gracia si se tiene en cuenta lo que ha hecho la UE con Bielorrusia o Venezuela, al hilo de las elecciones no reconocidas ni en uno ni en otro país, o con la renovación por unanimidad de las sanciones contra Rusia por otros seis meses (la renovación es semestral).

Porque resulta que la Cámara de Comercio e Industria de Düsseldorf acaba de publicar un estudio sobre esas sanciones a Rusia y resulta que quien ha salido más perjudicada es… ¡la UE! Ni más ni menos que una pérdida de 120.000 millones de euros desde que se impusieron en 2014 y, de esa cantidad, Alemania ha perdido 5.500 millones cada año. O sea, 33.000 millones en total o lo que es lo mismo, la cuarta parte del total de la UE.

Un ejercicio simple de matemáticas sería ver cuánto de este dinero que se ha perdido si la UE no fuese un vasallo fiel de EEUU se podría invertir en la pandemia, por ejemplo. Si no fuese trágico, sería gracioso ver cómo la UE se dispara en la sien (aunque sea un zombi) por su rusofobia clásica.

El “ejercicio práctico de equidad” del que se vanagloria Alemania con Turquía no es tal con Rusia. Lo que defiende con una mano (con Turquía) lo pierde con la otra (con Rusia) y, en los dos casos, mirando hacia EEUU. Es un caso práctico de irracionalidad no solo suyo, sino de toda la moribunda UE.

Si la UE no fuese un zombi se podría decir que esta irracionalidad no solo es destructiva, sino una forma de autodesprecio.

El Lince

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