Sobre el poder de los medios de comunicación

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Iván López Espejo (Unidad y Lucha).— No descubro nada si afirmo que los medios de comunicación de masas, situados en la esfera de la superestructura, poseen un influjo de dimensiones inconmensurables sobre la conciencia colectiva de la sociedad. De hecho, es bien conocido que, a raíz del escritor irlandés Edmund Burke, la prensa es también denominada el cuarto poder en suma a los tres poderes clásicos del Estado liberal burgués: ejecutivo, legislativo y judicial. Como muestra del mencionado influjo, en este breve artículo relato una experiencia personal a partir de la preparación de un viaje a Corea del Norte.

Personalmente, uno de los grandes placeres de viajar es el de conocer de otro modo la historia y cultura de la región de destino. Así, resulta evidente que Corea del Norte es un lugar altamente atractivo por sus significativas diferencias con respecto a los Estados occidentales como consecuencia de su particular organización socioeconómica de inspiración socialista que se remonta a 1948. Es en dicho año en el que Corea del Norte se consolida, con Kim Il-sung a la cabeza, como Estado independiente después de la división de la península coreana surgida tras la expulsión del Imperio japonés (el cual colonizaba la península desde 1910) al término de la Segunda Guerra Mundial. La división se materializó a lo largo del famoso Paralelo 38, quedando las regiones al norte y al sur bajo la influencia de la Unión Soviética y los Estados Unidos, respectivamente. Posteriormente, la Guerra de Corea, que enfrentó a las dos mitades entre 1950 y 1953 en el marco de la Guerra Fría, traería consigo la redefinición de la frontera que hoy conocemos entre Corea del Norte y su vecino del sur. Panmunjom fue el lugar, situado en el Paralelo 38, en el que se firmó en 1953 el armisticio que pausó el conflicto armado, es decir, la península coreana continúa oficialmente en guerra a pesar de los esfuerzos diplomáticos. Desde entonces y hasta hoy también a través de los líderes Kim Jong-il y Kim Jong-un, el Estado desarrolla la conocida como idea Juche, que, si bien se originó del marxismo-leninismo, se consolidó oficialmente como una doctrina separada y única del país, enfocada en la autosuficiencia nacional. A lo largo de su historia, Corea del Norte se ha visto seriamente afectada por las sanciones económicas impuestas por la criminal potencia hegemónica mundial (en franco declive) que son los Estados Unidos.

Este hecho, unido a diferentes factores como calamidades climatológicas o la desaparición del bloque soviético con el que Corea del Norte mantenía relaciones comerciales vitales, hizo que el país asiático atravesara una gran crisis, también conocida como la Ardua Marcha, a lo largo de la segunda mitad de la década de los noventa (aunque China es un importante apoyo para Corea del Norte, parece ser que, tras la muerte de Mao Zedong y la posterior apertura económica del gigante asiático en 1978, las relaciones (también comerciales) entre los dos países son complejas y pragmáticas). La hambruna acontecida durante este período causó miles y miles de muertos por toda su geografía. Hoy día, parece ser que el país se ha recuperado en buena medida de aquella sombría etapa y continúa luchando por su independencia, copando numerosos espacios en la prensa occidental como consecuencia del programa armamentístico que desarrolla con fines disuasorios frente al imperialismo yanqui.

Fue a comienzos de 2018 cuando decidí visitar Corea del Norte, viaje que comencé en el mes de agosto de 2018. Aunque viajé solo, realmente no lo estuve durante mi estancia: debido a las normas del país, todo extranjero ha de estar acompañado por un funcionario responsable mientras se encuentre fuera del lugar de alojamiento. Además, el recorrido de la visita está programado de antemano.

Desde que hice público a familiares, amigos y conocidos mi viaje al país asiático, recibí toda clase de observaciones: desde menciones positivas a reacciones negativas cargadas de prejuicios (por ejemplo, sobre el peligro del viaje), pasando por otros tantos comentarios asépticos y chascarrillos de dudosa gracia acerca del riesgo para mi integridad física o que ridiculizan al País. Por supuesto, pueden y deben hacerse todas las críticas que procedan, pero siempre desde una perspectiva científica, sistemática y rigurosa. Precisamente, esto último es lo que no practican los medios de comunicación vinculados a la superestructura de la esfera occidental.

Uno de los chascarrillos acerca del riesgo que podía correr mi integridad física durante la visita giraba en torno al famoso caso del joven estudiante norteamericano Otto Frederick Warmbier, publicitado ampliamente por la prensa occidental. Otto habría sido condenado por Corea del Norte, donde se encontraba de viaje turístico, a quince años de trabajos forzados tras sustraer un cartel propagandístico de una zona reservada al personal del Hotel Yanggakdo en Pyongyang (donde precisamente me alojé durante mi estancia en la capital del país). Otto habría sido liberado al año siguiente y devuelto en estado comatoso a Estados Unidos, donde acabó falleciendo. Sin embargo, y sin el deseo de justificar la posible actuación del país asiático, lo que la prensa occidental activamente omitía por lo general es que el joven norteamericano realizaba una acción ignominiosa consciente contra el pueblo norcoreano alentada por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Y, aunque los medios de comunicación insinuaran lo contrario, parece ser que Otto no sufrió tortura alguna mientras se encontraba detenido en Corea del Norte de acuerdo con la autopsia practicada ya en, obviamente, territorio norteamericano.

