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El cristianismo como línea transversal del FSLN, su gobierno y la Constitución; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

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«Existe una evidente contradicción entre marxismo y religión, sencillamente se trata de dos comprensiones filosóficas de la realidad completamente enfrentadas. Pero no solo tiene esa significancia, sino que abrir un debate sobre si son compatibles es la vuelta al socialismo premarxista, y a los conceptos antimarxistas que fueron combatidos por Karl Marx, Friedrich Engels y la I Internacional. En ese compendio de disparates, confusiones y contradicciones teóricas, incluso se impulsa la idea de que el primer comunista de la historia fue un personaje mítico judeocristiano –Jesús–; con lo que se da otro salto en la negación del materialismo dialéctico e histórico, pues de haber existido ese personaje –está por demostrar su existencia histórica–, jamás podría haber sido comunista, pues el comunismo es fruto del desarrollo histórico, de condiciones históricas concretas que solo se dieron con el desarrollo de las fuerzas productivas y con la aparición del proletariado, y que estuvo precedida de las revoluciones burguesas de finales del siglo XVIII.

En este punto hay que recalcar que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) nunca procuró la separación iglesia-Estado, a pesar del discurso, y de lo que se estipulaba en la Constitución de 1987 en cuyo artículo 14 se indicaba que: «El Estado no tiene religión oficial». Pero en realidad, en los años 80, el Estado nicaragüense tenía, por ejemplo, a tres sacerdotes católicos ejerciendo cargos ministeriales. ¿Pero cuál es el origen y como se explica el conflicto que surgió entre el FSLN y la iglesia católica? Sencillamente el FSLN en el gobierno se enfrentó al ala derechista de la iglesia católica, es decir, a la aliada tanto del somocismo en su momento, como a la burguesía-oligarquía criolla que seguían comprendiendo el país como un Estado capitalista semifeudal del que recibían suculentos beneficios, como de la Contra armada. La otra parte de la iglesia –básicamente las «bases cristianas»–, la «izquierdista» imbuida en «teología de la liberación, se comportó como un aliado debido a su beligerancia en la lucha contra el somocismo y a su discurso más o menos progresista. Dicho de otro modo: el gobierno sandinista se enfrentó únicamente a la embajada del Estado Vaticano en Nicaragua, la Conferencia Episcopal; y a pesar del virulento enfrentamiento el gobierno sandinista financió y colaboró con la iglesia para posibilitar la visita del anticomunista Juan Pablo II, lo que viene a demostrar que a pesar de las diferencias tenían un interés común: y este no era otro que continuar alimentando el oscurantismo religiosos de que ha padecido históricamente el pueblo nicaragüense producto de la imposición del cristianismo por las armas, la tortura, el asesinato, el genocidio, etc. Evidentemente que el propósito era el mismo para los dos contendientes: volver indefenso, dócil, al pueblo nicaragüense ante la lucha de clases y el proceso histórico desde la estimulación del conformismo intrínseco al pensamiento religioso.

Pero esa percepción de presunto laicismo ha ido dando paso a una machacona propaganda religiosa y a la imposición del dogma religioso en todos y cada uno de los rincones de Nicaragua, desde fiestas hasta la propia carta magna del país.

Los mismos medios favorables al cristianismo y al sandinismo se hicieron eco de la alianza entre el clero católico y la iglesia durante la vuelta al poder del FSLN en 2006:

«Con el gobierno de Bolaños hubo algunos distanciamientos entre la jerarquía y el gobierno, pero el modelo de Cristiandad continuó consolidándose. Fue durante el gobierno de Bolaños que el Frente Sandinista, ya en manos de Daniel Ortega y siempre con un enfoque coyunturalista, entendió que debía cambiar de estrategia. De nuevo en el gobierno a partir de 2007, Daniel Ortega ha desarrollado plenamente esa nueva estrategia. Se dieron cuenta de la fuerza de la religión en el pueblo nicaragüense y de la pervivencia de la tradición conservadora que predomina en la religiosidad popular. Entendieron que, a pesar de todos los esfuerzos, en los años 80 esa mentalidad no cambió. Desde esa evidencia, concluyeron que no les convenía la confrontación, que tenían que convivir con los líderes religiosos y, sobre todo, que también desde el gobierno debían alentar la religiosidad tradicional que esos líderes religiosos representan porque esa religiosidad los afianzaría en el gobierno. En consecuencia el gobierno actual, ha hecho alianzas con los obispos y con el clero. Negocian con ellos, hacen pactos con ellos, les ayudan financieramente para sus proyectos. Y como en el modelo clásico de Cristiandad la Iglesia se siente bien cuando es reconocida y tomada en cuenta por el poder, obispos y clero aceptan esto y hasta lo celebran. Si medio año antes de la caída de Somoza se celebraron 200 misas por su salud, para quedar bien con Somoza, ¿por qué no quedar bien con un gobierno del Frente Sandinista celebrándole misas, presidiendo los actos públicos del gobierno? Es la lógica del modelo de Cristiandad». (Revista Envío; ¿Es cristiano el proyecto del gobierno de Daniel Ortega? ¿Y cuál es el proyecto de la Iglesia?, Número 349, abril de 2011)

Concluye el autor:

«¿Votar por Daniel Ortega será votar por un proyecto cristiano? ¿Es cristiano el proyecto del actual gobierno del Frente Sandinista? Yo considero que este gobierno sigue manejando hoy el hecho religioso como lo hizo en los años 80 Daniel Ortega, desde la misma perspectiva: un pragmatismo coyunturalista y oportunista. A mí me duele mucho el uso oficial que de la religión hace el actual gobierno, en esos discursos oficiales impregnados de una inspiración religiosa, donde aparece mezclada la consigna de la Nicaragua «cristiana, socialista y solidaria» con las consignas de la Revolución francesa –libertad, igualdad y fraternidad–, con la consigna del «bien común», que es de tradición tomista, un concepto promovido por Santo Tomás de Aquino, a la par que escuchamos que el gobierno es «de reconciliación» habla del perdón, palabras que tienen claras connotaciones cristianas». (Revista Envío; ¿Es cristiano el proyecto del gobierno de Daniel Ortega? ¿Y cuál es el proyecto de la Iglesia?, Número 349, abril de 2011)

Pongamos sobre la mesa ejemplos del ridículo espanto al que aludimos. Daniel Ortega, máximo dirigente del Frente Sandinista de Liberación Nacional, presidente de Nicaragua, y autodenominado marxista, declara:

«A lo largo de nuestra vida, en los momentos de alegría y en los momentos de dolor, siempre he invocado a Dios, y le he agradecido a Dios. Nuestras raíces son el cristianismo, de ahí vienen nuestros valores, del cristianismo. Para llegar a Sandino, primero llegué a Cristo. Para llegar a la Revolución Cubana, primero llegué a Cristo. Para llegar a Marx, a Lenin, a Engels, primero llegué a Cristo. Para llegar al pueblo, primero llegué a Cristo. Ahí reside la principal fortaleza de este pueblo, que es profundamente cristiano, católico o evangélico; cristianos. ¿Quién más poderoso que Cristo? Dios. Solo Dios. (…) Sí, me hizo una entrevista Playboy, y me preguntaron de la revolución, e insistían en que esta era una revolución atea. Porque claro, estaba aquel principio que tenía su base de sustentación, de que la religión era el opio de los pueblos… Pero yo descubrí desde mi niñez, que Cristo no era el opio de los pueblos, ¡Cristo es, y era, la conciencia de los pueblos, y seguirá siendo la conciencia de los pueblos!». (Daniel Ortega Saavedra; Discurso en el acto de conmemoración del 35 aniversario de la Revolución Popular Sandinista, 19 de julio del 2014)

Estamos seguros que Daniel Ortega y otros, por influjo de la teología de la liberación –que alcanzó enorme influencia entre los procesos latinoamericanos de liberación–, puede haber conocido a algún autor marxista, puede que realmente se interesara por las obras de los clásicos marxista-leninistas, que realmente intentara hacer un estudio materialista a las religiones, pero lo repudiable es que no haya llegado a las mismas conclusiones que Marx y Engels y otros verdaderos revolucionarios marxista-leninistas, y que a diferencia de ello siga a día de hoy haciendo publicidad del cristianismo como «panacea» para los males de la sociedad, por encima del marxismo, el leninismo, y del «sursum corda». ¿Nos preguntamos para qué necesitan los nicaragüenses a Marx si Dios es la conciencia del pueblo según Daniel Ortega?

Veamos otro ejemplo. En este caso, Daniel Ortega, se refiere a la institucionalización de los valores «socialistas» y «cristianos» en la constitución de la república a través de las reformas impulsadas por su gobierno:

«Ahora, en estos tiempos de paz, de reconciliación y paz, es posible plasmar en nuestra constitución, que los valores del pueblo nicaragüense son los valores del cristianismo. Que los principios del pueblo nicaragüense son los principios socialistas, y que las prácticas del pueblo nicaragüense son las prácticas solidarias, Nicaragua cristiana, socialista y solidaria, así lo dice nuestra constitución, y así lo establece nuestra constitución». (Daniel Ortega Saavedra; Discurso en el acto de conmemoración del 35 aniversario de la Revolución Popular Sandinista, 19 de julio del 2014)

Lo cierto es que la reforma constitucional dio al traste con la separación entre iglesia y Estado, una reforma retardataria donde las haya que ni siquiera la burguesía tradicional se ha atrevido a darle carácter constitucional, podemos decir que la dirigencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional y su gobierno han sentado las bases para la instauración de una teocracia cristiana en Nicaragua.

Como hemos ido viendo en todos estos ejemplos, en el FSLN ha existido una incomprensión de que es la religión y qué papel ha jugado y sigue jugando en las sociedades, esto ha dado lugar a que se abra un abanico de ideas que pretenden incorporar, incluso equiparar el idealismo metafísico cristiano, así como de otras religiones, con el materialismo dialéctico científico del marxismo-leninismo:

«Las prédicas del «pluralismo ideológico» constituye además una de las direcciones más expandidas entre los ataques directos al marxismo-leninismo por parte de los revisionistas modernos. Prueba nuestra afirmación el hecho de que en la prensa revisionista –incluida como es obvio la prensa soviética–, se ensaye sobre la «posibilidad» de conseguir el socialismo con: «el Corán en una mano y El Capital de Marx» en la otra» o «con la cruz en una mano y la hoz y el martillo en la otra», etc. Los revisionistas modernos han extendido éste «pluralismo ideológico» incluso a nivel del partido de la clase trabajadora mismo, al abogar por la coexistencia entre las más variadas concepciones filosóficas en el seno de éste, incluidas las religiosas». (Agim Popa; El XXº Congreso del PCUS y la evolución de los revisionistas modernos, 1981)

Y es que el idealismo religioso no sólo forma parte de su práctica y de su teoría, sino que orgullosamente se incluye en la teoría de su doctrina, o se ha elevado a instancias constitucionales.

