El referéndum celebrado en 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN constituye uno de los mayores fraudes políticos de la historia reciente. No fue una consulta libre ni neutral, sino un mecanismo cuidadosamente diseñado para legitimar una decisión ya tomada por las élites políticas y económicas: la integración definitiva de España en el bloque militar imperialista occidental. La pregunta no ofrecía una alternativa real, sino que imponía una permanencia condicionada por tres compromisos que, con el tiempo, se revelaron como simples instrumentos de engaño.