
José Angel Llamo Camejo.— Afortunados los que empezaron a ver la luz aquel día, y quienes lo hicieron en los 17 años transcurridos de entonces acá. Afortunados ahora, porque hasta entonces solo eran invidentes invisibles, en las tinieblas de la exclusión social.
Aquejados de trastornos visuales, necesitados de algún tipo de cirugía ocular para corregir sus padecimientos, pero con escaso o ningún recurso para costear tan caros servicios, parecían condenados al salvaje confinamiento de los humildes en la oscuridad del capitalismo.
Ellos padecían de marginación, de ceguera neoliberal –la más cruel entre las cegueras–; estaban a merced de ese modelo sanitario que ve una mercancía en cada persona enferma, y les llama clientes en vez de pacientes.
Humildes ellos, eran los ignorados de Venezuela, de Latinoamérica y el Caribe, hasta que Fidel y Chávez les trajeron el alba a los ojos. Ambos líderes dieron cuerpo a la idea de crear la misión que nació el 8 de julio de 2004, ahora con 17 años de humanos y terrenales milagros.
«Son millones de hermanos y hermanas que pueden ver de nuevo la luz, gracias a los comandantes Fidel y Chávez –publicó en Twitter el presidente Nicolás Maduro, en ocasión del aniversario–. ¡Esta es la esencia Revolucionaria!, el humanismo y los valores profundamente cristianos».
Como un rayo de generosidad martiano-bolivariana, la Misión Milagro le ha devuelto la vista a más de 6 500 000 personas en 34 países, incluidos Estados Unidos, Italia y Portugal.
El programa, con 49 centros oftalmológicos y 82 posiciones quirúrgicas en naciones de América Latina y el Caribe, ha tratado 12 tipos de patologías oculares en los pacientes, y distribuido más de 36 000 000 de lentes correctivos.