Kaivon Kjems*.— En este texto, explicaré las dos líneas que existen hoy en las organizaciones revolucionarias con respecto al imperialismo. Hay varios matices dentro de cada lado, pero en esencia, todas caen en uno u otro bando.
Esta cuestión es de la máxima importancia, no solamente porque divide al movimiento comunista tanto a nivel nacional como internacional, también porque configura básicamente cómo nuestra línea de acción debe estar orientada si queremos tener éxito en la superación del imperialismo.
La perspectiva global y el rol de los movimientos antiimperialistas
Lo que observamos a escala global es una lucha entre naciones opresoras y oprimidas – entre países imperialistas y países que han sido sometidos al imperialismo. Países cuyo desarrollo ha sido históricamente subordinado a los intereses de las potencias imperialistas están ganando cada vez más independencia económica y política. Aunque los países imperialistas han sido capaces de contener este desarrollo por un tiempo, éste no puede ser eterno. Esta no es una situación estática. Las fuerzas de clase que aspiran a desarrollarse siguen existiendo y continúan su lucha.
Estas fuerzas progresistas no solamente están compuestas por la clase trabajadora del Sur Global, sino también incluyen partes de la pequeña burguesía y de la burguesía nacional en los países oprimidos. La principal atadura en la cadena de opresión actualmente es el imperialismo. Aquello que convierte a un movimiento en uno progresista es su postura en la lucha contra este sistema.
El imperialismo no puede simplemente ser reducido a una serie de datos aislados – como por ejemplo cuánto capital exporta un país. Es una relación económica y política cualitativa – una parasitaria – que extrae el plusvalor del Sur Global para el beneficio de los países capitalistas. Cuando países comienzan a salirse de esta relación, ellos debilitan a todo el sistema imperialista. Aunque estos movimientos no son necesariamente socialistas, ellos crean las condiciones para un futuro socialista. Por lo tanto, en el Partido Comunista Danés apoyamos todos los esfuerzos del Sur Global para desarrollar sus fuerzas productivas y fortalecerse a ellos mismos política y económicamente contra el imperialismo.
Nosotros consideramos noticias como el BRICS+ positivamente. Aunque los BRICS no es un bloque socialista, este juega un papel progresista en una parte del mundo que históricamente ha sido excluido del desarrollo económico que ha caracterizado a Occidente. Al igual que el capitalismo cumplió un rol progresista en la transición de Europa del feudalismo vía el desarrollo de las fuerzas productivas, el desarrollo económico – aunque sea dentro de los marcos capitalistas – en el Sur Global puede ser una fuerza progresista.
Este movimiento, por supuesto, está lleno de contradicciones. Pero estas contradicciones son secundarias, emergiendo de la principal contradicción: el imperialismo.
Irán es un buen ejemplo. En los años cincuenta, la burguesía nacional de Irán aspiraba a cumplir su papel histórico a través del desarrollo de la economía nacional y haciéndose con el control de industrias clave. La nacionalización de la industria petrolera fue un paso importante hacia el desarrollo independiente. Pero el imperialismo aplastó este intento democrático derrocando al líder electo de Irán e instalando a un monarca comprador y reaccionario.
Sin embargo, las fuerzas de clase luchando por la independencia se mantuvieron. Debido a las condiciones materiales de la época – especialmente el reducido tamaño del proletariado – la pequeña burguesía, especialmente los líderes religiosos, se convirtieron en la fuerza impulsora de la lucha antiimperialista. Esto culminó en la Revolución Islámica, que, a pesar de sus contradicciones, era en lo fundamental antiimperialista.
Solamente después de esta revolución Irán pudo seguir una vía de desarrollo independiente. El país nacionalizó sectores clave como el petróleo y la banca, apoyó a la industria local, implementó políticas proteccionistas, e invirtió considerablemente en ciencia y educación – especialmente en campos técnicos. Estas políticas llevaron a un desarrollo industrial en áreas como la petroquímica, el acero y la producción automovilística.
Aunque ciertos aspectos de la política interior de Irán pueden ser considerados reaccionarios, el país juega un papel progresista como un actor antiimperialista. La razón por la que la revolución en Irán tomó una forma contraria a nuestros ideales es que el imperialismo aplastó la revolución democrática de Irán y la izquierda y otras fuerzas de clase que lideraron esa lucha. Las potencias imperialistas después emplean las consecuencias de sus propias acciones como una justificación para futuras intervenciones.
