
Andreu García Ribera.— Este 16 de febrero ha cumplido Pablo Hasél cinco años de extorsión estatal. El Código Penal tipifica la extorsión como aquella conducta de quien con ánimo de lucro obliga a alguien a realizar u omitir algo en perjuicio de su patrimonio.
Es claro que el Estado español es un gran chantajista que pretende obtener un lucro político con la rendición de los presos políticos obligándoles a retractarse de su rebeldía en perjuicio de su patrimonio de coherencia y dignidad. Pablo podría estar en libertad condicional hace mucho tiempo a condición de publicitar su arrepentimiento. No lo ha hecho.
Al llegar a la prisión de Lledoners desde la cárcel de Lleida, ya le dijeron los boqueras que allí acabaría el cumplimiento de su condena (el 14 de abril de 2027). Tienen claro que no habrá la más mínima señal de arrepentimiento, que seguirá rechazando a una monarquía que se denigra cada día con su corrupción y alineamiento fascista, que seguirá denunciando la violencia de un Estado que no es otra cosa que la organización de la fuerza contra las capas populares en beneficio de unas minorías parasitarias y explotadoras.
La cárcel es una pieza importante en ese engranaje de violencia. Nada más llegar a Lledoners ha sido encuadrado en un módulo con presos extremadamente violentos y cuando ha pedido explicaciones le han enjaretado que al fin y al cabo él está condenado por enaltecimiento del terrorismo. Por esa sinrazón alguien que está encarcelado por cantar y escribir es sumergido en un módulo con violadores, asesinos, o una banda de nazis atracadores que iban por ahí propinando palizas. ¡Esta es la categorización que hace el sistema penitenciario de la libertad de expresión!
Pero toda la artillería del Estado delincuente, ha topado con la firmeza ideológica de Pablo por lo que el delito de extorsión estatal ha quedado reducido al grado de tentativa de chantaje, brutal, pero tentativa. Pablo sigue publicando poemarios, escribiendo artículos en PRESOS.ORG.ES y otros medios, concediendo entrevistas.
En este quinto aniversario de ignominia se escucharán algunas voces (pocas) que han tragado muchos silencios, pero que saben que Pablo Rivadulla es un referente de congruencia política. Una de ellas la de Pablo Iglesias que recientemente ha expresado su disgusto por la prisión de Hasél, olvidando que era vicepresidente del gobierno cuando entró en prisión y no despenalizaron los delitos de injurias a la Corona o de enaltecimiento del terrorismo. Dos Pablos, uno parangón del oportunismo, otro de la firmeza ideológica.


