El 150 aniversario de la Comuna de París y su ejemplo para el mundo

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Ante el 150 aniversario de la comuna de París, a todos nos viene a la cabeza la heroica gesta que realizó la clase obrera de París, que, con sus aciertos y sus errores, sirvió de ejemplo para el éxito de algunas revoluciones posteriores y para el enriquecimiento por la vía práctica de la teoría marxista.

 

El contexto que rodeó a la Comuna fue de crisis a todos los niveles (política, económica, nacional, social, etc.). El Segundo Imperio había sido derrotado seis meses antes, el Gobierno de Defensa Nacional (o más bien de traición nacional como diría Marx) permanecía exiliado en Burdeos mientras la capital parisina resistía el asedio del ejercito prusiano hasta la firma de la capitulación el 26 de enero de 1871. Tras los fusilamientos de los generales Lecomte y Thomas que provocó la huida de Thiers y de la burguesía parisina a Versalles se abrió una ventana de oportunidad para que la clase obrera tomara el poder a través de la Guardia Nacional, demostrándose así que las revoluciones triunfan no sólo cuando “los de abajo” ya no quieren seguir siendo gobernados como antes, sino también cuando “los de arriba” tampoco pueden.

De esta manera, la Comuna echó a andar y comenzó a realizar cambios drásticos en el aparato del Estado. Suprimieron la burocracia estatal (el gobierno y los altos funcionarios perdieron sus privilegios, elegidos por la población, podían ser revocados en cualquier momento y cobraban un sueldo equivalente al de un trabajador). El ejército y la policía fueron sustituidos por el pueblo en armas. Se separó al Estado y la Iglesia y se instauró la educación laica y universal. Se requisaron edificios públicos para entregarlos a los sin techo. Se prohibió el trabajo nocturno, se eliminaron las multas laborales, se entregaron las fábricas, abandonadas por la burguesía, a las cooperativas obreras.

La experiencia de la Comuna fue decisiva para reorganizar la sociedad, la clase obrera de París no pudo utilizar los engranajes del Estado capitalista, tuvo que sustituirlos por los suyos, aunque se quedó a mitad de camino: en lugar de comenzar, como decía Lenin, la “expropiación de los expropiadores”, ocupando instituciones tales como, por ejemplo, los bancos, se puso a soñar con implantar la justicia suprema en un país unido por una tarea nacional común.

Desde el primer momento, la Comuna tuvo que luchar por su supervivencia. Se defendió y ejerció su violencia frente a la de los que pretendían restablecer el antiguo orden. Es a partir de esta disyuntiva que Marx y Engels empezaron a concretar la forma que adoptaría la «dictadura del proletariado». La violencia, es decir, «la dictadura» de los oprimidos, frente a la de los opresores. Esta experiencia, por ser la primera en la que el pueblo toma el poder, contribuye de manera grandiosa e importante al crecimiento de esa espiral de conocimiento universal que es el marxismo.

Como se dijo anteriormente, de los aciertos y errores, así como de sus propios límites, aprendieron las revoluciones posteriores. No se entendería la revolución bolchevique sin el aprendizaje que supuso las decisiones que tomó el Comité Central de la Comuna. Como explicaba Marx en su primera carta a Ludwig Kugelmann “Si son vencidos, la culpa será, exclusivamente, de su «buen corazón». Se debía haber emprendido sin demora la ofensiva contra Versalles, en cuanto Vinoy, y tras él la parte reaccionaria de la Guardia Nacional, huyeron de París. Por escrúpulos de conciencia se dejó escapar la ocasión. No querían iniciar la guerra civil, ¡como si el mischievous avorton de Thiers no la hubiese comenzado ya cuando intentó desarmar a París! El segundo error consiste en que el Comité Central renunció demasiado pronto a sus poderes, para ceder su puesto a la Comuna. De nuevo ese escrupuloso «pundonor».

Ante la huida de Thiers, la burguesía y de los miembros más conservadores de la Guardia Nacional, se decidió no ir tras ellos y aprovechar esos días para realizar unas elecciones democráticas por sufragio universal para decidir el gobierno de la Comuna. Tal decisión, la de no perseguir a todos aquellos que fueran contra la revolución y su plan de traición nacional, dio tiempo para que se cocinara, con el ejercito prusiano como aliado, una vil represalia que tuvo lugar durante la “semana sangrienta”.

El temor ante el movimiento revolucionario era mayor que el odio y la humillación que sentían Thiers y cía. frente a los invasores prusianos. Con Bismarck se podía negociar, con la revolución no. Prusia tampoco dormía tranquila. El descontento entre los obreros germanos crecía, y un enfrentamiento con el París revolucionario podía desencadenar la revolución en casa. De esta forma, la burguesía de ambos países, enemigos mortales hasta entonces, se dieron la mano para ir contra la Comuna revolucionaria.

La Comuna fue asaltada desde el 2 de abril por las fuerzas del gobierno del ejército de Versalles y la ciudad fue bombardeada de manera constante. Durante el asalto, las tropas del gobierno fueron responsables de la matanza de miles de ciudadanos desarmados. Los comuneros muertos durante la represión de la “semaine sanglante” sobrepasaron los 20.000 y los heridos fueron más de 40.000. París estuvo durante más de cinco años bajo la Ley Marcial, en la que se quiso borrar todo rastro de las ideas revolucionarias de la Comuna. 150 años más tarde demostramos que no lo lograron.

Fuente: redroja.net

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