¿Por qué EEUU y los medios occidentales evitan condenar los lazos de Ucrania con el neonazismo?

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Un reciente artículo en el New York Times denunciando la simbología nazi presente en los uniformes de las Fuerzas Armadas de Ucrania se preguntaba por qué los vínculos con grupos neonazis del régimen de Kiev no generaban una mayor condena de funcionarios y medios occidentales. Sputnik habló con expertos para analizar el tema.

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Rodrigo Duarte.— “El gobierno ucraniano y los aliados de la OTAN han publicado, y luego borrado de manera discreta, tres fotografías al parecer inofensivas de sus redes sociales: un soldado de pie entre un grupo, otro descansando en una trinchera y un trabajador de emergencias posando frente a un camión. En cada fotografía, los ucranianos de uniforme usaban parches con símbolos que se hicieron famosos en la Alemania nazi y que desde entonces han formado parte de la iconografía de los grupos de odio…”.

 

Así comienza una nota publicada recientemente en el New York Times que hace foco en lo que llaman “la complicada relación” del Ejército ucraniano con los grupos neonazis, vínculo que se extiende hasta lo más alto del régimen de Kiev y que viene siendo denunciado desde hace años por Moscú, con el propio presidente Vladímir Putin habiendo denunciado que Ucrania comete crímenes neonazis contra la población rusa en su territorio.

Vale recordar que, previo a que Rusia lanzara la operación militar especial en Ucrania para, entre otros objetivos, desnazificar al país europeo, los medios occidentales solían cubrir profusamente lo que, en una columna publicada en el 2018, la agencia Reuters llamó “el problema neonazi en Ucrania”.

“Kiev está lidiando con un problema creciente (…): los vigilantes de extrema derecha que están dispuestos a usar la intimidación e incluso la violencia para promover sus agendas, y que a menudo lo hacen con la aprobación tácita de las fuerzas del orden. Una manifestación del 28 de enero, en Kiev, de 600 miembros de la llamada Milicia Nacional, un grupo ultranacionalista recién formado que promete usar la fuerza para establecer el orden, ilustra esta amenaza”, advertía la nota.

De la misma manera, la BBC, en un artículo sobre el ascenso del neonazismo en Ucrania, se preguntaba: “¿Existe una ideología de extrema derecha en Ucrania?”. Y respondían en la nota: “Sí. Los funcionarios ucranianos y los aliados extranjeros, como Estados Unidos y los países europeos, a menudo niegan la importancia de los movimientos neonazis y de extrema derecha en la política interna de Ucrania, pero esos grupos existen”.

En la misma investigación, el medio británico señalaba los vínculos entre los integrantes de Batallón Azov (prohibido en Rusia por extremista y terrorista), una unidad neonazi que forma parte de la Guardia Nacional de Ucrania, la policía militar del país, y quien fuera ministro del Interior, Arsen Avakov, quien incluso llegó a nombrar como viceministro de su cartera a Vadim Troian, integrante de la milicia neonazi.

En el 2018, cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó un paquete de ayuda por 620,7 millones de dólares para entrenar a las fuerzas militares ucranianas, a las que venía financiando luego de instigar el golpe de Estado contra el presidente Víktor Yanukóvich, se estableció una disposición en la normativa que explicitaba que “ninguno de los fondos disponibles por esta ley puede usarse para proporcionar armas, capacitación u otra asistencia al Batallón Azov”.

“La supremacía blanca y el neonazismo son inaceptables y no tienen cabida en nuestro mundo”, declaró en ese entonces el representante demócrata por California Ro Khanna.

“Estoy muy complacido de que el ómnibus aprobado recientemente impida que Estados Unidos proporcione armas y asistencia de entrenamiento al batallón neonazi Azov que lucha en Ucrania”.

Y cuando a finales del 2018, la legislatura regional en Lvov, en el oeste de Ucrania, anunció que el 2019 sería “el año de Stepan Bandera”, en conmemoración del 110 aniversario del nacimiento de la repudiada figura ucraniana que colaboró con los nazis, el embajador de Israel en el país de Europa del este condenó en duros términos la decisión, a la que calificó de “glorificación de aquellos directamente involucrados en horribles crímenes antisemitas”.

“Ucrania no debe olvidar los crímenes cometidos contra los judíos ucranianos y de ninguna manera celebrarlos honrando a sus perpetradores”, dijo en aquel momento el diplomático de Tel Aviv.

Una verdad incómoda

Pero en el 2023, y pese a que la situación con el neonazismo en Ucrania ha empeorado, con el propio líder del régimen de Kiev Volodímir Zelenski subiendo fotos con soldados pronazis a sus redes sociales, los gobiernos occidentales y sus periodistas han decidido mirar convenientemente hacia otro lado, eliminando de su cobertura acerca del país este abominable aspecto de la élite militar y política del país.

