Cuba: dentro de la revolución, todo; contra la revolución, nada

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ALEJANDRO RAMOS.— El 1 de enero de 1959 triunfaba tras un largo tiempo de lucha la revolución en Cuba, poniendo fin a la dictadura de Fulgencio Batista y a décadas de dominio estadounidense sobre la isla. El pueblo cubano se desprendía así de las cadenas y se adentraba en un nuevo período de transformación, particularmente después de que Fidel declarara el carácter socialista de la revolución en el año 1961.

La reforma agraria, propugnada durante los primeros compases de la revolución, vino a expropiar las tierras de los grandes terratenientes y de los monopolios estadounidenses, para redistribuirlas en beneficio de la mayoría del pueblo cubano. A esta, le siguieron una serie de nacionalizaciones que pusieron bajo control estatal la mayor parte del tejido productivo de la isla, para desgracia de los capitalistas que, hasta entonces, habían campado a sus anchas, y en beneficio de la clase obrera del país. Y es que los avances obtenidos bajo el paraguas de la revolución son incuestionables; la extensa campaña de alfabetización, que ha llevado a cuba a estar al mismo nivel que las potencias más desarrolladas, la erradicación del hambre en la isla, un sistema sanitario público y puntero en américa latina, que lleva al país a tener una esperanza de vida mayor que EEUU y la participación efectiva del pueblo en la esfera política, son solo algunos de los logros obtenidos por los cubanos.

Pero claro está, el afán emancipador de los cubanos era contrario a los intereses del capital estadounidense, que veía en Cuba un aliado de la URSS en plena guerra fría. Desde el triunfo de la revolución, EEUU perpetró innumerables intentos para derrocar al socialismo. A las tentativas de asesinato de Fidel (que se cuentan por decenas), así como a las campañas propagandísticas que querían hacer pasar a Cuba por una infame dictadura, se le sumaban operaciones militares planificadas, como el deshonroso intento de invasión de Bahía de Cochinos, que el pueblo en armas aplastó con firmeza.

Las agresiones, no obstante, no acabaron aquí y desde hace ya 60 años EEUU es el causante de un criminal bloqueo económico que busca ahogar a la isla, sin importar las consecuencias. El bloqueo lastró indudablemente el desarrollo de Cuba, que con apenas 11 millones de habitantes y tras la caída de la URSS, se vio obligada a buscar fuentes de divisas como el turismo, con tal de poder adquirir aquello que no puede producir. Y, pese a todo, Cuba es uno de los países con menor tasa de desempleo, con tan solo un 3,9%, y tiene un desarrollado sistema educativo público de calidad y uno de los mayores niveles de seguridad de américa latina.

El amplio desarrollo de Cuba, la dignidad de la llama revolucionaria, que por más que soplen algunos no van a lograr extinguir, ha sido, incluso bajo las duras condiciones de la pandemia, un claro ejemplo de lo que se puede conseguir si son los trabajadores los que toman el poder. Mientras España cuenta hoy en día con 1.700 muertos por COVID-19 por millón de habitantes, en Cuba apenas se registran 152 muertos por cada millón de habitantes. Mientras los países “desarrollados” hacinaban a los trabajadores en un masificado transporte público para que la rueda de la producción no se detuviese, a la par que los culpaba del incremento de contagios, Cuba enviaba brigadas médicas para prestar servicio allí donde se les necesitara, incluyendo países europeos como Italia. Mientras los monopolios farmacéuticos hacían de la salud un negocio, negándose a liberar las patentes y suscribiendo oscuros pactos bilaterales con determinados países, Cuba desarrollada dos vacunas propias, Soberana 2 y Abdala, que han demostrado ampliamente su eficacia y seguridad.

Pero, pese a las innegables virtudes de la isla en la gestión de la pandemia, la situación que vive el país no es fácil. Al repunte de casos de COVID-19, que siguen estando muy por debajo de los detectados por la mayoría de los países, se suma la complicada situación económica provocada por la paralización total del turismo, una de las entradas de divisas de Cuba. Una situación que, de nuevo, ha sido aprovechada por la gusanera para intentar volver a tiempos pretéritos. Envuelto en una campaña de mentiras, de burdas manipulaciones y tergiversaciones, EEUU ha iniciado su enésima ola propagandística con el objetivo de que Cuba vuelva a ser el patio trasero de la decadencia estadounidense. Es de destacar, cómo no, el papel de los medios hegemónicos y de los personajes públicos de tres al cuarto, y es que es significativo que aquellos que hoy braman contra el pueblo cubano (sí, contra el pueblo, que está en las calles defendiendo la revolución), ayer callaban con la represión en Colombia y con los más de 70 muertos en las protestas en Sudáfrica. Una vez más, queda claro que el capital apunta y los medios disparan.

Cuando todo haya pasado, cuando una vez más el pueblo cubano se alce victorioso, tiempo habrá para hablar de errores, tiempo habrá para que los propios cubanos profundicen en la revolución que exitosamente iniciaron en 1959. Pero, para que esto sea posible, la revolución ha de pervivir. Aquellos que hoy se mantienen neutrales, bien por su oportunismo, o bien por las dificultades de observar la realidad desde lo alto de la atalaya que proporciona el más pedante de los academicismos, le hacen el juego, una vez más, al imperialismo estadounidense, lo quieran o no. Y para ellos solo cabe recordar que, como decía el Che, “los términos medios son la antesala de la traición”.

Cuba va, cuba vencerá.

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