Ganó el fútbol, perdió el antifútbol
Hay finales que trascienden el resultado. La del Mundial será recordada porque España conquistó el título siendo el único equipo que quiso jugar al fútbol. Atacó, buscó el gol desde el primer minuto y asumió el protagonismo del partido. Argentina, por el contrario, apostó por un planteamiento ultradefensivo, por cortar continuamente el ritmo del juego y por sobrevivir más que por competir.
Las estadísticas reflejan con claridad esa superioridad. España monopolizó el balón, acumuló ocasiones y remató con mucha más frecuencia. Argentina apenas generó peligro y pasó gran parte del encuentro defendiendo cerca de su área, confiando en resistir y llevar el partido al límite.
Pero el debate no termina en el planteamiento táctico. La actuación arbitral volverá a ser objeto de controversia. La anulación de un gol español que muchos consideran legal, el criterio aplicado en varias acciones de juego brusco y algunas decisiones disciplinarias alimentaron una vez más las dudas sobre el arbitraje y el uso del VAR en las grandes competiciones organizadas por la FIFA.
A ello se sumó un comportamiento sobre el césped que dejó una imagen muy alejada de lo que debe representar una final de un Mundial. Las reiteradas protestas, las interrupciones constantes, las entradas duras y las acciones al límite del reglamento proyectaron una sensación de tensión permanente que perjudicó el espectáculo.
La historia del fútbol argentino es inmensa y nadie puede discutir la grandeza de generaciones anteriores ni de algunas de sus grandes figuras. Precisamente por eso resulta aún más decepcionante que una selección con ese legado apostara por un fútbol tan conservador y renunciara prácticamente al ataque durante la final.
Y lo peor llegó cuando el árbitro señaló el final del encuentro. Lejos de aceptar deportivamente la derrota, varios jugadores argentinos protagonizaron altercados y agresiones contra futbolistas españoles. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y fueron recogidas por numerosos medios de comunicación internacionales. Lo que debía haber sido el momento de reconocer al campeón quedó empañado por una reacción impropia de una final mundialista, obligando incluso a intervenir para separar a los implicados.
La ceremonia de entrega del trofeo dejó otra imagen cargada de simbolismo. Donald Trump quiso mantenerse como protagonista de la celebración mientras España levantaba la Copa del Mundo. Fue el propio Gianni Infantino quien tuvo que acercarse para intentar apartarlo y dejar el centro del escenario a los campeones. La escena fue seguida por millones de espectadores y reflejó el contraste entre quienes buscaban protagonismo institucional y quienes acababan de conquistar el título sobre el terreno de juego. Trump e Infantino, además, fueron recibidos con abucheos por parte de una parte del público presente en el estadio.
La victoria española también trascendió el terreno de juego. Desde Palestina llegaron algunas de las imágenes más emocionantes del Mundial, con aficionados celebrando el triunfo de España y siguiendo la final desde Gaza, incluso entre edificios destruidos por la guerra. En numerosos países de Europa, África, América Latina y el mundo árabe también hubo celebraciones de una selección que representó un fútbol ofensivo, valiente y protagonista. El título español fue interpretado por muchos aficionados como la victoria del juego frente al cálculo, del espectáculo frente al antifútbol.
España tuvo que imponerse a un rival incómodo, superar un partido lleno de polémicas y mantener la calma hasta el último instante. Lo hizo jugando al ataque, buscando siempre la portería rival y demostrando que el fútbol ofensivo sigue siendo el mejor camino hacia la victoria.
La derrota forma parte del deporte. Saber perder también. España levantó la Copa del Mundo con la dignidad de quien fue superior sobre el césped. Argentina, en cambio, dejó demasiadas imágenes de tensión, protestas y enfrentamientos que empañaron una final que debería haber sido una fiesta del fútbol.
Este Mundial deja una lección que va mucho más allá del marcador. Cuando el talento derrota al miedo, cuando el juego vence a las pérdidas de tiempo y cuando el balón se impone al antifútbol, quien realmente gana no es solo una selección. Gana el fútbol.
André Abeledo Fernández


Exagera el periodista. Estoy de acuerdo que Argentina jugó mal pero el arbitraje no fue favorable a Argentina, bien merecida victoria la de España pero Argentina fue un gran equipo a lo largo del mundial.