Por lo tanto, nosotros decimos que el imperialismo es la principal atadura de la cadena – la contradicción que, cuando es entendida y comprendida correctamente, hace posible analizar y abordar las demás contradicciones. Si perdemos esta perspectiva, arriesgamos justificar las injerencias imperialistas en base a nuestros ideales subjetivos. Nos convertimos en cómplices o indiferentes en las agresiones imperialistas contra países que no cumplen nuestros estándares – en vez de manifestar nuestra más sincera solidaridad con ellos.
Nuestra comprensión del imperialismo como un sistema: relaciones económicas y explotación
En vez de proveeros de una lista de ítems sobre lo que es el imperialismo, nosotros creemos que es más importante explicar lo que hace el imperialismo.
El imperialismo es definido como una relación económica en la que el capital financiero del centro imperialista es exportado a naciones de todo el Sur Global – no para desarrollarlas, sino para explotarlas. Los países opresores exportan capital, extraen valor, y mantienen la dependencia. Esta relación crea y sostiene dos polos en el sistema capitalista global. Al igual que el capitalismo no puede existir sin la contradicción entre el trabajador y el capitalista, el imperialismo no puede funcionar sin la contradicción entre naciones opresoras y oprimidas.
En la época colonial, las capacidades productivas de los países colonizados no solamente eran ignoradas – fueron deliberadamente destruidas. Un ejemplo ilustrativo es la India. En 1750, la India representaba aproximadamente el 24,5% de la producción industrial mundial. En 1880, bajo el dominio colonial británico, esta cifra cayó por debajo del 3%.
El mismo patrón se ha repetido en otras partes del Sur Global. En América, los imperios coloniales de España y Portugal entre los siglos XVI y XVIII prohibieron deliberadamente la industria local. A las colonias legalmente se les impidió a menudo producir bienes que podrían competir con la producción de la metrópolis – por ejemplo, textiles, vino o derivados del hierro. Los británicos hicieron lo mismo: Gran Bretaña deliberadamente previno el desarrollo industrial de sus colonias norteamericanas y prohibió la producción directa de alta tecnología hasta la Revolución de las Treces Colonias.
Este sistema mercantilista obligó a las colonias a especializarse en la extracción de materias primas y la producción agrícola – azúcar en el Caribe, plata en Perú y algodón en el Sur de los Estados Unidos – mientras importaban productos manufacturados de Europa. El resultado fue una dependencia estructural y subdesarrollo – un legado que continua aun cuando el colonialismo clásico acabó.
Con el auge del imperialismo – la fusión del capital industrial y financiero, dominado por el segundo – el control colonial directo fue sustituido por medios más indirectos. A través de préstamos, inversiones en infraestructuras, desigualdades comerciales, y control empresarial, las potencias imperialistas pudieron extraer plusvalías sin una ocupación militar.
Kwame Nkrumah (el revolucionario ghanés) describió este proceso con claridad. Él señaló como los recursos de África eran utilizados “para el beneficio de intereses extranjeros”. En los años cincuenta, el continente africano proporcionó a Gran Bretaña de enormes cantidades de minerales – oro, diamantes, y muchos más. Pero como Nkrumah mencionó:
– “En ninguno de los nuevos países africanos existe una sola industria integrada que se base en tan siquiera uno de estos recursos”.
África permaneció atrapada en una economía basada en las exportaciones de materias primas y en las importaciones de productos manufacturados – una dependencia continua. La riqueza del Norte se creó a través de la explotación del Sur, dejando a la economía africana sin la posibilidad de industrializarse.
Esto es el núcleo de la lucha global bajo el imperialismo: una lucha entre fuerzas que impiden el desarrollo y las fuerzas que deben desarrollarse para sobrevivir.
Nosotros no consideramos al imperialismo como una relación puramente cuantitativa – donde la cantidad de capital que un país exporta solamente determina su carácter. Tomamos un enfoque cualitativo. Lo que importa es como el capital es empleado: si desarrolla o destruye las capacidades productivas de países del Sur Global.
De nuevo, Nkrumah lo deja claro:
– “El resultado del neocolonialismo es que el capital extranjero es empleado para la explotación en vez de para el desarrollo de las partes menos desarrolladas del mundo. La inversión bajo el neocolonialismo incrementa y no disminuye la distancia entre los países ricos y pobres del mundo”.
