Para Estados Unidos no ha sido suficiente el criminal y ominoso bloqueo contra Cuba que ha permanecido durante más de 60 años, ahogando la economía cubana y llevando a su población a vivir situaciones de sobrevivencia. Ahora bajo el mandato de Donald Trump, el pasado 29 de enero, materializó una de las amenazas más graves contra la soberanía de este país, al firmar un decreto que prohíbe a todos los países —bajo la amenaza de aplicar aranceles y otros castigos—, la venta de petróleo a la mayor de las Antillas. Esta disposición cierra cualquier resquicio para que Cuba adquiera combustibles en el mercado internacional, incluso de terceros Estados que, hasta ahora, habían sorteado las restricciones mediante mecanismos financieros alternativos.
Con este golpe mortal, Donald Trump no sólo profundiza el bloqueo económico que pesa sobre Cuba, sino que apunta directo al corazón de su infraestructura y sobrevivencia: el sistema electro-energético.
Los efectos han sido inmediatos y devastadores, Cuba ha enfrentado apagones prolongados que superan las 20 horas diarias e incluso se han registrado por más de 48 horas en todo el país, paralizando sectores claves como la producción de alimentos, el abastecimiento de agua potable, los servicios de salud y la educación, acciones totalmente inhumanas contra el valeroso pueblo cubano. Es evidente que el propósito de Donald Trump va más allá del bloqueo material, se trata de un intento de “rendición inducida”, con la clara intención de borrar del mapa a un referente histórico de la resistencia antiimperialista en la región.
Insisto, el objetivo del decreto trasciende lo económico, se inscribe en una estrategia de máxima presión que busca generar un colapso humanitario inmediato y con ello una desestabilización social que obligue al gobierno cubano a negociar desde la asfixia. Es la reedición de la política de “cambio de régimen” con el cinismo de utilizar los recursos naturales como arma de guerra. Al impedir la compra de crudo —incluso a países aliados— Washington pretende cercar a Cuba y enviar un mensaje a toda la región: ninguna nación que desafíe su hegemonía estará a salvo de represalias.
México: solidaridad con raíces históricas
Sin embargo, el gobierno Trumpista parece olvidar algo: la resistencia, valentía y estoicismo del pueblo cubano, pues ante esta nueva escalada, Cuba ha desplegado a pesar de las dificultades, su histórica capacidad de resistencia. La apuesta por la soberanía energética se ha acelerado: se priorizan parques solares fotovoltaicos, se recuperan plantas de generación distribuida con piezas de fabricación nacional y se establecen acuerdos de cooperación técnica, con países que no reconocen el bloqueo. Sin embargo, ante esta asfixia se requiere una respuesta urgente que sólo puede provenir de la solidaridad internacional activa.
Frente a la pretensión de Washington de imponer sus leyes más allá de sus fronteras, la comunidad internacional tiene un papel insustituible, con acciones concretas que neutralicen los efectos del decreto. En este contexto, la actuación de México se ha convertido en un pilar estratégico.
Al hablar de la solidaridad internacional es obligado mencionar al pueblo y gobierno de México, un país solidario, no de ahora sino de siempre y más cuando se trata de Cuba, con quien ha tejido una hermandad a través de más de un siglo. Es el eslabón más reciente de una cadena de confraternización desde la lucha independentista de José Martí y del pueblo cubano a finales del siglo XIX y principios del XX.
Tampoco podemos olvidar cómo en 1926 llega, exiliado a México, el dirigente estudiantil y revolucionario Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista de Cuba, quien ahí radicó y fue asesinado el 10 de enero de 1929 por ordenes de Machado. Más tarde, Fidel Castro Ruz llegó a México el 7 de julio de 1955, tras ser indultado en Cuba, con sus compañeros del Movimiento 26 de Julio, para preparar la lucha contra dictadura de Batista.
Respuesta inmediata de México
En este contexto, la respuesta del gobierno y el pueblo de México, ante el decreto del 29 de enero, no es un hecho aislado, sino la expresión actual de una tradición de amistad y principios que hunde sus raíces en el apoyo a la lucha por la independencia y soberanía de la nación cubana, el voto constante en Naciones Unidas contra el bloqueo, resistiendo las presiones bajo la máxima de que “México no es colonia de nadie”.
Desde la firma del decreto, el gobierno mexicano encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ha instrumentado una serie de acciones que convierten la solidaridad en política de Estado que se resumen en las siguientes medidas:
—Garantía de suministro energético: Petróleos Mexicanos (Pemex), ha gestionado envíos de combustibles como ayuda humanitaria en buques de bandera nacional, blindados jurídicamente para evitar la aplicación de sanciones secundarias. Se ha establecido un mecanismo de intercambio directo que evita la intermediación financiera sujeta a la jurisdicción estadounidense.
—Corredor humanitario marítimo y aéreo: A través de la Marina Armada de México y de líneas aéreas estatales, se ha creado una ruta estable de suministro de alimentos, medicamentos y materiales para la reparación de centrales eléctricas, garantizando que la ayuda llegue sin condicionamientos. México ya ha enviado desde el puerto de Veracruz cinco buques además de naves aéreas con insumos de emergencia.
—Respaldo diplomático enérgico: El gobierno mexicano ha encabezado, junto a otros países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), una declaratoria que califica el bloqueo energético como violación del derecho internacional y ha ofrecido su representación consular para proteger los intereses cubanos en países donde las medidas coercitivas buscan aislar aún más a la isla.
—Movilización popular y solidaridad social: Los sindicatos, partidos políticos, organizaciones campesinas, universidades y colectivos de solidaridad en México han activado campañas de donación de víveres y alimentos imperecederos, medicamentos, material hospitalario, paneles solares portátiles y generadores de energía, baterías, entre otros insumos. El pueblo mexicano ha convertido la solidaridad con Cuba en una causa propia, desplegando caravanas y jornadas de visibilización en todo el territorio nacional.
De esta forma el agresivo decreto firmado por Trump el 29 de enero que busca asfixiar a Cuba en un momento de enormes desafíos, desestima insisto, dos factores: la capacidad de resistencia del pueblo cubano y la fuerza de una solidaridad internacional que en México tiene uno de sus pilares más firmes. Mientras Washington apuesta por la coerción, México apuesta por la cooperación, mientras se imponen bloqueos, aquí se tejen puentes de amistad, hermandad y apoyo recíproco entre las dos naciones.
La solidaridad del gobierno y el pueblo de México forjada en una tradición histórica de amistad y principios, se alza como un muro moral y material contra la pretensión de Estados Unidos de convertir el petróleo en un arma de dominación. En esa resistencia compartida Cuba no está sola, México la apoya y América Latina volverá una vez más a demostrar que la unión y la solidaridad son la mejor respuesta a quienes pretenden dividirnos.
Con todas la acciones tanto del gobierno como del pueblo mexicano se mantiene hoy y se mantendrá el apoyo irrestricto al pueblo cubano, a la Revolución Cubana encabezada por Fidel Castro. México mantiene el principio que estableció el presidente Adolfo López Mateos, “la defensa del principio de no intervención y la consolidación de una política exterior basada en la autodeterminación de los pueblos”.
En cada momento histórico, México ha sabido estar del lado correcto, y hoy esa tradición se expresa con la contundencia de un pueblo y un gobierno que entienden que la defensa de Cuba es también la defensa de su soberanía y de Latinoamérica. Y que Cuba seguirá siendo siempre ejemplo de lucha, justicia y autodeterminación, solidaridad, de internacionalismo y desde luego de dignidad.
¡Hasta la Victoria siempre!
(*) Diputada Federal en México

