«EE. UU. pretende imponer transición en Venezuela»: análisis del intervencionismo tras ataque militar

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La periodista cubana Ana María Badia analizó en exclusiva para teleSUR las declaraciones del presidente Trump sobre «dirigir» una transición en Venezuela, su crítica a Machado y la amenaza de una «segunda oleada» que desafía la soberanía y el derecho internacional.

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América Latina y el Caribe se ha declarado históricamente como zona de paz, principio que hoy enfrenta su prueba más severa ante una escalada bélica que amenaza con desestabilizar toda la región. Foto: EFE

La periodista y analista cubana Ana María Badia ofreció a teleSUR un análisis exclusivo sobre las implicaciones de estas declaraciones, que chocan frontalmente con la imagen de un pueblo venezolano movilizado en las calles defendiendo su independencia, y que levantan cuestionamientos fundamentales sobre la legalidad y el presunto derecho de una potencia extranjera para intervenir en los asuntos internos de otra nación.

Badia subrayó que un análisis crítico de la situación evidencia que, históricamente, las intervenciones militares de Estados Unidos no han conducido a la prosperidad ni a la estabilidad en las naciones afectadas. «Este historial plantea la preocupación sobre cuál sería el costo humano para el pueblo venezolano si se materializara una transición dirigida por Estados Unidos», advierte la periodista.

El escenario descrito por Trump podría representar un costo altísimo en vidas y bienestar para los ciudadanos que hoy expresan su férrea voluntad de defender la independencia nacional. Los precedentes de Irak, Libia, Afganistán y otras naciones intervenidas muestran el devastador saldo de muerte, destrucción y caos que siguen a estas operaciones presentadas como «liberadoras».

La analista enfatizó que las declaraciones del presidente estadounidense desafían abiertamente los principios del derecho internacional, particularmente los artículos 1 y 2 de la Carta de las Naciones Unidas, que consagran el respeto a la soberanía de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones internacionales.

Estrategia de diferenciación política

Trump señaló que María Corina Machado «no presenta ningún liderazgo» y que «el pueblo venezolano no la quiere». Según Badia, estas afirmaciones se enmarcan en una técnica comunicacional y política conocida como diferenciación, que busca establecer una separación entre los distintos niveles y culturas políticas dentro del escenario venezolano.

«Esta estrategia podría buscar posicionar o reubicar a figuras políticas dentro del panorama venezolano, con posibles contradicciones respecto a expresiones previas», explica la periodista. La maniobra revelaría fracturas o recalibración de la estrategia estadounidense respecto a quiénes considera aliados funcionales para imponer un cambio de régimen favorable a los intereses imperiales.

Las palabras de Trump contrastan con el respaldo explícito que sectores del establishment estadounidense habían brindado previamente a Machado, lo que sugiere una reconfiguración táctica ante el fracaso de anteriores intentos desestabilizadores, desde el autoproclamado gobierno paralelo de Juan Guaidó hasta las sucesivas campañas de máxima presión mediante sanciones económicas.

La amenaza de una «segunda oleada»

La posibilidad de una «segunda oleada» mencionada por Trump ha generado profunda inquietud en la comunidad internacional. «Un plan de acción que contemple tal escenario debería preocupar a cualquier persona en el mundo, sin importar su posición política», advierte Badia con contundencia.

La analista subraya que resulta crucial cuestionar qué visión podría detener lo que está sucediendo en el ámbito internacional, especialmente cuando se trata de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. La amenaza de intensificar la agresión militar contra Venezuela representa un peligroso precedente que socava los cimientos del sistema multilateral.

El ataque del pasado sábado a la 1:58 de la madrugada dejó víctimas civiles en Caracas, Aragua, Miranda y La Guaira, mientras que el presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores permanecen capturados por fuerzas estadounidenses. El Ministerio de Exteriores de Rusia confirmó su presencia en territorio estadounidense y exigió su liberación inmediata.

La vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez convocó un Consejo de Defensa de la Nación y fue contundente: «En Venezuela hay un solo presidente y se llama Nicolás Maduro». El gobierno bolivariano activó todos los mecanismos de defensa integral, movilizando a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y al pueblo organizado para proteger la integridad territorial.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, calificó los bombardeos como una «afrenta gravísima a la soberanía» y advirtió que atacar países constituye una flagrante violación del derecho internacional que conduce a un mundo donde prevalece «la ley del más fuerte» sobre el multilateralismo.

México condenó las acciones militares como una violación del artículo 2 de la Carta de la ONU, mientras que el canciller ruso Serguéi Lavrov expresó «firme solidaridad» con Venezuela y ratificó el respaldo de Moscú al gobierno bolivariano.

Badia contextualiza que el ataque se inscribe en una larga historia de intervencionismo estadounidense en América Latina, desde las invasiones a Guatemala (1954), República Dominicana (1965), Granada (1983), Panamá (1989), hasta los golpes de Estado en Chile (1973), Argentina (1976) y Honduras (2009), entre muchos otros episodios que marcaron décadas de inestabilidad regional.

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