La izquierda traicionada y difamada.
Che Guevara, Fidel Castro, Hugo Chávez, Stalin, Lenin, Karl Marx, Federico Engels, Rosa Luxemburgo, Mao Zedong, Ho Chi Minh, Líster, eso es la izquierda. La izquierda lucha contra los privilegios de las élites sabiendo que en la lucha de clases la moderación y las medias tintas son la antesala de la traición.
Ellos entregaron su vida por la causa de la clase trabajadora, lucharon contra el poder y jamás se vendieron, estuvieron dispuestos a entregar sus propias vidas por la revolución. Porque la revolución no es un juego ni se lleva en la boca para vivir de ella.
Son los verdaderos revolucionarios, hombres honestos y valientes que han sido vilipendiados, difamados, con todo el aparato del capitalismo prostituyendo la historia, lanzando bulos y mintiendo, con el silencio cómplice de la socialdemocracia y de la falsa izquierda más preocupada en las redes sociales y en las encuestas de intención de voto que en defender la verdad.
Sobre sus tumbas se han vertido toneladas de basura que el viento de la historia se encargará de barrer. De esos barros estos lodos, gracias a los que han permitido que la ultraderecha reescriba y prostituya del modo más torticero y vergonzoso la historia, el fascismo ha podido volver a sembrar su odio en un terreno abonado.
La socialdemocracia no puede ocupar el espacio de la izquierda antisistema. Tanto la derecha como la socialdemocracia han tenido como objetivo principal destruir a la izquierda anticapitalista, antisistema, antifascista, a la izquierda de la lucha de clases, y al destruir ese campo han abierto la puerta de par en par a la ultraderecha.
Han conseguido que una juventud envenenada por mentiras y falsedades sembradas desde las redes sociales, una generación que desconoce la verdadera historia y han sido intoxicadas por la basura fascista, vea ahora como una opción antisistema a una ultraderecha que es el perro de guerra del sistema, lo más sistémico que existe es la ultraderecha que está financiada, organizada y dirigida por los poderes fácticos que controlan todo sin necesidad de presentarse a las elecciones. Porque los oligarcas tienen el poder y el dinero para comprar voluntades, escribir los libros de historia y controlar los medios de comunicación.
André Abeledo Fernández

