
Juan Manuel Olarieta.— El periodista Hüseyin Dogru, cuya familia es de origen turco, nació en Berlín y es ciudadano alemán. Como periodista, criticó a Israel, adoptó una postura firme contra el genocidio en Gaza y escribió en apoyo de la causa palestina.
Con la incautación de las cuentas bancarias de su esposa el viernes pasado, Dogru y su familia se enfrentan ahora a un bloqueo de subsistencia del tipo que Trump está imponiendo actualmente a Cuba y que Israel está imponiendo a Gaza.
Estamos hablando de una familia de cinco personas en riesgo de pasar hambre en la capital de Alemania como castigo por mirar las cosas con los ojos abiertos, pensar en lo que ve y luego comentar lo que ve.
Olvídense de la caridad, de poner unos euros en su mano extendida… Es un delito. Si alguien da una barra de pan a su familia para ayudarles a sobrevivir, Alemania lo condenaría a varios años de cárcel.
En efecto, estas cosas pasan dentro de Europa, un continente que alardea de su devoción por la democracia, los derechos y las libertades públicas. “La gente me pregunta qué podemos hacer. Legalmente no puedo comentar, ya que podría conectarme con el acto y poner en peligro a mi familia. Todo lo que puedo decir es que resistir la injusticia mediante la desobediencia civil es legítimo y está moralmente justificado”.
El mes pasado el periódico Berliner Zeitung publicó una entrevista con Alexander Gorski, el abogado de Dogru. “El impacto sobre él y su familia es devastador. De la noche a la mañana, sus cuentas fueron congeladas. No está autorizado a realizar transacciones financieras y cada uso de sus activos debe ser aprobado por el banco central. Actualmente, sólo se permiten 506 euros al mes, con los que debe mantenerse”.
Una muerte civil
Llevar una vida familiar normal en estas condiciones es prácticamente imposible. Esta situación a menudo se describe como “muerte civil”.
Nueve días después de la publicación de la entrevista, un tribunal de Frankfurt rechazó una petición del abogado para que el banco le entregara los fondos necesarios para pagar sus gastos. El tribunal determinó que no tenía derecho a obtener una resolución judicial.
El sábado pasado, la Oficina Central de Ejecución de Sanciones, una institución con sede en Berlín, confiscó las cuentas de la esposa del periodista. Es el mismo tratamiento reservado a las personas incluidas en la lista de sanciones de la Unión Europea.
Jacques Baud, un comentarista político suizo, es otro caso parecido. Fue sancionado en diciembre pasado por ejercer su derecho a la libertad de expresión. Su inscripción en la lista negra de sanciones de la Unión Europea dice lo siguiente:
“Jacques Baud, ex coronel del ejército suizo y analista estratégico, es un invitado habitual en programas de radio y televisión prorrusos. Actúa como portavoz de la propaganda prorrusa y difunde teorías de conspiración, acusando por ejemplo a Ucrania de orquestar su propia invasión para unirse a la OTAN”.
Los prorrusos también apoyan el terrorismo palestino
Los comentaristas asociados al desaparecido canal Redfish, parcialmente financiado por una filial del grupo Novosti–RT, son las últimas víctimas de la moderna Inquisición. La lista negra europea dice que “Dogru apoya acciones del gobierno de la Federación Rusa que socavan o amenazan la estabilidad y la seguridad en la Unión Europea”.
En cuanto a Redfish, la Inquisición tiene un amplio archivo de herejías: “Ha utilizado sus plataformas mediáticas —a menudo bajo los seudónimos ‘red stream net’ o ‘the red stream’— para difundir sistemáticamente desinformación sobre temas políticamente controvertidos con el objetivo de crear divisiones étnicas, políticas y religiosas entre su audiencia, predominantemente alemana, en particular mediante la difusión de discursos de grupos terroristas islamistas radicales como Hamas”.
Dogru ha críticado a Israel y su genocidio en Gaza y, supuestamente, utiliza esas críticas para difundir desinformación rusa destinada a desestabilizar la Unión Europea, que es una víctima propiciatoria de esas conspiraciones prorrusas.
Cuando el Berliner Zeitung le preguntó al abogado por qué había sido objeto de persecución, este respondió: “No lo sabemos. Pero observamos que el gobierno alemán, en particular, está reprimiendo a quienes expresan opiniones disidentes sobre la guerra en Ucrania o la cuestión palestina”.
Para completar el cuadro hay que mencionar que Dogru se opuso a la intervención rusa en Ucrania y abandonó Redfish inmediatamente después del inicio de la guerra en 2022.
“La Unión Europea lo ha expulsado de la Unión Europea, a pesar de ser ciudadano de la Unión Europea”, ha comentado el ex ministro griego Yanis Varoufakis. “Lo han convertido en una persona inexistente, en un ‘agente de Putin’, simplemente porque pueden hacerlo”.