A la constitución nicaragüense de 1987, de la que hemos hablado, se han hecho miles de reformas, una de las últimas de 2014 ha sido, sorpresa, constatar lo que llega a registrar en el nuevo artículo 4, ¡el carácter «cristiano y socialista» de Nicaragua!:

«El Estado nicaragüense reconoce a la persona, la familia y la comunidad como el origen y el fin de su actividad, y está organizado para asegurar el bien común, asumiendo la tarea de promover el desarrollo humano de todos y cada uno de los nicaragüenses, bajo la inspiración de valores cristianos, ideales socialistas, prácticas solidarias, democráticas y humanísticas, como valores universales y generales, así como los valores e ideales de la cultura e identidad nicaragüense». (Constitución política de la República de Nicaragua y sus reformas, 1987)

Estamos enormemente sorprendidos, o siendo francos no tanto. ¿Estos son los respetados revolucionarios que estudiaron concienzudamente a Marx, Engels, y Lenin –como dice Daniel Ortega–; y que hoy aceptan e institucionalización el cristianismo como parte de la cultura «socialista» nicaragüense? Pero paremos un momento con nuestros ataques, quizás nos hemos propasado: ¿puede ser acaso que el FSLN no ha podido llevar a cabo una labor de educación y persuasión entre las masas para desligarles de los misticismos de la religión y esa declaración constitucional es una simple confesión del atraso cultural nicaragüense? A estas alturas del cuento debemos de asumir que jamás ha sido la intención de estos antimarxistas ya convertidos en contrarrevolucionarios, cambiar la herencia cultural idealista cristiana que somete a Nicaragua, sino que se sienten orgullosos de ella, y que se apoyan en ella para perpetuar el sistema de explotación capitalista. Por lo tanto, no es un tema de atraso cultural que esté en proceso de remediarse, sino que esta dirigencia se apoya en ella como parte de un proceso que perpetua la propiedad privada de los medios de producción por vía constitucional, y que por lo tanto también defienden la explotación capitalista.

En el nuevo artículo 5 del 2014 podemos leer:

«Los valores cristianos aseguran el amor al prójimo, la reconciliación nacional entre hermanos de la familia nicaragüense, el respeto a la diversidad individual sin discriminación alguna». (Constitución política de la República de Nicaragua y sus reformas, 1987)

¿Qué película nos están contando? Parece ser que sin los valores cristianos en Nicaragua, y estamos seguros que para ellos ningún país, no puede garantizarse el amor al prójimo o la diversidad sin discriminación. ¿Es eso cierto? Por supuesto que no, precisamente podríamos hacer un repaso histórico empezando por el Edicto de Tesalónica y la consiguiente persecución de todo lo «pagano», las masacres de los cruzados en Tierra Santa, en el Báltico y Occitania, la conversión forzada en todo el mundo incluyendo a Nicaragua, el asesinato en la «Matanza de San Bartolomé en Francia», hasta acabar por las torturas, quemas de brujas, los sambenitos de la inquisición española. ¿Esos son los ejemplos de tolerancia y no discriminación que reúnen los valores cristianos no? ¿Esto quedó en los «siglos oscuros» del cristianismo? En realidad no, pues está bien documentado el apoyo y participación de las instituciones religiosas en los gobiernos reaccionarios e incluso fascistas del siglo XX.

Por otro lado se habla de la famosa «reconciliación nacional» orteguista. Estamos seguros que aquí la religión sí que sirve para propagar la armonía entre clases, para unir a los sectores burgueses somocistas y «antisomocistas» que en la nueva Nicaragua se le permite seguir explotando, robando, y sus corruptela, de que pueden unir a todos y todas en la familia nicaragüense incluso a los explotadores y los traidores a la Patria; estamos convencidos que los conceptos religiosos aquí jugaran un gran papel anestésico para frenar la lucha de clases.

Esta «tomadura de pelo» constitucional lo recogen incluso los medios nicaragüenses que han sido afines al FSLN:

«Es esto lo que sucede en Nicaragua. El laicismo sólo permanece en el texto constitucional. No se le da su auténtico valor ni su verdadera importancia para lograr relaciones humanas democráticas. La desvalorización del laicismo va a la par del escaso desarrollo democrático de nuestra sociedad. El laicismo –presente en la máxima Ley de nuestra República– ha quedado reducido a un trofeo simbólico, sin valor real. Nuestras condiciones políticas han permitido a los gobiernos violarlo impunemente. (…) Hoy, nuestro gobernante está haciendo coincidir intereses económicos y políticos con su sospechoso culto a lo religioso. (…) Sin embargo, tal contradicción de vieja data no le da derecho a los tres gobiernos anteriores al del presidente Ortega, ni a su actual gobierno, a ignorar o a burlar el carácter laico de nuestro Estado. Hay muchos casos puntuales en los que la condición jurídica de Nicaragua como Estado laico –Nicaragua no tiene religión oficial, prescribe la Constitución Política en su artículo 14–, ha sido tratada con sumo irrespeto. Todos los gobiernos lo han hecho. En el gobierno actual es más grave la evidencia, ya que sus líderes aún se autoproclaman revolucionarios de izquierda. Con su juego maquiavélico con Dios y la religión, y con su alianza con las jerarquías religiosas, el presidente Ortega abrió dos frentes de lucha con la derecha. En el frente político por la conservación del poder, y en el frente ideológico por quitarle a la derecha la preeminencia que tradicionalmente ha tenido en el terreno religioso, haciendo de este terreno su coto privado. El presidente Ortega le está arrebatando a la derecha su arma ideológica tradicional. Y quitándole a las funciones de todo el Estado su carácter laico, el gobernante está actuando en perjuicio de la libertad de conciencia de los sectores populares. En la prédica alienante que menosprecia el laicismo ya no es posible distinguir cuándo ésta es política y cuándo religiosa, porque se identifican y se complementan». (Revista Envío; Reflexiones ante la diaria y grave violación del carácter laico del Estado, Número 313, abril de 2008)