Él hace hincapié en un aspecto importante: la lucha no es sobre el rechazo a todo el capital extranjero, es sobre prevenir que aquel capital sea utilizado para extraer y dominar.
– “Mientras que las inversiones privadas extranjeras deben ser promocionadas, esta debe ser regulada minuciosamente para que sea dirigida hacia sectores importantes en crecimiento, sin que el control sobre estos sectores sea entregado a intereses extranjeros. Aquí otra vez, observamos la necesidad de la planificación unificada.”
Esta es la esencia de la estrategia antiimperialista de nuestra época: no la autarquía, sino el control – control sobre recursos, sobre inversiones, y sobre la orientación del desarrollo. Sin este control, la independencia seguirá siendo una mera formalidad.
Los monopolios y el capital financiero necesitan el desarrollo desigual para mantener sus súper ganancias – vía la explotación de una mano de obra barata, mercados débiles, y economías periféricas, y a través del reforzamiento de este desarrollo desigual.
Por consiguiente, en el Partido Comunista Danés consideramos la contradicción entre las naciones opresoras y oprimidas como fundamental para el imperialismo, y vemos que los mecanismos que edifican y sostienen esta relación son el eje que da vida al imperialismo.
Para nosotros, es de una importancia primordial, como dijo Lenin, tener una “clara distinción entre las naciones oprimidas, dependientes y dominadas y las naciones opresoras, explotadoras y soberanas con el fin de contraargumentar las mentiras democrático-burguesas que ignoran la esclavización colonial y financiera de la gran mayoría de la población mundial por una pequeña minoría de los países capitalistas avanzados más ricos, un rasgo característico de la época del capital financiero y el imperialismo”.
Nuestra interpretación no está basada en un análisis cuantitativo de las exportaciones de capitales para definir si un país es imperialista o no, ni tampoco en un enfoque metafísico en el que una nación, por el mero hecho de existir en una sistema imperialista global y por reaccionar en su seno, automáticamente se convierte en imperialista. Un enfoque como este impide a uno comprender el auténtico funcionamiento de los distintos aspectos de la contradicción, dejando a uno atrapado en la superficie o apariencia de algo.
Conocimiento cualitativo versus análisis superficial
Imaginar dos criaturas: una lombriz y una sanguijuela. A primera vista, se parecen. Ambos tienen un cuerpo blando, segmentado y viven en un ambiente húmedo. Se desplazan de formas similares y comparten rasgos biológicos. Pero su función – lo que ellos hacen – revela una diferencia esencial: la lombriz remueve la tierra del suelo, la airea, y contribuye a un medio ambiente salubre. Esencialmente es inofensiva – beneficiosa inclusive. La función de la sanguijuela es chupar la sangre de otros y sobrevivir sustentándose de ellos. Es un parásito. Sus similitudes externas esconden una diferencia cualitativa en cuanto a su papel y relación. No puedes entender que son simplemente observándolos – debes examinar cómo funcionan y que relación mantienen con otros.
Por ejemplo: Cuando Rusia exporta capital para construir infraestructuras, como por ejemplo plantas nucleares en Níger, que son necesarias para convertirlo en un país autosuficiente e industrializado – un requisito para la independencia económica – es cualitativamente distinto de cuando Francia exporta capital a Níger para extraer uranio y traerlo de vuelta a Francia.
Capital del primero desarrolla las fuerzas productivas de los países en el Sur Global y suministra electricidad, mientras que la segunda forma de capital deja al país con un 80% de la población sin acceso a energía – mientras que el 30% del consumo de uranio de Francia proviene de ahí.
Uno es ventajoso, otro parasitario. Si confundimos las lombrices con las sanguijuelas e intentamos erradicar a ambas a la vez, agotaremos nuestro suelo e impediremos que crezca.
Por esta razón, el Partido Comunista Danés no pone condiciones morales o ideológicas en esta lucha económica. Y para nosotros:
“La contradicción geopolítica principal en el presente es entre, por un lado, las fuerzas que quieren mantener la hegemonía del bloque imperialista transatlántico, y por otro lado, las fuerzas que persiguen un orden mundial multipolar. Los grandes trastornos en el sistema imperialista mundial y la aparición de múltiples polos pueden allanar el camino para nuevas alianzas que puedan aprovechar las contradicciones del sistema imperialista.”
* Secretario de Internacional del Partido Comunista Danés