El fascismo y la extrema derecha hoy

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Se ha vuelto urgente analizar el resurgimiento de la extrema derecha en todo el mundo con rigor intelectual y profundidad histórica. La actual inflación de variaciones de la palabra fascismo no tapa la desorientación ante una situación que -aunque recuerda en muchos aspectos las horas sombrías del siglo XX- no deja de ser radicalmente nueva. En palabras de Stefanie Prezioso el fascismo es un movimiento político de extrema derecha que encontró su plena expresión en Italia y en Alemania en los años 20, 30 y 40 del pasado siglo, violentamente antimarxista, racista, antisemita, imperialista, basado en la destrucción de los derechos y las libertades democráticas, el rechazo a la igualdad, la estigmatización de los más débiles y la ofensiva contra las mujeres.

 

Las derechas radicales contemporáneas comparten con el fascismo histórico el nacionalismo, el racismo, el imperialismo, la homo/lesbofobia, el auoritarismo, el rechazo a los conflictos de clase en nombre de la unidad de la nación y del ‘pueblo’. Quieren destruir los derechos y las libertades fundamentales, llevan a cabo una ofensiva contra los derechos de las mujeres y señalan chivos expiatorios (antes los judíos, ahora los musulmanes y los migrantes). El fascismo histórico y los actuales movimientos de extrema derecha emergen en contextos de crisis económica y social de larga duración, de cuestionamiento de las formas de representación y la legitimidad de los partidos políticos tradicionales y pérdida de referencias y crisis cultural y moral. Donald Trump, por ejemplo,  parece haber ampliado de forma considerable sus prerrogativas, poniendo en cuestión los fundamentos de la Constitución de los EEUU.

La extrema derecha actual es ultraliberal en el plano interior y pretende reforzar masivamente las funciones represivas del Estado, destruyen los seguros sociales y los servicios públicos radicalizando el neoliberalismo de las décadas precedentes, que había presentado al Estado como un obstáculo al desarrollo económico. Se trata de un ‘fascismo‘ muy vaciado de su movimiento de masas pero que, en palabras de Alberto Toscano, conserva la idea del renacimiento  nacional y de la promoción de sus clases productivas, trabajadores y patronos codo con codo. Este campo político se esfuerza por ganar la guerra por la hegemonía cultural con apoyo del revisionismo histórico, anti-intelectualismo, fake news y censura, llevando a cabo una campaña algorítmica permanente en redes de comunicación (sitios web, redes sociales, podcasts, televisión, prensa,…) tanto más eficaz por el hecho de dirigirse a una sociedad profundamente atomizada.

Después de la crisis de 2008 y la pandemia la inseguridad, el miedo, la frustración, el sufrimiento, la alienación, la imposibilidad de proyectarse hacia el futuro, han alimentando el resentimiento de clase sin conciencia de clase. Esta radicalización de las políticas y los discursos neoliberales ha llevado al crecimiento de la ola reaccionaria y autoritaria mundial actual. David Riley y Robert Brenner hablan de un nuevo ‘capitalismo político’ caracterizado por una penetración de las esferas del poder en la dinámica autoritaria por medio de grandes grupos privados que les permite obtener considerables sobreganancias en un período de crecimiento económico ralentizado. Quienes piensan en Occidente que agitar el peligro fascista es el mejor instrumento de movilización se encuentran confrontados a una población indiferente o, peor aún, condicionada por las modas de pensamiento y el vocabulario de la extrema derecha.

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