Como hemos sido testigos, en el caso concreto de Nicaragua, con el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, apoyándose en esos supuestos valores cristianos ha derogado derechos entendidos como fundamentales: es el caso de la ley que regulaba el derecho al «aborto terapéutico», con el añadido de la imposición de penas de cárcel para la mujer y para el médico que lo ejecuten:

«Entre las tantas realizadas está también la manifestación de fieles católicos y evangélicos el 8 de octubre de 2006, reclamando la penalización del aborto terapéutico, en un acto político concertado entre el gobierno de Bolaños y las jerarquías de ambas denominaciones, en el que participaron funcionarios del gobierno y diputados liberales y del FSLN. Pocos días después, el Poder Legislativo cumplió la voluntad eclesiástica de penalizar el aborto terapéutico, derecho reconocido desde hacía más de un siglo en nuestro Código Penal cuando el embarazo pone en riesgo la vida de la madre. En este retroceso al siglo XIII se hizo presente un espíritu inquisidor, estimulado por la complacencia del gobierno, abofeteando así la memoria de los pensadores de la Ilustración que inspiraron el laicismo y la memoria de la Humanidad que se ha sacrificado por sus libertades. Todo un proceso de deshumanización «en nombre» de Dios. (…) Contra el aborto terapéutico se juntaron fuerzas políticas en apariencia disímiles –orteguistas, liberales, conservadores– en una sola acción reaccionaria. Los orteguistas olvidaron –como han venido haciéndolo en toda ocasión– los principios revolucionarios de varias generaciones de sandinistas, sólo para conseguir el apoyo de las jerarquías –o al menos su neutralidad– en asuntos claves para el orteguismo en carrera hacia la reelección del actual gobernante, empeño en el que se encontraba en octubre de 2006». (Revista Envío; Reflexiones ante la diaria y grave violación del carácter laico del Estado, Número 313, abril de 2008)

Esto se ha traducido en el agravamiento de los altos índices de embarazo adolecente que ya sufría Nicaragua, y que por otro lado ha merecido la felicitación de la secta católico-fundamentalista del «Opus Dei». No olvidemos que estas medidas tienen implícito un carácter de clase ineludible, y es que las mujeres que sufren tal medida son aquellas que no cuentan con recursos económicos, las que si lo tienen podrán desplazarse a terceros países para llevar a cabo el procedimiento médico prohibido. Sobra decir, que tampoco el Estado nicaragüense tiene medios, u programas, para atender como debería a los niños en general, y en particular a los no deseados, por lo que es una muestra más de las contradicciones a las que se expone una sociedad capitalista que además se adentra en el barrizal religioso para hacer sus leyes.

En el mismo sentido, y como ejemplo paralelo al de Nicaragua, discurrieron los intentos de despenalización del aborto en Ecuador en donde un furibundo Rafael Correa en un arrebato fundamentalista lanzó un ultimátum-chantaje dónde amenazaba con dejar la presidencia; tras lo cual el proyecto propuesta de despenalización del aborto fue retirado. Lo que queda de ejemplo para la posteridad como funciona la democracia burguesa y la democracia interna en los partidos que se reclaman «socialistas del siglo XXI», en que además vemos una completa subordinación al factor líder y sus intereses particulares; dicho de otro modo, la sola y única voluntad de un sujeto bastó para detener el avance de la sociedad y el reconocimiento de un fundamental derecho.

Continuemos con las citas para que podamos apreciar el grado de desviación sufrida:

«Seguramente tenemos concepciones distintas de la justicia. Pero, la justicia desde la mística, la filosofía, y ese camino práctico que une a Nicaragua, es el cristianismo, y, agregamos nosotros, el socialismo y la solidaridad. (…) Fortalecer el espíritu y las prácticas comunitarias; apoyar y ser parte de nuestro pueblo en sus expresiones de fe, católica y/o cristiana/evangélica. Acompañar a pastores, sacerdotes y religiosos en sus prédicas, propuestas y prácticas». (Rosario Murillo; Consejo de comunicación y ciudadanía del poder ciudadano; Estrategia de trabajo y comunicación, 2013)

Como acabamos de leer, ¡se llega al punto de exigir al militante que para ser un buen miembro del partido se ha de acompañar en sus prédicas, propuestas y prácticas a los representantes de las religiones!

Pero, ¿desde cuándo los representantes religiosos han obrado en pro del socialismo? ¿Quién se atreve a ocultar la oposición de los representantes religiosos a las reformas agrarias o a las nacionalizaciones de los bancos, transportes, etc. en los países revolucionarios? ¿Quién no ha oído hablar del histérico papel anticomunista de las instituciones religiosas de todo tipo en las revoluciones lideradas por partidos comunistas como en Albania, Hungría, Checoslovaquia, Polonia, etc.? ¿Quién puede refutar el papel retardatario que jugaron enemigos del comunismo como el cardenal húngaro Mindszenty, el pastor búlgaro Vasil Ziapkov, el cardenal polaco Wyszyński? ¿Qué decir de los propios Papas Pio XII o Juan Pablo II y su delirante y rabioso activismo anticomunista? La religión nunca ha querido ni puede querer el socialismo. Ahora, ¿acaso ha jugado en la historia de los pueblos un rol progresista, un rol de justicia? Tampoco, el rol de la religión en las sociedades ya es bastante dudoso de ser progresista y justo ya que hasta su posición patriótica sobre los acontecimientos nacionales se ha tambaleado en contadas ocasiones, pues en la mayoría de ocasiones las religiones siempre se han puesto por lo general al servicio de la reacción local e incluso de parte del invasor extranjero en detrimento de las clases populares. ¿Quién desconoce el papel de la iglesia ortodoxa en la Revolución Bolchevique de 1917 o en la Guerra Civil Rusa de 1918-1922? ¿Y del sacerdote católico Jozef Tiso que presidió el gobierno fascista en Eslovaquia? ¿Quién puede negar la implicación de la iglesia católica en el régimen fascista croata de Ante Pavelić y sus masacres? ¿Quién se puede hacer el ignorante sobre el papel reaccionario de la iglesia católica en la Guerra Civil Española o en toda la historia política de España? Y en Nicaragua: ¿Qué se puede decir del papel retardatario del ahora reivindicado cardenal Miguel Obando y Bravo, quién jugó un papel «esencialísimo» en la organización y financiación de la contrarrevolución nicaragüense de los años 80?

