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La «inflación» galopante y sus causas; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

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«Antes de entrar en materia, para el lector no familiarizado con el término inflación, comprendámoslo.

En una economía de mercado, determinada por la «ley de valor», por la oferta y la demanda de mercancías, el precio de los productos, bienes o servicio, están contantemente sujetos a cambio. La inflación es pues el incremento sostenido y general de los precios de las mercancías, sean estas bienes o servicios, en un determinado periodo de tiempo, por lo común se mide en plazos de un año; este incremento de los precios supone que debido al incremento de los precios se adquieran menos mercancías con la misma cantidad de dinero. Dicho de otro modo, la inflación es la variable económica que refleja la disminución del poder adquisitivo de la moneda, la pérdida de su valor en el mercado interno. El caso contrario es la deflación que ocurre debido a una caída de la demanda general de mercancías, por lo común en un periodo de un año; el hecho final es que hay un descenso del consumo de bienes y servicios.

Como ya se ha explicado, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) implementó una economía de mercado, capitalista, bajo la tristemente célebre «economía mixta», y articuló el discurso-justificación de que se trataba de una aplicación socialista específica para las condiciones concretas de Nicaragua, y de hecho no en pocas ocasiones se apeló a la Nueva Política Económica (NEP) de la Unión Soviética para justificarla pasando por alto de que la NEP soviética partía del hecho de que el proletariado no compartía el poder del Estado ni la vanguardia del proceso con ninguna otra clase, que operaba bajo la dictadura del proletariado y que siempre el Estado soviético mantuvo en sus manos los puntos estratégicos de la economía, y que esta suponía el paulatino avance de la industrialización y del sector socialista, eliminando las clases explotadoras.

Aunque la propaganda decía reiteradamente que la economía nicaragüense era de tipología planificada, como ya explicamos a la hora de explicar la «economía mixta» la realidad era que el nuevo sistema económico no era más que el mismo viejo capitalismo, un tipo de economía regida por la ya referida ley del valor, de la oferta y la demanda, en que se prolongaba la explotación asalariada, que además tenía un abultado sector privado que cohabitaba con la sección estatal –capitalismo de Estado– y el cooperativismo clásico capitalista; y que por lo tanto solo podía tomar ciertas medidas de centralización que es algo cualitativamente distinto a la planificación socialista. Además, como ya explicamos en otros capítulos anteriores, la planificación era superflua tanto por la propia economía mixta y sus leyes de producción, por la falta de formación en economía política marxista como porque más que planificación lo que hubo en Nicaragua fueron planes orientativos no obligatorios, de hecho se cambiaban constantemente los planes y mini-planes. De ahí que no se pudiera controlar los fenómenos anárquicos y espontáneos de la economía capitalista nicaragüense.

¿Cómo se traducía en la vida cotidiana y concreta esta inflación?:

«A principios de 1985 las alzas oficiales en los precios de productos esenciales como el azúcar, maíz, arroz, pollo y aceite fueron casi de un 400%, mientras que las alzas salariales ni alcanzaron la mitad de esa cifra. La situación de los empleados públicos empeoró respecto a la de los obreros industriales. Mientras que los obreros industriales tuvieron alzas entre un 160 y un 180% los empleados públicos recibieron incrementos de sólo un 120%. Esta situación tan deteriorada del salario de los empleados públicos explica la actual preocupación, la conciencia coyuntural sobre la incapacidad del Estado para controlar la economía. Explica también las presiones que hubo a lo largo de 1985 y en este año para obtener nuevas alzas salariales e incrementos en las distintas variantes del salario social». (Revista Envío; Número 63, septiembre de 1986)

