La ignorancia como bandera.

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La ignorancia como bandera.

VOX es el partido donde una panda de ignorantes que apenas saben hablar castellano se sienten superiores a quienes somos bilingües y, en muchos casos, hasta trilingües. Gente que confunde la incultura con el patriotismo y que es alérgica a cualquier cosa que huela a cultura o a saber. Una investigación publicada en Trends in Cognitive Sciences lo deja claro: hablar más de un idioma se traduce en una mejor salud mental, protege frente a los síntomas de la demencia y demuestra que la diversidad lingüística enriquece el cerebro adulto. La ciencia, una vez más, desmonta el discurso rancio de la ultraderecha.

Monolingües que se creen superiores.

La España de la derecha, y también la de algunos «progres» de salón, junto con los Estados Unidos de Trump, son de los pocos lugares del mundo donde un monolingüe se cree superior a un bilingüe. Tienen la ignorancia como bandera, y no me resisto a recordar a Unamuno, hombre profundamente de derechas, cuando dijo aquello de que «lo que más odia el fascismo es la inteligencia». Son capaces de tatuarse el nombre de sus hijos en chino o en élfico, pero se indignan cuando los gallegos hablamos gallego, los catalanes catalán o los vascos euskera. La estupidez llevada a su máxima expresión.

Un gallego puede hablar su idioma, además del castellano, y entenderse perfectamente con un portugués gracias a la hermandad histórica entre ambas lenguas, con una misma raíz común. Pero el facha que apenas domina el castellano nos llama paletos desde su Españistán particular.

Un idioma perseguido por acción y por omisión.

Nuestro idioma sigue en peligro, sobre todo por la acción y la omisión de un Gobierno de la Xunta de Galicia que lo menosprecia en lugar de defenderlo como el tesoro que es, como parte imprescindible de la identidad del pueblo gallego. El gallego fue siempre el idioma de la clase trabajadora, del campesinado, de la casa humilde, el idioma del pueblo y no de los señoritos, hablado como acto de rebeldía a pesar de las prohibiciones y las humillaciones que sufrió durante décadas.

El PP, tanto en Galicia como en Madrid, vio siempre el hecho de tener un idioma propio, en Galicia como en Cataluña o Euskadi, como un peligro para la sacrosanta unidad de España, como una agresión al españolismo rancio que representan. Ahora VOX, partido nacido del propio PP, no hace más que mostrar sin disimulo la ignorancia y el verdadero rostro de una derecha heredera directa de la dictadura franquista.

Pero seamos justos también con el PSOE, que tiene como ministro del Interior a un juez, Fernando Grande-Marlaska, que en su etapa en la judicatura se atrevió a decir que el gallego es un dialecto, menospreciándolo como idioma.

Ningún idioma es de segunda categoría.

No existen idiomas de primera y de segunda; todos deberían ser patrimonio de la humanidad, porque son mucho más que un modo de comunicarse: son el fruto de la evolución de los pueblos, siglos de construcción de comunidad lingüística. Que en el Estado español convivan cuatro idiomas —castellano, catalán, euskera y gallego— debería vivirse como un tesoro, como una fuente de enriquecimiento mutuo.

Por desgracia, no es así. Sigue habiendo quien piensa que hablamos gallego para molestar, por ignorancia o por atraso. Es gente que no entiende nada, y da igual explicárselo en gallego, en castellano o en chino mandarín, porque no quieren entender.

A la ultraderecha la mueven el odio y el miedo a lo diferente, sostenidos por la herencia del nacionalcatolicismo y del franquismo de aquella «España una, grande y libre» que nunca fue ninguna de las tres cosas en esa etapa oscura de nuestra historia.

Resistencia en cada palabra.

Debemos seguir luchando para que se entienda de una vez que no hay idiomas de primera ni de segunda, que el idioma de Galicia es el gallego y que eso no es una agresión ni una ocurrencia, sino una realidad de siglos de historia. Los idiomas no separan, abren fronteras en la tierra y en la mente.

Usar el gallego en nuestra vida diaria es un acto revolucionario y de resistencia. No lo hacemos por molestar a nadie ni como opción política: lo hacemos porque estamos en Galicia, porque el gallego es nuestro idioma, porque nos da la gana y, sobre todo, porque es necesario defender un patrimonio de nuestro pueblo tan valioso como este.

Nuestra obligación es recuperar y salvaguardar nuestro idioma para las generaciones futuras. Para seguir existiendo como pueblo.

 

Até a vitoria sempre!

 

André Abeledo Fernández

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