Pedro Sánchez no es un socialcomunista.

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Pedro Sánchez no es un socialcomunista.

Ni hay un gobierno socialcomunista, ni de izquierdas, tampoco un gobierno de progreso, es un gobierno progre socialdemócrata que maquilla el sistema con medidas insuficientes, con leyes que quedan en papel mojado.y anuncios que son solo publicidad.

Tendremos que trabajar más años para poder jubilarnos, la medida podría ser del PPVOX pero es del PSOE-SUMAR, comparten los amos y no pueden ir a la raíz de los problemas o los llamarán radicales y ellos son la moderación hecha carne.

La reforma laboral no se ha derogado, básicamente es la misma que hizo el gobierno de Mariano Rajoy, las partes más lesivas para los trabajadores se han quedado igual, desde las indemnizaciones por despido hasta la indefensión de los trabajadores ante los despidos injustos.

El gobierno de derechas de la Unión Europea ha tenido que llamar la atención a España en ese sentido, criticando lo barato y fácil que es despedir en España y la falta de protección de los trabajadores ante los abusos y los despidos injustos, pero todo sigue igual también en ese punto.

Continúa siendo el trabajador quien tiene que demostrar que los motivos que expone la empresa en su despido son falsos, es algo increíble que sea el despedido, que sería el acusado, quien deba demostrar la falsedad de la acusación, cuando en la legalidad penal es el acusador quien debe demostrar la veracidad de las acusaciones, un gobierno de izquierdas no permitiría semejante aberración procesal.

Los contratos, los convenios, los derechos, no se respetan en la empresa privada, si un trabajador llega tarde sistemáticamente lo despiden, pero si una empresa obliga a sus trabajadores a entrar antes y salir más tarde no ocurre nada por mucho que exista sistema de fichaje, si no hay un control y si inspección de trabajo no tiene medios para hacer su trabajo todo son cantos de sirena.

El contrato de trabajo parece que solo obliga al trabajador y no al que contrata, otra patada a la justicia. Nos prometieron más inspectores de trabajo y más inspecciones de trabajo, no han hecho absolutamente nada, la inspección de trabajo sigue sin hacer ser útil, sobre todo cuando se trata de las grandes empresas a quienes todos los partidos del sistema les hacen la ola. 

Los derechos sobre el papel no existen cuando no hay consecuencias para las empresas que los pisotean, la libertad sindical es una mentira y los sindicatos mayoritarios han traicionado una y otra vez a la clase trabajadora porque sus cúpulas se han vendido a la patronal.

Con el cuento del pacto social no hemos parado de retroceder en derechos, en nuestros horarios y nuestras condiciones de trabajo, son cada vez peores porque los derechos se quedan sobre el papel y el trabajo sigue sin permitir conciliar la vida familiar y personal con la vida laboral.

La vivienda está fuera del alcance de jóvenes y viejos, la mayor parte del salario se va en la vivienda y en los servicios básicos, la alimentación se ha convertido en un lujo, la energía es cara como los combustibles. 

Tener un empleo no te garantiza dejar de ser pobre, muchos trabajadores no pueden llegar a fin de mes a pesar de trabajar sin descanso. Lo mismo pasa con lo pensionistas o con los trabajadores que han perdido su salud y viven con pensiones miserables.

La ley mordaza sigue vigente, la justicia sigue siendo un lujo para ricos, la judicatura sigue en manos de la derecha, los trabajadores siguen entrando en la cárcel por defender sus derechos, mientras gente como Montoro que convirtió Hacienda en su mafia personal sigue en la calle sin consecuencias. «La religión es como las serpientes y solo muerde a los descalzos».

Lo de Hacienda somos todos sigue siendo un eslogan publicitario, el Estado lo financian los trabajadores y no los multimillonarios, o las multinacionales y las grandes fortunas que continúan teniendo mil formas de evadir pagar impuestos. Los ricos pueden tener deudas con Hacienda, pueden negociar sus deudas, pero los pobres van a pagar sus deudas aunque vivan debajo de un puente.

La solución no es tirarse al precipicio como han hecho en Argentina votando al enfermo sociópata de Javier Milei, o en los EEUU con Donald Trump, la solución no es el PP, tampoco VOX, no son los Feijoó, Abascal, o Ayuso.

La solución es que los trabajadores recuperemos la conciencia de clase y seamos conscientes de que no nos gobiernan los nuestros, no es la izquierda, unos son solamente algo menos derecha y los otros son ultraderecha y fascismo.

La verdadera izquierda comparte trinchera con los trabajadores y combate la miseria, la pobreza, la desigualdad y los abusos, no solo gestiona el descontento y da limosnas que no permiten una vida digna.

 

André Abeledo Fernández

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