Es estéril seguir poniendo ejemplos que todo el mundo conoce o debería conocer, por lo que solo nos queda concluir con toda razón que:

«Es un hecho bien conocido que la ideología religiosa siempre sirve y ayuda a las clases explotadoras para robar y oprimir a las masas trabajadoras. Esta es una herramienta para criar el sentimiento de impotencia en la gente ante el sufrimiento, la desgracia y la miseria. La ideología religiosa nubla la mente humana y paraliza su voluntad para la transformación de la naturaleza y la sociedad. Esta es la razón por la que Marx, como es bien conocido, comparó la religión con el opio. (…) Precisamente a causa de que la religión desempeña un papel reaccionario es la razón por la que ha gustado y cuenta con el apoyo de las clases dominantes. El lenguaje del capitalista, el revisionista, y el clérigo reaccionario es esencialmente la misma. El partido marxista-leninista no puede conciliar con la ideología religiosa y su influencia. La base teórica de la política y del programa del verdadero partido de la clase obrera es la filosofía marxista-leninista y no el idealismo y la religión. La lucha de clases para la construcción del socialismo no puede separarse de la lucha contra la religión». (Enver Hoxha; La autogestión yugoslava; teoría y práctica capitalista, 1978)

Los actuales dirigentes del «socialismo del siglo XXI», como los actuales miembros del FSLN, utilizan precisamente la ignorancia de las personas bañadas en el idealismo religioso para justificar su política, se atreven incluso a presentarla como «bendecida».

Desde el nacimiento del marxismo, sus ideólogos han sido claro respecto al papel de la religión y sus consecuencias directas en la conciencia de la clase obrera:

«La religión es la teoría universal de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica popularizada, su pundonor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su complemento de solemnidad, la razón general que la consuela y justifica. Es la realización fantástica del ser humano, puesto que el ser humano carece de verdadera realidad. Por tanto, la lucha contra la religión es indirectamente una lucha contra ese mundo al que le da su aroma espiritual. La miseria religiosa es a un tiempo expresión de la miseria real y protesta contra la miseria real. La religión es la queja de la criatura en pena, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas embrutecido. Es el opio del pueblo. La superación de la religión como felicidad ilusoria del pueblo es la exigencia de que éste sea realmente feliz. La exigencia de que el pueblo se deje de ilusiones es la exigencia de que abandone un estado de cosas que las necesita. La crítica de la religión es ya, por tanto, implícitamente la crítica del valle de lágrimas, santificado por la religión». (Karl Marx; Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, 1844)

Lenin tampoco auguró ninguna duda sobre el carácter de la religión, y su tóxica influencia ideológica en la conciencia de las masas:

«La religión es una de las formas de opresión espiritual que gravita por doquiera sobre las masas abrumadas por el trabajo incesante en bien de otros, por la pobreza y la privación. La impotencia de todos los explotados en su lucha contra los explotadores, origina inevitablemente la creencia de una vida mejor, después de la muerte, del mismo modo que la impotencia del salvaje en su lucha con la naturaleza, da origen a la creencia en los dioses, los diablos, los milagros, etc. La religión enseña a aquellos que se debaten toda su vida en la pobreza a que sean resignados y pacientes en este mundo, y los consuela con la esperanza de la recompensa en el cielo. En cuanto a los que viven del trabajo ajeno, la religión les enseña a ser «caritativos», suministrándoles así un justificativo a su explotación y, por decirlo así, un billete barato para el cielo. «La religión es el opio del pueblo». La religión es una especie de tóxico espiritual en el que los esclavos del capital ahogan su conciencia y adormecen su anhelo de una existencia humana decente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Socialismo y religión, 1905)

Por tanto, declarar que entre marxismo y cristianismo –por citar la religión a fin de los revisionistas del Frente Sandinista– no hay contradicción, no solo es una burda mentira, sino que se trata de una visión socialdemócrata-capitalista del mundo y sus relaciones:

«Todas y cada una de las organizaciones religiosas, son órganos de la reacción burguesa llamados a defender la explotación y a embrutecer a la clase obrera. (…) El marxismo es materialismo. En calidad de tal, es implacable enemigo de la religión». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Actitud del partido obrero hacia la religión, 1908)

¿Cuáles deben de ser las tareas del partido comunista respecto al Estado y la religión? ¿Debe de ser financiadas las instituciones religiosas?

«El Estado debe desligarse de la religión; las sociedades religiosas no deben estar unidas al Estado. Toda persona debe ser absolutamente libre de profesar la religión que le plazca o no profesar ninguna, esto es, ser atea, como acostumbran a serlo los socialistas. No debe existir ninguna diferencia entre los derechos de los ciudadanos por razones de religión. (…) No debe pagarse subsidio alguno a la Iglesia, ni concederse fondos del Estado a las iglesias ni a las instituciones religiosas. Estas deben ser independientes del Estado, asociaciones voluntarias de ciudadanos feligreses». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Socialismo y religión, 1905)
¿Acaso el partido puede hacer la más mínima concesión al cristianismo en lo ideológico? ¿Debe de evitar la propaganda atea para no asustar a los obreros cristianos?