De otro lado, algunos de los chascarrillos que ridiculizaban al Gobierno iban ilustrados con sendas noticias de la prensa británica. Una de ellas, del conservador «The Daily Telegraph», se titulaba algo así como Rusia contrata a trabajadores ‘esclavos’ norcoreanos a pesar de las sanciones de la ONU. Otra, del segundo rotativo más leído en el Reino Unido y criticado por su sensacionalismo barato, el conservador «Daily Mail», titulaba Trim Jong-un: Los hombres y mujeres norcoreanos sólo pueden elegir entre 15 peinados autorizados — pero ninguno coincide con el distintivo corte de Kim Jong-un. Resulta siempre patético y deplorable cómo, por lo general, existen las suficientes matizaciones en el cuerpo de las noticias de prensa como para revelar el sesgo intencional y engañoso de los correspondientes titulares; los titulares son lo primero que los consumidores de prensa escrita leen (y, muchas veces, lo único), y su objetivo es ya no sólo captar la atención, sino manipular la percepción pública asentando prejuicios viscerales acordes a los intereses de los grupos de comunicación y sus vínculos (entre otros, económicos y políticos). Por ejemplo, en el caso de la segunda noticia, se recurre al lamentable juego de palabras Trim Jong-un, que, en castellano, vendría a significar algo así como Corte (de pelo) Jong-un. Además, si nos remitimos al cuerpo de la noticia, descubrimos cómo esta se construye en su totalidad a partir de un único tuit de un periodista finés que ha fotografiado unos carteles con unas simples guías de estilo de peinados. No obstante, para el capital, cualquier oportunidad es buena si permite el ejercicio de su proselitismo contra toda alternativa al capitalismo. Así, en el caso expuesto se recurrió a la tergiversación y ridiculización de una realidad para tratar de exaltar la relativa falta de libertades individuales en la región en contraposición a Occidente. En definitiva, los medios de comunicación de la superestructura capitalista golpean al unísono con una meta primordial: la demonización de Corea del Norte con el objeto de legitimar cualquier acción sobre el país asiático que sirva a los intereses de Occidente, como, por ejemplo, una eventual intervención armada.

A unas pocas semanas de iniciar mi viaje a Corea del Norte, comencé las últimas gestiones, como la tramitación de mi visado. Progresivamente desde ese instante, empecé a sentir cambios en mí: percepción más o menos constante de mareo, dolores de cabeza más habituales, descanso superficial, ligera taquicardia en momentos puntuales, etc. Al margen de acudir al médico, en un primer momento pensé que los mareos serían consecuencia del calor propio del estío y de una incorrecta hidratación, por lo que aumenté mi consumo de agua diario y reduje el de café. Sin embargo, observé que cuando abordaba algún asunto relacionado con mi visita a Corea del Norte, algunos de los síntomas se agudizaban. Fui entonces honesto conmigo mismo y admití que los referidos síntomas estaban causados por la ansiedad que me generaba el viaje debido a la incertidumbre en numerosos planos (uno no es inmune a su contexto social). El ser consciente de esta cuestión (que en cierto modo fue sorpresiva, dado que he disfrutado en múltiples ocasiones de viajes solo a diferentes partes del mundo) me proporcionó la determinación para no renunciar al viaje en ningún caso independientemente de lo incómodo de los síntomas, así como me alentó a afrontar la ansiedad para mitigarlos. Para ello, comencé a realizar ejercicio aeróbico a diario, a tomar alimentos naturales para reducir la sensación de mareo, y a practicar la relajación muscular progresiva de Jacobson cada noche, la respiración diafragmática o abdominal a lo largo del día (para evitar una posible hiperventilación) y técnicas de distracción. También empecé a mejorar mi hidratación, así como a prestar especial atención a mi rutina de descanso y alimentación. No estaba dispuesto a consentir que algo así diese al traste con algo tan estimulante para mí, y, hoy, varios años después, puedo afirmar que logré controlar la situación y disfrutar de esa pequeña aventura.

La experiencia descrita en el párrafo anterior me hizo, de nuevo, ser consciente del extraordinario poder de los medios de comunicación. En particular, me hizo redescubrir los siguientes dos aspectos de estos:

1) Generación de una arquitectura conexionista social: En relación con los medios de comunicación, las sociedades se comportarían como complejas arquitecturas conexionistas donde las unidades elementales serían los individuos. Dada la propiedad de la memoria en el ser humano, los individuos ejercerían una doble función social: 1) la propagación, a través del lenguaje, de la información/opinión vertida por los medios de comunicación a otros individuos (unidades elementales de la arquitectura) con los que tienen conexiones, y 2) la retroalimentación de dicha información/opinión en términos agregados, esto es, en tanto que refuerzo colectivo. Este doble mecanismo sería el encargado de tejer una amplia red social que lograría un alto grado de homogeneización del pensamiento. Finalmente, cabe mencionar que, aunque por supuesto los medios de comunicación son exógenos respecto de sus sociedades, estos formarían parte de la descrita arquitectura conexionista social.

2) Afección sobre el inconsciente: La información/opinión vertida por los medios de comunicación y desarrollada en toda su magnitud por la arquitectura conexionista social actuaría directamente sobre el inconsciente de los individuos modulando, a favor de dicha información/opinión, su pensamiento y comportamiento sin darse cuenta.

En conclusión, la breve historia aquí narrada sería expresión de la generación de una arquitectura conexionista social (comentarios sesgados negativamente generalizados sobre Corea del Norte en consonancia con el pensamiento dominante) y de la afección sobre el inconsciente (con la manifestación de ansiedad como consecuencia) como elementos propios del descomunal poder de los medios de comunicación de masas.

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