Viene un siglo de combate

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Leonel Nodal (Juventud Rebelde).— Un sexto sentido que me mantiene medio despierto desde hace más de seis décadas, desde los días de Girón, me puso en pie este sábado mucho antes del amanecer… Consulté la hora en el móvil y ahí sentí el fogonazo: aviones de guerra estadounidenses atacaron Caracas, los yanquis secuestraron a Maduro.

 

Un asalto relámpago, una operación quirúrgica, pensé. Fue inevitable recordar aquel primer comunicado de Fidel anunciando la invasión. Y 72 horas después, la victoria. Y pocos días más tarde la admisión pública de la derrota por Kennedy, ante las cámaras de TV. Nunca nos lo han perdonado. Por eso son el odio acumulado, el ansia de venganza y la impotencia de todos los sucesores que la han intentado, sin éxito. Eso explica la roña de Trump y Marco Rubio, y la peligrosa euforia que exhibieron hoy.

Son ignorantes de los tantos vínculos históricos entre cubanos y venezolanos: la influencia de Bolívar y la admiración de Martí; el respaldo popular a la lucha contra Batista, después  de la caída del dictador Pérez Jiménez; el estremecedor recibimiento a Fidel en Caracas, a pocos días del triunfo de enero de 1959; y por último, la irrupción de Chávez y su devoción por Cuba y la sólida alianza forjada con el Comandante en Jefe. Les revuelven los hígados y nutre el ensañamiento contra la Isla.

Por eso, en apenas dos horas, tras el llamado a rechazar la agresión y reclamar la libertad de Maduro y Cilia, miles de cubanos —habaneros— colmaron la legendaria Tribuna Antimperialista, presidida por la estatua de José Martí, justo frente a la Embajada de Estados Unidos, un espacio dominado en los años de la república neocolonial por un monumento con el águila imperial en la cima, derribada por la ira popular en 1959.

Un sentimiento semejante, de repulsa a la agresión imperial contra el pueblo hermano de Venezuela —al que Trump dice que arrebatará su riqueza petrolera y gobernará hasta disponer de un gobierno a su antojo—, inundó está mañana la Tribuna martiana, bolivariana, chavista, fidelista y firmemente antimperialista, como resaltaron en sus discursos solidarios líderes de la sociedad civil cubana y de la cultura, que reclamaron en todos los tonos «libertad para Maduro y Cilia», respeto para la independencia y la soberanía de Venezuela.

Lo dijo con la claridad, fuerza y énfasis que requiere el momento el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez: por Venezuela, los cubanos estamos dispuestos a dar nuestra sangre, hasta nuestra propia vida. La agresión no puede quedar impune.

La amenaza latente contra Cuba, expuesta por Trump y su acólito Marco Rubio, también recibió un enérgico rechazo. Lo expresó en el tono propio de la sabiduría popular uno de los poetas repentistas: después de este disparate no viene un pueblo rendido, viene un siglo de combate.

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