
La aprobación del presidente francés, Emmanuel Macron, tocó fondo este mes de enero al registrar apenas un 18 porciento de aceptación. Según el último barómetro mensual de la encuestadora Ipsos BVA, el mandatario atraviesa su peor momento político desde que asumió el poder. Estos resultados reflejan una fractura profunda entre el Palacio del Elíseo y la ciudadanía francesa, que desaprueba mayoritariamente su gestión.
El estudio revela que un abrumador 79 por ciento de los encuestados rechaza las políticas implementadas por el jefe de Estado. Expertos analistas señalan que esta caída libre no solo proviene de sus detractores habituales, sino también de sus propios aliados. La pérdida de confianza dentro del sector oficialista ha dejado a Macron en una posición de vulnerabilidad política sin precedentes en la historia reciente de la nación.
En este contexto de crisis, fuerzas de oposición como La Francia Insumisa y Agrupación Nacional han intensificado sus exigencias. Ambos sectores presionan para derrocar al Gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu, cuya popularidad también se encuentra en niveles críticos. Los partidos opositores buscan forzar la convocatoria de elecciones anticipadas, tanto legislativas como presidenciales, para renovar el rumbo del país.
La desaprobación no solo afecta al presidente, sino que se extiende a todo su gabinete ministerial. El primer ministro Lecornu registra apenas un 29 por ciento de opiniones favorables, frente a un 58 por ciento de rechazo ciudadano. Este escenario de debilidad interna paralizó gran parte de la agenda legislativa doméstica, obligando al Ejecutivo a buscar estrategias desesperadas para recuperar legitimidad.

Ante el complejo panorama interno, Macron intentó desviar la atención hacia la arena de la política internacional. El mandatario busca «oxígeno» diplomático mediante su apoyo a Ucrania y su mediación en el conflicto palestino-israelí. Asimismo, intentó ganar puntos mediáticos respaldando a Dinamarca frente a las ambiciones territoriales de Donald Trump sobre Groenlandia, buscando proyectar una imagen de liderazgo europeo.
Sin embargo, los analistas coinciden en que el activismo externo no logra compensar el malestar social acumulado en las calles de Francia. La inflación, las reformas impopulares y la desconexión percibida con las necesidades del pueblo mantienen la presión sobre el Elíseo. Mientras la crisis política se agudiza, el futuro del Gobierno galo parece depender de su capacidad para frenar el descontento alarmante contra su gestión.