Dejemos clara la cuestión entre partido marxista-leninista y la religión con otro fragmento de Lenin:

«La religión debe ser considerada como una cuestión privada»; tal es la posición corriente de los socialistas respecto a la religión. Pero es menester definir el significado de estas palabras precisamente para evitar todo equivoco. Nosotros exigimos que se considere a la religión como una cuestión privada en lo que concierne al Estado; pero de ninguna manera podemos considerarla como una cuestión privada en nuestro propio partido. (…) No obstante, para el Partido Socialista Proletario la religión no es una cuestión privada. Nuestro partido es una organización de luchadores conscientes y progresistas por la liberación de la clase obrera. Semejante organización no puede ni debe ser indiferente a la ignorancia y al oscurantismo bajo la forma de creencias religiosas. Nosotros exigimos la total separación de la Iglesia del Estado con objeto de disipar la neblina de la religión con armas pura y únicamente intelectuales, mediante nuestra prensa y la persuasión oral. Uno de los objetivos de nuestra organización, el Partido Obrero Socialdemócrata ruso [así se llamaban los marxistas revolucionarios, hasta que tras la Primera Guerra Mundial se autodenominaron comunistas, para diferenciarse de la socialdemocracia de la II Internacional – Anotación de Bitácora (M-L)], consiste precisamente en luchar contra todo engaño religioso entre los trabajadores. Para nosotros, la lucha ideológica no es una cuestión privada, sino una cuestión que interesa a todo el partido y a todo el proletariado. Si es así ¿por qué no declaramos en nuestro programa que somos ateos? ¿Por qué no impedimos a los cristianos y creyentes que vengan a nuestro partido? La respuesta a esta pregunta revela una diferencia muy esencial entre la actitud democrática burguesa y la democrática socialista frente a la religión. Nuestro programa está enteramente basado en la filosofía científica, para ser más exacto materialista. Por consiguiente, al explicar nuestro programa debemos necesariamente explicar las verdaderas raíces históricas y económicas de la religión. Así pues, nuestro programa incluye por fuerza la propaganda del ateísmo. (…) Probablemente tendremos que seguir el consejo que, en su tiempo, Engels diera a los socialistas alemanes: el de traducir y propagar entre las masas la ilustrativa literatura atea del siglo XVIII». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Socialismo y religión, 1905)

Esto, como sabemos, es algo que los nuevos revisionistas quieren ocultar. De hecho, refiriéndonos a uno de los recientes comentarios sobre que no hay contradicción entre marxismo y cristianismo, se ha reacuñado la vieja paradoja que expresa que: «existen marxista-leninistas cristianos», que el ser profundamente religioso no altera para nada la visión materialista y dialéctica del sujeto, ¡su visión científica!, que se debe hacer una excepción en la lucha contra este campo contrarrevolucionario a fin de «respetar» costumbres «ya arraigadas en la sociedad». No es de extrañar ver entre las ideas de estos nuevos «ideólogos», la defensa de un «socialismo» que se debe esforzar en comprender los dogmas religiosos anticientíficos para no causar pánico entre las masas en lo concerniente al llamado «socialismo del siglo XXI». Esta actividad de conciliación fue descubierta, denunciada y combatida hace décadas por el marxismo-leninismo. Un ejemplo de ello es como Enver Hoxha denunció la deriva de los revisionistas modernos que cesaron la lucha contra el idealismo religioso siguiendo la estela de la Internacional Socialista y de sus partidos socialdemócratas, y que ya entrados los años 60 no sólo renunciaron oficialmente en sus programas al marxismo sino que oficializaban a la vez la religión como guía teórica:

«La socialdemocracia actual, no solamente ha caído desde hace tiempo en las posiciones del idealismo filosófico, y ha asumido la defensa del idealismo, sino que se esfuerza por encontrar apoyo, e incluso por fundirse con su forma más extrema, la religión. Así por ejemplo, en los programas de la socialdemocracia alemana, austriaca, suiza, etc., se subraya que el «socialismo democrático» tiene sus raíces en la ética y la doctrina cristiana, que socialismo y religión, lejos de excluirse concuerdan perfectamente». (Enver Hoxha; Los revisionistas modernos en el camino de la degeneración socialdemócrata, y la unión y fusión con la socialdemocracia, 1 de abril de 1964)

Hay que añadir, que no es casual que algunos partidos del «socialismo del siglo XXI» estén afiliados a la Internacional Socialista referida en cita anterior y que agrupa a los diferentes partidos socialdemócratas del mundo. Las coincidencias entre todos estos partidos por aceptar la sociedad burguesa y sus pilares ideológicos, y en este caso, por aceptar la religión, los hace propicios para tal unión.

Los seguidores del «socialismo del siglo XXI», no sabemos si conscientemente o no, están repitiendo las tesis del revisionismo yugoslavo, el cual afirmaba que hoy en día la religión no era un obstáculo para el socialismo, y que lejos de eso, las diferentes religiones están a favor del triunfo del socialismo, dichas declaraciones del revisionista Edvard Kardelj, fueron hostigadas por Enver Hoxha como frases que no sólo causaban la mofa entre los marxista-leninistas, sino también la carcajada entre los clérigos:

«Ahora nos dice este «gran filósofo» [Edvard Kardelj] que los clérigos con sus profundas creencias idealistas y religiosas de repente han caído en el amor al socialismo, con el orden social que se basa en la filosofía marxista-leninista, en el materialismo dialéctico e histórico. No sólo los trabajadores, los comunistas y todas las personas honestas en este planeta cuestionaran esto al leer estas frases del renegado titoista, sino que también los mismos clérigos se estarán riendo, porque hasta el día de hoy ni siquiera han soñado afirmar eso del socialismo; de este socialismo que maldecían y aún maldicen de todo corazón». (Enver Hoxha; La autogestión yugoslava; teoría y práctica capitalista, 1978)