En las condiciones de baja industrialización, la producción artesanal en el campo y la ciudad, las tierras más fértiles dedicadas a los monocultivos como caña de azúcar, algodón, que a su vez disponían de la poquísima industrialización existente en el agro; las condiciones resultantes de la guerra como destrucción de fuerzas productivas o sabotajes; además del bloqueo económico de los Estados Unidos; hicieron que los productos en general redujeran su presencia en el mercado, con ello se incrementó la demanda sobre la oferta existente, en cuanto se produjo un incremento del precio sostenido y prolongado del producto disponible. A su vez los salarios fueron congelados disminuyendo aún más la capacidad adquisitiva general. La respuesta gubernamental a tan azarosa situación que se asentó, se baso en dos ejes clásicos de acción propia de la economía capitalista en crisis, con la intención de estabilizar precios y dinamizar la economía, así como mantener en alguna medida el acceso general con el objeto de evitar posibles sublevaciones populares; estas dos respuestas eran:

1) El subsidio al consumo y a la producción;

2) La institución estatal dedicada a la venta de productos de primera necesidad bajo «racionamiento».

Como era de esperar, no tuvieron efecto alguno, ya que simplemente no trataron las causas fundamentales de la inflación en lo económico, la producción estaba bajo el anarquismo capitalista, y la distribución de los bienes en manos de las clases especuladoras por antonomasia que además retenían las mercancías para incrementar sus precios: burguesía y pequeña burguesía. Desde el inicio del gobierno sandinista en 1979 hasta su caída en 1990, los fenómenos inflacionistas fueron el denominador común:

«Los múltiples paquetes económicos no han logrado detener la espiral inflacionaria que afecta al país. El ritmo de inflación ha sido más intenso este año que el pasado, particularmente en los últimos meses. El nuevo contexto macro-económico logrado por las medidas no incluyen un alivio del látigo de la hiperinflación. De esto no hay ninguna duda. La inflación está subiendo 7 veces más rápido este año que el pasado. El debate actual es sobre la causa de estos niveles tan altos de inflación. Por un lado, se argumenta que la inflación nicaragüense tiene su motor en la demanda que ejerce tanto la masa salarial como el circulante en manos de los productores. Éste argumento es débil, porque desde febrero hasta agosto se han controlado férreamente ambas supuestas causas de la inflación y sin embargo, la inflación siguió su curso ascendente». (Revista Envío; ¿Por dónde va la economía?, Número 88, octubre de 1988)

Ya explicamos en su momento la razón de esto:

«Las reformas de tipo capitalista en la producción y distribución no pueden sino alterar la base económica socialista, no existen términos medios, no puede existir una planificación socialista con economistas revisionistas-capitalista al mando sin formación económica marxista, la economía socialista no puede mantenerse y caminar por inercia». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Hay que añadir que el proceso inflacionista se vio estimulado y agravado por las características del ejército nicaragüense por varios motivos, veamos los más importantes:

1) El gasto militar elevado y la adquisición continua de tecnología militar supuso el endeudamiento externo, sobre todo con el bloque revisionista soviético, por consiguiente buena parte del presupuesto del Estado estaba dedicado a honrar esa deuda;

2) El ejército requería del suministro constante de víveres, y otros productos, que ya de por si habían disminuido en disponibilidad –baja oferta–;

3) El ejercito absorbió a una gran masa de personas en edad productiva, sobre todo a causa del «servicio militar obligatorio»; es decir, estas personas eran extraídas de los procesos productivos para alimentar a una institución no productiva, afectando por cuanto la producción de mercancías;

4) El escenario de la guerra se desarrolló en el campo, esto afectó la producción agrícola debido al: desplazamiento del campesinado por la guerra, y por el sabotaje a la producción por parte de la Contra. Aunque hay que decir que el escenario de la guerra afectó esencialmente la zona Central y Caribe, y en menor medida a la región del Pacífico del país, que es la más poblada y la que cuenta con las tierras más productivas, pero a pesar de este hecho, las tierras productivas no fueron reordenadas para la producción de bienes sino que siguieron dedicadas esencialmente al monocultivos de caña y algodón.» (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

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