La “ambivalencia” del régimen de Kiev con respecto a sus lazos con grupos neonazis, señala el New York Times en su nota, “ha dejado a diplomáticos, periodistas occidentales y grupos de defensa en una posición incómoda. Incluso los grupos judíos y las organizaciones contra el odio (…) han permanecido en silencio”, acusa.

El artículo observa además que estos actores occidentales prefieren no decir nada antes que darle la razón a Rusia, evidenciando la hipocresía de EEUU y sus aliados al evitar condenar el nazismo ucraniano solo para evitar que la guerra proxy que libran pierda apoyo internacional.

La internacionalista Sandra Kanety, profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), le dice a Sputnik que EEUU ha decidido jugársela completamente por Ucrania, y que por lo tanto no se puede esperar ningún cuestionamiento al régimen de Kiev, incluso tras ser expuesto por el New York Times.

“EEUU no puede explicar cómo es que está apoyando un país que tiene grupos extremistas tan extendidos e integrados. ¿Cómo harían para convencer a su población que tienen que seguir enviando su dinero y su armamento a un gobierno que exalta el nazismo?”, cuestiona la experta.

El Gobierno de Joe Biden no puede justificar estar financiando y apoyando grupos nazis, explica Kanety, porque su narrativa es que EEUU es el país que lleva la democracia liberal al resto del planeta, el que pelea por la libertad, por lo que debe moldear los hechos para que se ajusten a su relato.

La censura de EEUU y sus aliados

Para llevar adelante este silenciamiento y distorsion de la realidad, la Casa Blanca y sus socios internacionales vienen llevando adelante numerosas acciones inconstitucionales para censurar y eliminar información que sea contraria a su versión de lo que sucede en Ucrania, como lo demuestran varios sucesos destapados en los últimos meses.

Recordemos, por ejemplo, que apenas el mes pasado un juez del distrito federal de Luisiana prohibió a las agencias del Gobierno de EEUU mantener contacto con plataformas digitales luego de encontrar, según su fallo, “pruebas sustanciales” de una campaña de censura de “gran alcance” para borrar posteos sobre numerosos asuntos que resultaban incómodos para la Administración de Biden, entre ellos, cuentas que apoyaban la operación militar especial lanzada por Moscú en Ucrania en febrero de 2022.

Además, un informe del Comité Judicial de la Cámara de Representantes denunció el mes pasado que el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por su sigla en lengua inglesa) norteamericano ayudó al Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) a censurar cuentas prorrusas en redes sociales en el último año.

Esto se dio apenas unos meses después de que se conociera que en agosto del 2022 la cadena estadounidense CBS debió levantar de internet el documental Arming Ukraine, que aseguraba que el 70% del armamento enviado por el gobierno de EEUU a Kiev, sin arribo a su destino original, podría estar alimentando al mercado negro.

Algo similar fue denunciado recientemente por el político alemán y experiodista de ARD Christoph Horstel, quien dijo que la Casa Blanca prohíbe a los medios de comunicación europeos escribir sobre los nazis en Ucrania.

“En 2014 tuvimos grandes reportajes sobre nazis en Ucrania, y hoy han desaparecido. Esto es, por supuesto, un caso flagrante”, afirmó el periodista en una entrevista para el canal de YouTube Flavio von Witzleben. Además, considera que este fenómeno está relacionado con una “orden correspondiente” de funcionarios estadounidenses. Según él, tales instrucciones no se encuentran “sobre el papel”, sino que se dan exclusivamente por teléfono o en una reunión personal.

Pese a las evidencias flagrantes de censura, la también internacionalista Aribel Contreras, coordinadora de la licenciatura en negocios globales de la Universidad Iberoamericana (Ibero), en la Ciudad de México, le dice a Sputnik que es importante seguir reclamando a los gobiernos y a los medios que informen y condenen los vínculos del régimen de Kiev con el neonazismo.

“Debe de existir una condena internacional, ya que no es algo que se pueda dejar pasar, porque de lo contrario es estar validando las atrocidades que cometió Alemania en la Segunda Guerra Mundial”, afirma la especialista, miembro de la Unidad de Estudio y Reflexión en el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales.

“Por más que siempre que va a haber gente con un discurso extremista y de odio, como podemos ver en EEUU con el Ku Klux Klan, que todavía persiste, es necesario siempre señalar y condenar estas ideologías, porque son inaceptableque y no se pueden pemitir”, concluye.

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