Es claro que la burguesía históricamente, como otras clases dominantes en el pasado, han buscado y azuzado las diferencias religiosas de las clases no dominantes para obtener uno u otro propósito. Es normal entonces que la burguesía use el tema religioso para decir al obrero que efectivamente religión y comunismo no pueden ser unidos, y que su deber «como buen cristiano, musulmán, judío, etc.», es ir en contra el comunismo si realmente respeta su fe. Obviamente ahí es donde entra el papel activo de los comunistas de ganarse a las clases trabajadoras influenciadas por esta táctica de la burguesía, que hace que antepongan sus intereses religiosos a sus intereses de clase:

«Las diversas creencias religiosas en Albania han servido a las clases dominantes del interior y a los invasores para dividir y esclavizar al pueblo. Los diferentes invasores han utilizado siempre la religión como arma ideológica. Por esta razón la lucha secular que el pueblo albanés ha llevado contra los invasores y los opresores extranjeros ha sido dirigida también contra el clero reaccionario, instrumento de éstos. (…) Durante la lucha de liberación nacional el partido frustró todos los esfuerzos de los ocupantes italianos y alemanes y de los traidores del país por dividir al pueblo en musulmanes y cristianos. Desenmascaró y frustró todas las tentativas del alto clero, sobre todo del católico para apartar a las masas populares del partido y del frente liberación nacional. Después de la liberación fracasaron asimismo los esfuerzos del clero reaccionario y de los demás enemigos de clase por obstaculizar la edificación socialista del país invocando «la palabra de Dios». (Enver Hoxha; Sobre el papel y las tareas del Frente Democrático, 14 de septiembre de 1967)

Vale decir que porque un obrero sea católico, por ejemplo, no significa que sea automáticamente un sujeto ajeno a la revolución, el partido comunista deberá persuadirle de su error, pero al mismo tiempo no rechaza su compromiso de clase, si realmente lo tiene. Esto decía el honorable español José Díaz durante la guerra civil española:

«Nosotros, el Partido Comunista de España, respetamos las creencias religiosas, aunque no las profesemos. En el gobierno hay un ministro católico y miles de católicos se baten al lado del pueblo en las trincheras. Es necesario ganar para nuestra causa a las masas campesinas que todavía son católicas. Y les haremos comprender su error. Esa será una labor lenta y tenaz de educación. (…) Donde haya alguien, que ayude al pueblo, que haga algo en defensa de nuestra España, que haga algo para ayudarnos a ganar la guerra, hay que considerarles como un aliado, sin meterse a averiguar sus creencias religiosas. A los trabajadores que las profesen, nuestro deber es hacerles comprender, a lo largo del tiempo, que están equivocados. Tenemos, en apoyo de esto, un hecho concreto; tenemos el hecho grandioso de la Unión Soviética. En la Unión Soviética hay todavía algunas iglesias abiertas al culto. ¿Pero quién entra en ellas? En los primeros tiempos de la revolución, todavía entraba mucha gente en las iglesias. Pero hoy, cuando pasamos por delante de alguna de las iglesias que quedan aún en la Unión Soviética, vemos que sólo entran en ellas el pope y cuatro pobres viejos apegados a su rutina. ¿Y qué ocurre? Que las iglesias van desapareciendo como consecuencia de la nueva educación, ante la nueva generación, hija del socialismo». (José Díaz; ¿Qué hacer para ganar la guerra?; Conferencia pronunciada en el teatro Olimpia, de Valencia, 2 de febrero de 1937)

Aunque no nos debemos hacer ilusiones con que este «defecto» del obrero no influye para nada en sus aspiraciones revolucionarias, es igual de claro que ese obrero siempre lleva implícito una visión del mundo no materialista, no marxista, por lo tanto, el auxilio que este obrero pueda prestar a la revolución en muchos temas siempre estará limitado a sus propias limitaciones ideológicas causadas por la religión. El partido debe empezar desde la época previa a la toma de poder a implantar su educación sobre el tema religioso pertrechada de materialismo dialéctico, y como es obvio siempre habrá que hacer más esfuerzos por crear la visión atea y materialista del mundo con el elemento que arrastre la herencia religiosa de la vieja sociedad.

Históricamente ha habido varios movimientos a los que les era imposible renunciar a sus dogmas religiosos y a su visión idealista del mundo, pero que a su vez tenían un hondo sentido de justicia, de igualdad, etc. Estos han intentado hilar la lucha de clases y la religión, creando una nueva doctrina, es el caso de la «teología de la liberación». Vale aclarar que la «teología de la liberación», que aunque intentó beber del marxismo-leninismo, no logró adaptarse a la esencia del mismo, tampoco logró penetrarlo por las contradicciones intrínsecas entre marxismo y religión ya descritas. Esta corriente ha de ser considerada el punto de partida de estas deformaciones hoy en desarrollo en los procesos latinoamericanos del «socialismo del siglo XXI».

Esta intoxicación religiosa explica en parte el asistencialismo con tintes caritativos desarrollada en el marco económico de los países bajo la influencia del «socialismo del siglo XXI», que si bien alivian en parte la carga que han de soportar las clases que venden su fuerza de trabajo, no cambia el régimen capitalista, sólo lo disfraza bajo el manto de la caridad, similar función puede realizar el «Estado del bienestar» europeo en cuanto a la repartición de migajas y la no resolución de los problemas de raíz, por cuanto estabilizan al sistema capitalista mismo.

