Trump y Netanyahu usan la guerra para tapar sus vergüenzas.
Los gobernantes inician conflictos y guerras externas para evitar sus problemas internos. Cuando la población está descontenta por una crisis económica, por abusos e injusticias o por la falta de libertades existe el riesgo de desencadenar una rebelión. Comenzar una guerra contra un enemigo externo puede cambiar el foco de la población. Donald Trump no ha inventado nada nuevo y hace lo que hacen siempre los mandatarios mediocres.
Saben que normalmente la guerra une a la población contra un enemigo común. Cuando un país entra en conflicto, muchas personas dejan de criticar al gobierno porque sienten que deben defender a su nación. El patriotismo, el miedo y la propaganda pueden hacer que la gente apoye al líder incluso si antes estaba descontenta. Pero en este caso Donald Trump y su gobierno de gente tan mediocre como él son la guerra, son el agresor y la guerra se sostiene desde mentiras y disculpas demasiado estúpidas y mediocres.
La guerra también funciona como una distracción política. Para desviar la atención de la población de problemas como la inflación, la pobreza, la corrupción, «listas de personas» como la lista Epstein de pederastas multimillonarios donde aparece Donald Trump o las protestas pasan a un segundo plano cuando el país está en guerra. En lugar de hablar de las crisis internas, la atención pública se centra en el conflicto, los soldados, las batallas y la seguridad nacional y se olvida del desastre social y económico en el que viven, es un modo de tapar la realidad.
En ciencia política moderna esto se conoce como una “guerra de distracción”. Líderes tan autoritarios como inútiles que usan los conflictos internacionales para aumentar su popularidad o reducir la presión interna. No significa que todas las guerras empiecen por eso, pero los historiadores han identificado varios casos donde la guerra ayudó a gobiernos impopulares a mantenerse en el poder. En ese sentido Donald Trump sigue el ABC del fascismo.
Cuando un líder teme perder el control dentro de su país, un conflicto externo puede servir para unir al pueblo, desviar la atención y fortalecer su autoridad. Donald Trump y Benjamín Netanyahu tienen mucho que tapar y esconder, la guerra trata de evitar que estos dos criminales acaben en la cárcel.
André Abeledo Fernández

