
Las y los marxistas‑leninistas debemos actuar como vanguardia consciente, orientando y dotando de dirección política a estos procesos, sin dejarnos arrastrar por la corriente del momento. Esa corriente espontánea, en la mayoría de las ocasiones, desvía el conflicto de sus intereses de clase y lo reduce a un enfrentamiento parcial, aislado o meramente reivindicativo.
Siendo conscientes de que, bajo el capitalismo, los márgenes o espacios para ejercer un verdadero poder obrero son casi inexistentes o extremadamente reducidos, debemos aun así trabajar para que estos comiencen a abrirse e implantarse. Es imprescindible situar en el seno de las masas trabajadoras propuestas que vayan más allá de la reivindicación inmediata. Es importante y necesario que obreras y obreros comprendan y sean conscientes de la fuerza y la capacidad de transformación que poseen como clase.
Con demasiada frecuencia, las trabajadoras y los trabajadores emprenden batallas espontaneas e individuales con la intención de hacer ceder al burgués. Estas acciones, que muchas veces se interpretan como gestos de heroísmo de clase, en la mayor de las ocasiones terminan produciendo resultados contrarios a los deseados. Al estar enmarcadas en una lucha aislada e individual, suelen ser derrotadas por la patronal, y las consecuencias políticas —desánimo, pérdida de confianza en la posibilidad de vencer al capital— alimentan una cultura de desmovilización.
Toda batalla debe ser preparada y organizada desde los espacios colectivos: organizaciones sindicales, estructuras de lucha y ámbitos amplios del movimiento obrero. Pero, sobre todo, deben apoyarse en propuestas que superen los estrechos márgenes que impone la dictadura del capital.
Es necesario situar propuestas claras y contundentes, incluso sabiendo que habrá sindicatos que no las acepten. La principal de ellas es el control obrero sobre el empleo y la producción.
El “control obrero del empleo” se refiere a que la clase trabajadora ejerza poder directo sobre la organización del trabajo, la contratación, las condiciones laborales y la gestión productiva, en lugar de dejar todas estas decisiones en manos del capital o de un gobierno y un Estado que actúan al servicio y en defensa de los intereses de ese mismo capital.
Es una forma específica de control obrero, aplicada al ámbito del empleo y la fuerza de trabajo.
El control obrero es la gestión democrática de la producción por parte de las y los trabajadores, mediante órganos propios como asambleas, comités o consejos. Este concepto aparece históricamente ligado a la lucha por superar la explotación capitalista y disputar el poder dentro de los centros de trabajo., a través de este se manifiesta con toda crudeza la contradicción capital/trabajo
Control que debe estar ordenado y estructurado en puntos concretos:
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Control sobre la contratación: impedir el amiguismo, la discriminación y la arbitrariedad patronal. Bolsa de contratación en la que son los órganos del control obrero quienes distribuyen el trabajo.
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Control sobre los ritmos, turnos y organización del trabajo: decidir colectivamente cómo se trabaja y en qué condiciones.
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Control sobre la disciplina laboral: que no sea el empresario quien impone sanciones o despidos, sino no los órganos obreros.
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Control sobre la distribución del trabajo: evitar el paro estructural y la sobreexplotación mediante planificación colectiva.
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Control sobre la productividad y los objetivos: decidir qué se produce, para quién y con qué criterios.
En todos estos casos, el control obrero aparece como respuesta a la explotación capitalista, que históricamente se caracteriza por jornadas extenuantes, bajos salarios y ausencia de derechos.
¿Por qué es importante hablar de “control obrero del empleo” hoy?
Porque en contextos de:
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precariedad,
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fraude laboral,
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sobreexplotación de inmigrantes,
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externalización,
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automatización,
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paro estructural,
La patronal concentra un poder absoluto sobre quienes trabajan, cuánto trabajan y en qué condiciones. El control obrero lucha y desequilibra esa relación de fuerzas.
¿Qué formas y practicas deben adoptarse ?
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Comités de empresa deben tener poder vinculante.
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Asambleas de trabajadores que deciden sobre ritmos, turnos y contratación.
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Bolsas de empleo gestionadas por estructuras obreras y sindicatos de clase.
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Control obrero y sindical sobre , subcontratas y procesos de selección.
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Auditorías obreras de las necesidades reales de empleo.
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Planificación democrática del trabajo .
Solo a través del control y poder obrero será posible modificar la actual correlación de fuerzas entre clases. Las y los comunistas trabajamos para que, desde la más amplia unidad de clase, las masas trabajadoras superen las limitaciones impuestas por la dictadura del capital y por un modelo de sindicalismo alejado de las formas genuinas de confrontación entre capital y trabajo.
Debemos convertir cualquier iniciativa obrera en punta de lanza que penetre en la conciencia de las masas trabajadoras. Estas iniciativas deben elevarse al nivel de organización colectiva y de masas; no podemos caer en la trampa del apoyo meramente solidario sin propuesta transformadora. Es nuestra obligación analizar científicamente cada conflicto e iniciativa, para desarrollar nuestra intervención desde el programa que permita superar la escasa elaboración política que suele caracterizar el inicio de las luchas.
Juan J. Sánchez





