
Blanca Rivas (Unidad y Lucha).— La consigna “Paz, techo y trabajo” resume una verdad fundamental: la Paz se construye garantizando derechos que el capitalismo le niega a la clase trabajadora y la guerra comienza en el momento en que se le arrebatan esos derechos.
Cuando las mujeres del PCPE hablamos de Paz no lo hacemos con llamamientos morales a la “no violencia” o a la “convivencia pacífica entre ciudadanos de bien” ni realizamos cándidas condenas a la guerra. Como militantes comunistas, analizamos y señalamos a los responsables, a quienes provocan las guerras y se benefician de ellas, y a quienes pagan sus consecuencias. Y esas consecuencias recaen de forma especialmente brutal sobre las mujeres de la clase trabajadora, que no son víctimas pasivas, sino sujetos políticos activos en la lucha contra el sistema capitalista que necesita la explotación, los conflictos armados, el saqueo y la violencia para reproducirse.
Las mujeres trabajadoras sufren con mayor crudeza los efectos del conflicto: desplazamientos forzados, violencia sexual como arma de guerra, pérdida de medios de subsistencia, sobrecarga del trabajo de cuidados y destrucción de servicios públicos.
En contextos de guerra o militarización, el sistema descarga aún más sobre las mujeres la responsabilidad de sostener la vida: alimentar, curar, cuidar, reconstruir…
Mientras el capitalismo destruye, son ellas las que asumen la tarea de garantizar la supervivencia cotidiana.
Para nosotras, militantes comunistas,la guerra no es una anomalía del sistema capitalista, sino una herramienta necesaria que utiliza para la acumulación, expansión y control de recursos y pueblos. El capitalismo en su crisis general se sostiene sobre la violencia y encuentra en la guerra un mecanismo para resolver sus crisis y agudizar la explotación.
Desde las comunistas que se opusieron a la Primera Guerra Mundial, como Rosa Luxemburgo o Clara Zetkin, hasta las luchas actuales contra el rearme, la militarización, la OTAN y las bases, las mujeres trabajadoras han entendido que la guerra es siempre contra los pueblos.
Por eso, nuestra defensa de la Paz no nace de un pacifismo ingenuo y pasivo, sino de nuestra conciencia de clase.
No podemos comprometernos con la Paz sin rechazar rotundamente el imperialismo, sin denunciar el papel de la OTAN y de la UE. Nada hay de emancipador en justificar guerras: ni “humanitarias” ni “preventivas” ni “democratizadoras».
Bombardear y matar no emancipa a las mujeres ni a sus hijos e hijas ni libera a los pueblos; al contrario, acaba de forma cruel con las precarias condiciones materiales de su existencia.
En nuestra lucha feminista, no entendemos la Paz únicamente como ausencia de guerra, sino como ausencia de explotación, opresión y dominación. Por eso, la lucha por la Paz es inseparable de la lucha contra el patriarcado y el capitalismo que lo reproduce, contra la violencia machista y contra la violencia estructural, laboral, económica, colonial e imperialista.
Las mujeres han estado históricamente en la primera línea del movimiento por la Paz, no desde una supuesta “naturaleza pacífica”, sino desde una conciencia de clase profundamente arraigada.
La lucha de las mujeres por la Paz es feminista pero también internacionalista y revolucionaria. Es una tarea colectiva en la que las mujeres trabajadoras no son acompañantes sino protagonistas. Defender la paz desde una perspectiva feminista es apostar por una transformación profunda de la sociedad: es luchar por el Socialismo.
Porque sin techo y sin trabajo, no hay Paz
Por eso, «Paz, techo y trabajo» es la consigna feminista, internacionalista y antiimperialista.
Es la consigna del PCPE.

