Más de lo mismo (y el camino a la perestroika capitalista)

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Tras el paréntesis del espectáculo de EEUU -que visualiza para todo el mundo la decadencia occidental, encabezada por EEUU- vuelvo con lo mismo: los datos económicos que lo certifican. Si previamente os había puesto lo que dice el Fondo Monetario Internacional sobre la caída del mito del G-7 y sobre la nueva caída del dólar como moneda de reserva global, llega el momento de referirse a lo que dice la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, de la que forman parte 37 países sobre todo europeos pero también otros como Chile, México, Turquía, Israel, Australia, Nueva Zelanda, Corea y Japón. Es decir, todos los tradicionales vasallos de EEUU y que se pueden englobar dentro de la categoría de “occidentales” en cuanto a “valores” y sistema económico.

La OCDE acaba de hacer público su balance de 2020 y sus previsiones para 2021 y lo que se recoge en él son “perspectivas sombrías” (sic) para Occidente porque si bien dice que “la economía de China está creciendo con fuerza nuevamente” eso no significa que haya recuperación mundial dado que “muchas de las naciones más ricas del mundo no se recuperarán por completo hasta 2022 como muy pronto”. Y eso no significa que se vuelva a la “normalidad”, que nunca se recuperará, sino que se situarán ya siempre por detrás de otros países, especialmente asiáticos. Fijaos en las previsiones, muy parecidas a lo que vaticina el FMI.

Son ya tantos los indicadores que lo anuncian que nadie debería sentirse sorprendido, y ya os lo he venido reiterando: cuesta hacerse a la idea, pero cuanto antes lo hagamos será más fácil encontrar alternativas, internas y externas, ante un derrumbe inevitable. No son los rojos nostálgicos quienes lo dicen, sino todos y cada uno de los instrumentos capitalistas clásicos que conocemos. El que ahora se sume la OCDE muestra la altísima preocupación que existe en esa pérdida de la hegemonía que sitúa a todos en otra perspectiva.

Ni qué decir tiene que la pandemia del coronavirus, y cómo Occidente se está enfrentando a ella, ha sido determinante. Pero todos insisten también en un hecho: no solo. La decadencia occidental se viene arrastrando desde la crisis del 2008 y lo de ahora solo lo ha acelerado.

La diferencia entre lo que dicen la OCDE y el FMI es que países como India, México y Brasil tampoco lo tienen fácil dado el número de contagios y de muertos. Y dice la OCDE que “muchos millones de trabajadores del sector informal se van a ver obligados a regresar a sus aldeas y barrios marginales urbanos para hacer frente a la pobreza masiva e incluso al hambre”. Algo que también vaticina, por cierto, la ONU.

Y una cosa en la que coinciden tanto el FMI como la OCDE: “la redistribución de la riqueza y los ingresos mediante impuestos más altos podría dar a los gobiernos occidentales más recursos para hacer frente a las víctimas de la pandemia, pero será políticamente difícil en una recesión continua”.

Por eso estamos viendo, también, desesperados intentos del capitalismo para sacar la cabeza y no morir ahogado.

La pandemia ha destrozado empleos, ha polarizado sociedades y terminado con las ilusiones de la supremacía occidental. A partir de ahora los problemas solo pueden agravarse (como el espectáculo de EEUU) sin descartar el colapso de la estructura social que ahora conocemos. Por eso el capitalismo se mueve, y rápido. El Foro Económico Mundial ya está preparando su reunión de Davos de este año (este mes de enero): “en 2021 y más allá, nuestras sociedades tendrán que encontrar un nuevo camino político si queremos alejarnos de la profundización de la desigualdad social, así como evitar el malestar político, el descontento social y el riesgo sistémico”.

Cómo lo hagan está por ver, pero el miedo les está recorriendo la espina dorsal. ¿Puede ser una Renta Básica Universal? No es descartable. El capitalismo buscando utopías, no está mal. Es por eso por lo que ahora se habla del “gran reinicio” o de “capitalismo responsable”. Siendo malo, podría decir que el capitalismo está ahora en su “perestroika” y que ya sabemos a dónde llevó a la URSS.

Lo que debería estar ya claro para todo el mundo es que la vida nunca volverá a la “normalidad” y que el mundo que creíamos conocer antes de este 2020 ya no está ni existe, ni existirá.

Como no existe el Boni, el guitarrista y una de las voces -junto al Drogas- de Barricada, uno de mis grupos de referencia, que acaba de morir. Os dejo uno de sus temas por excelencia como recuerdo. Porque son tiempos que arden.

El Lince

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