Nunca se debe dejar de denunciar que los partidos que defienden los fundamentos teóricos del «socialismo del siglo XXI» apuesten por la unión y fusión ideológica con la religión. En ese sentido es conocida desde tiempos ya lejanos la perorata liberal sobre la libertad de conciencia, intentando con ello negar al partido su deber inquebrantable en este campo ideológico: luchar contra la reacción religiosa desde la educación de las masas.

Para el marxismo-leninismo la libertad es conciencia de la realidad objetiva, sus necesidades, sus posibilidades. Al contrario que el idealismo que considera que la libertad es inherente a la condición humana, en tanto la realidad es incognoscible; el materialismo dialéctico entiende que la libertad no es innata, sino que se ha de desarrollar en la medida de que se va interactuando con el momento histórico concreto, en la medida en que se va adquiriendo conciencia de las necesidad; es decir, la libertad no puede existir si el sujeto, o los sujetos, no tienen conciencia de la necesidad como producto del desarrollo histórico. Sin la conciencia de la necesidad la libertad se convierte en una actividad meramente subjetiva. Marx luchó toda su vida contra el liberalismo, contra la libertad de conciencia religiosa que quiere establecer una paz duradera con el oscurantismo:

«¡Libertad de conciencia!» Si, en estos tiempos de lucha cultural se quería recordar al liberalismo sus viejas consignas, sólo podía hacerse, naturalmente, de este modo: todo el mundo tiene derecho a satisfacer sus necesidades físicas, sin que la policía tenga que meter las narices en ello. Pero el Partido Obrero, aprovechando la ocasión, tenía que haber expresado aquí su convicción de que «la libertad de conciencia» burguesa se limita a tolerar cualquier género de libertad de conciencia religiosa, mientras que él aspira, por el contrario, a liberar la conciencia de todo fantasma religioso». (Karl Marx; Crítica del Programa de Gotha, 1875)

Y como nos recuerda el albanés Enver Hoxha refiriéndose a Friedrich Engels, la religión es parte de las «constituciones establecidas por las clases vencedoras», eso debe de ser recordado sobre todo en el ámbito en que se desarrolla el «socialismo del siglo XXI», un continente donde –como muchos otros– se impuso el cristianismo a sangre y fuego –en un silenciado genocidio–. Del mismo modo se hace referencia a veces a la influencia de la religión en el orden socio-económico existente, y lo presentan como algo, que constituye la propia estructura de dicha sociedad, esto es profundamente anticientífico, elevar la superestructura –como es la religión– como más influyente que la propia estructura económica es antimarxista. Más de uno sabrá que Roma como sociedad esclavista se empapó más y más en el cristianismo por la «epifanía» cristiana sufrida antes de una batalla por el emperador romano Constantino I, con las consecuencias que eso engendraría al Imperio Romano y sus sucesores de creencia cristiana; pero la estructura económica romana ya estaba predeterminada antes de la llegada del cristianismo, fue la acción subjetiva de Constantino como «vencedor» de la guerra civil romana quién impuso esa influencia que se amoldaría a la estructura y «dejaría huella», pero tampoco llegaría a cambiar dicha estructura económica, que era la base. Además ha de tenerse en cuenta, que el cristianismo, no era más que reflejo de otras religiones más antiguas que se desarrollaron paralelamente en la sociedad romana y las sociedades predecesoras, por lo que su religión –superestructura– no era algo que escapara a la estructura de las sociedades romanas y de otras sociedades precedentes:

«Engels nos aclara que, en último análisis, el factor más importante, el factor decisivo en la historia es la «producción y la reproducción» de la vida real. Esto debe ser bien entendido, nos enseña, es decir, la economía es la base, pero no el único factor determinante, ya que existen asimismo otros elementos, como son las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las constituciones establecidas por las clases vencedoras, las formas jurídicas, las concepciones religiosas, las diversas teorías políticas, etc. Todo esto influencia con su acción y naturalmente deja huellas. Hay, pues –dice Engels–, acción y reacción de todos estos factores, pero entre ellos resalta, se destaca e influye el factor económico». (Enver Hoxha; Estudiemos la teoría marxista-leninista en estrecho enlace con la práctica revolucionaria, 8 de noviembre de 1970)

En definitiva, la religión no es más que un cumulo de ideas, dogmas, creencias, leyendas y cuentos populares que se condensan en un todo mítico cuyos orígenes se remontan a la prehistoria. La realidad la deposita en lo abstracto en donde la verdad, toda la verdad, es revelada por un ente incognoscible, en ellas el «poder pastoral» es el instrumento de dominación final de la sociedad, y se ejerce a través de la manipulación de los sentimientos –amarillismo– razón por la que es útil al poder. Digamos que en esencia son intentos de comprensión del entorno surgidos en el seno de sociedades esclavistas de la edad de piedra, incluso anteriores a ella, que se caracteriza por el sincretismo endogámico –plagio de ideas entre ellas– mutabilidad y adaptación a las transformaciones ocurridas en las sociedades humanas, una derivación de la intoxicación de los valores culturales sociales y el «sentido común» que le es inherente, muy pronunciado desde el desarrollo del pensamiento científico basado en la objetividad. Las religiones paralizan el pensamiento crítico, y lo someten a la voluntad de lo que entienden «sagrado».

Por ello con toda razón Enver Hoxha sentenció para la posteridad:

«La lucha contra la ideología religiosa está estrechamente relacionada con la lucha contra el imperialismo y el revisionismo, con la lucha por el socialismo y el comunismo». (Enver Hoxha; Como se debe comprender y combatir el cerco imperialista-revisionista de nuestro país y el efecto de su presión sobre nosotros, 15 de marzo de 1973)». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

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