
En su indisimulada desesperación por ganarle tiempo al irreversible proceso de creciente colapso del conjunto de estructuras económicas del Capitalismo, la facción imperialista que ocupa el Despacho Oval en este momento ha pisado el acelerador para el desarrollo urgente de todas las políticas situadas en el programa MAGA, con el que llegó a la Casa Blanca con la promesa de volver a ser la gran potencia mundial a la que todos respeten y teman1.
Rompiendo cualquier formalidad diplomática y la funcionalidad de la práctica totalidad de organismos e instituciones internacionales, que, aunque precariamente, sobrevivieron al fin de la llamada Guerra Fría2, el imperialismo estadounidense ha iniciado una carrera destinada a la dominación global del Planeta.
Una carrera sin límites ni aliados, donde solo la sumisa aceptación de todos sus planes impide ser objeto de sus amenazas y agresiones.
Una situación que, destinada a defender la cuestionada hegemonía económica y monetaria de la nación que, ya hace tiempo, dejó de ser la potencia que, tras derrotar a la URSS, impuso su orden internacional unilateralmente, solo puede justificarse con argumentos supremacistas y mesiánicos propios de la que se considera Nación elegida para guiar el mundo, que son absolutamente inaceptables bajo cualquier prisma que no sea el suyo y el de sus vasallos.
Una realidad diferente que es preciso considerar y evaluar en el actual escenario multipolar en el que la contradicción entre el Imperialismo y la soberanía de los pueblos se sitúa en el primer plano del enfrentamiento internacional.
Hecho sobre el que es importante señalar que, si bien se expresa de forma más evidente en esta coyuntura por las formas y agresividad yanquis, no es nada nuevo ni exclusivo de las políticas de Donald Trump y su equipo, pues una correcta consideración de la trayectoria histórica del imperialismo norteamericano exige no olvidar las políticas, igualmente imperialistas y genocidas, de anteriores administraciones norteamericanas, tanto del Partido Demócrata como del Republicano.
El bombardeo de Yugoslavia, las dos guerras de Irak, la destrucción de Libia, Afganistán, Siria, Sudán, RD del Congo, las criminales “revoluciones” de colores, el Maidán… no se pueden dejar de lado en aras de centrarse en la crítica a las políticas de la Administración Trump y la consideración del salto cualitativo en el ejercicio de la dictadura del Capital que representan.
Pues ya sin ambages y sin usar argumentos falaces, como usaban Obama, Biden, Bush, etc. hablando de democracia, libertad y derechos humanos, todas las políticas que desarrolla la Administración Trump se orientan a la consecución de sus propósitos, sin ningún tipo de límite formal o consideración ética respecto a nada ni a nadie. Es la ley del más fuerte, es la barbarie fundamentada en la deshumanización del otro, del diferente, del crítico.
Es el fascismo supremacista, racista, neocolonial y profundamente anticomunista de aquellos WASP3 tan propios del Ku Klux Klan, que, abrazados a sus hermanos sionistas, pretenden cabalgar sobre el conjunto de la Humanidad, destruyéndola y poniéndola a su servicio.
Es el enemigo principal, la Hidra a la que es urgente cortar definitivamente la cabeza, uniendo todas las fuerzas y capacidades de los diversos sujetos sociales y políticos objetivamente amenazados por su existencia.
¿CÓMO CORTÁRSELA? ¿A QUIÉN LE CORRESPONDE SER HÉRCULES?
Esas son las grandes preguntas y el enorme reto que le corresponde asumir al conjunto de organizaciones y partidos comunistas, dando respuestas concretas que propicien la acción revolucionaria de las masas, en torno a un eje central de intervención política, que es el concepto de RESISTENCIA contemplado en toda la amplitud de su significado.
Resistencia es enfrentamiento y unidad al mismo tiempo.
Enfrentamiento irreconciliable con el Imperialismo y Unidad firme para la Victoria entre diferentes, con el propósito compartido de derrotar al enemigo común.
Enfrentamiento y Unidad sustancian la capacidad de Resistencia de los pueblos.
Enfrentamiento y Unidad, que exige desarrollos concretos en cada formación social y, necesariamente, debe estar en la base del ansiado y necesario Frente Mundial Antiimperialista, que ya no permite más demora, ni indefiniciones programáticas interesadas, por parte de quienes se llenan la boca con él, pero no hacen nada para desarrollarlo.
Igualmente, es importante señalar que, desde la consideración de las diversas realidades sobre las que se articula la lucha antiimperialista a nivel internacional hoy, es preciso definir los marcos específicos para su desarrollo en cada lugar, huyendo de formulaciones generales sin correlato en la realidad.
El reto es que aquí y ahora, conforme al análisis concreto de los diferentes contextos en los que se desarrolla la lucha de clases y el trabajo antiimperialista, se propicie un proceso de acumulación de fuerzas que permita avanzar hacia la conformación de la Alianza Social (FOPS), que, abriendo las puertas del Poder Obrero y el Socialismo, enfrente los planes genocidas del Imperialismo yanqui, el sionismo y todos sus aliados internacionales (OTAN, AUKUS), en esta suerte de nueva internacional fascista, que abiertamente se constituye como la alternancia posible en la gestión de los intereses oligárquicos en el Estado español.
Una alianza que, requiriendo un desarrollo cierto de estructuras antiimperialistas de base que unifiquen y coordinen los diferentes espacios de lucha compartimentados que hay hoy en día, debe aspirar a tener la capacidad de trascenderse y adquirir un claro carácter de masas, convirtiéndose en un factor determinante en el desarrollo de la lucha de clases.
Propósito que, para alcanzarse y no perderse en el marasmo reformista de determinados liderazgos y del miedo a la amenaza de la ultraderecha que no defiende el “jardín europeo”4, exige la habilidad y la inteligencia política necesaria para sostener la disputa política por la hegemonía social entre el campo revolucionario y el reformismo, sin caer en el sectarismo ni en la claudicación frente a la socialdemocracia en sus diferentes formas y expresiones políticas y sociales.
Una confrontación que, sin alejarse de las masas ni renunciando a su más amplia unidad de acción, coloque el horizonte de la movilización y la defensa de sus intereses y necesidades como el único posible para, superando la barbarie capitalista, transitar hacia un nuevo tiempo civilizatorio donde el Socialismo5 sea garantía de la liberación de los pueblos y el respeto a su soberanía e identidad cultural, frente a las prácticas neocoloniales y genocidas del Imperialismo.
1 Volver a hacer América grande.
2 Que nada tuvo de fría y fue extremadamente violenta con decenas de millones de asesinados por el Imperialismo en los 5 continentes en multitud de guerras declaradas, así como mediante episodios de guerra sucia y represión contra el movimiento revolucionario. Corea, Vietnam, Laos, Guatemala, Nicaragua, Chile, Argentina, Indonesia, Gladio, Angola… no se pueden olvidar.
3 Blanco, anglosajón y protestante.
4 El mismo que cierra fronteras, privatiza los servicios públicos, desarrolla la militarización de la sociedad, blanquea el fascismo…
5 Como lo fue con la URSS desde el primer momento de su existencia, constituyéndose en un elemento central para las luchas de liberación nacional.

