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Por Érika Ortega Sanoja

Caracas.- El gobierno del presidente Nicolás Maduro insiste en que hay un golpe de estado en proceso en su contra. Sostiene que es alentado desde Washington y que los ejecutores son actores políticos de la oposición, que no buscan realmente elecciones. Quieren llegar al poder por la vía de facto porque la Constitución les impide hacer lo que de verdad desean: desmontar el estado democrático y social de derecho y de justicia que establece la Carta Magna y que construyó el Comandante Hugo Chávez junto al Poder Popular.

Para ello, Estados Unidos y sus aliados en Venezuela promueven la violencia terrorista que evidenciamos hoy en el país.

Si queremos revisar cómo se ha generado la escalada de los últimos días, debemos remontarnos al momento en que la oposición ganó la mayoría de las curules de la Asamblea Nacional, el 6 de diciembre de 2015. Con una batalla ganada por la contrarrevolución, sobre la base de una profunda guerra sistemática contra la economía venezolana similar a la del Chile de Salvador Allende, la oposición logró capitalizar el descontento de la población.

Al tomar posesión de su cargo el 5 de enero de 2016 y en cadena nacional de radio y televisión, el nuevo presidente del Poder Legislativo, diputado Henry Ramos Allup, aseguraba que su principal tarea sería sacar a Maduro de la Presidencia.

Huelga decir que la oposición no llegó a ser mayoría legislativa en buena lid. Esto lo demuestran conversaciones telefónicas reveladas por diputados del chavismo, donde funcionarios de la gobernación del estado Amazonas se oyen negociando una presunta compra de votos, lo cual en Venezuela es penado por la ley electoral.

Presentadas estas grabaciones ante los medios y ante la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), esta ordenó a la directiva de la Asamblea que se abstuviera de juramentar a los 4 candidatos del estado Amazonas que el Consejo Nacional Electoral había proclamado: 3 de ellos de la oposición y uno del bloque parlamentario revolucionario.

¿Choque de poderes?

La directiva hizo caso omiso a estas órdenes dictadas por el máximo tribunal y el jueves 28 de julio de 2016 juramentó a los 3 opositores. Con ello, el Poder Legislativo inició una cadena de desafíos al resto de Poderes Públicos Nacionales.

Quienes no viven en Venezuela deben saber que aquí hay cinco poderes públicos: primero, el Ejecutivo, conducido por el jefe de estado y de gobierno, quien además funge como Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Existen también: el Legislativo, el Electoral, el Judicial y el Ciudadano, conformado por el Consejo Moral Republicano, que a su vez está integrado por el Fiscal General, el Contralor General y el Defensor del Pueblo.

La Asamblea Nacional opositora se ha enfrentado a todos los otros poderes públicos nacionales. Los medios lo han reseñado como un “choque de poderes”, pero en realidad, hasta finales de marzo de 2017, era el Poder Legislativo contra el resto.

A mediados de 2016, el TSJ declaró en desacato a la Asamblea hasta tanto persistiera su renuencia a cumplir las sentencias de la Sala Electoral. Fue así como cada proyecto de ley presentado por la oposición en la Asamblea fue declarado como nulo porque provenía de un acto refrendado por personas que habían usurpado funciones de diputados, tras haber sido cuestionadas por delitos electorales graves.

La derecha mundial destacó este asunto como una supuesta “falta de independencia de poderes públicos” y hasta un “robo de competencias de un poder por otro”.

La mesa de diálogo sirvió para que el Gobierno lograra que la oposición se sentara a discutir temas importantes, bajo la mediación del secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas, Ernesto Samper; los ex presidentes de Panamá, Martín Torrijos, Leonel Fernández de República Dominicana y de España, José Luis Rodríguez Zapatero y hasta un enviado del Vaticano.

Iniciados los primeros pasos y avances, factores extremistas dentro de la oposición se negaron a continuar con el diálogo y lo implosionaron con el apoyo de factores externos. Para ello sirvió Luis Almagro, quien como secretario general de la Organización de Estados Americanos, actuó como un títere de los Estados Unidos. El uruguayo, rechazado ahora hasta por el propio ex presidente Pepe Mujica, se reunió con senadores demócratas y republicanos de ese país, declarados y confesos lobbistas contrarrevolucionarios, para recibir la línea.

La elección presidencial en los Estados Unidos hizo bajar un poco la presión en Venezuela ante la incertidumbre posterior a la elección de Donald Trump. La coalición opositora que antes se había apoyado en Hillary Clinton para sus acciones contra el gobierno de Maduro, no estaba muy segura de tener el mismo alcance con el nuevo Potus.

Del cabildeo con el nuevo inquilino de la Casa Blanca se encargó el ex candidato republicano Marco Rubio, quien con eso cumplía con sus financistas del Doral, en el estado de Florida.

Dirigentes de la oposición también hicieron lobby en la OEA para pedir sanciones contra Venezuela, rayando incluso en la comisión de delitos de lesa patria. No es una exageración: ya el ex jefe del comando sur de Estados Unidos, John Kelly, hoy devenido en Secretario de Seguridad Nacional, había advertido que “de haber una solicitud expresa de la OEA o de la ONU, procederían a una intervención en Venezuela”, ante una eventual y supuesta “crisis humanitaria” de la nación suramericana.

El detonante de la violencia

Suspendido el proceso de diálogo frente a las cámaras pero no detrás de ellas, llegó el 2017. Aunque la directiva del año anterior no desincorporó con procedimientos legales a los ciudadanos impugnados de Amazonas, el 5 de enero, el diputado del partido Primero Justicia, Julio Borges, se juramentó en una sesión también anulada por el TSJ. Todos sus actos seguían teniendo como raíz un evento ilegal.

Así llegó el 30 de abril de este mismo año. Dos sentencias de la Sala Constitucional del TSJ provocaron una declaración destemplada de Borges. Frente a múltiples cámaras y micrófonos de medios nacionales e internacionales, dijo que en Venezuela se había instaurado una “dictadura” y rompió en público uno de los documentos.

La sentencia establecía que ante la omisión legislativa inconstitucional y la renuencia del Poder Legislativo a cumplir con las sentencias del Poder Judicial, el Ejecutivo podía concretar asociaciones petroleras y que la Sala Constitucional del TSJ asumiría las competencias de la Asamblea Nacional.

Acto seguido, el Diputado anunció las acciones de calle y dijo que la coalición de partidos opositores, no descansaría hasta lograr algo que no está contemplado en la Constitución: las elecciones generales anticipadas.

Un día después, la fiscal general Luisa Ortega Díaz, dijo en transmisión en vivo del canal del Estado, que las sentencias señaladas por Borges habían producido una supuesta “ruptura del hilo constitucional”.

Ante la controversia entre Poderes Públicos, el presidente Nicolás Maduro activó esa misma noche el Consejo de Defensa de la Nación, el cual se convoca según lo establecido en la Carta Magna, como “máximo órgano de consulta para planificar y asesorar al Poder Público en materia de defensa integral de la Nación, soberanía y la integridad de su espacio geográfico”.

Este órgano, compuesto por representantes de todos los Poderes más algunos miembros del gabinete del gobierno, recomendaron al Tribunal Supremo aclarar las sentencias controversiales, lo cual fue hecho a la mañana siguiente.

Violencia “no violenta” 

Las operaciones de guerra no convencional que se están aplicando en Venezuela tienen su origen en los manuales del golpe suave, creados por el estadounidense Gene Sharp. Se han aplicado antes en países de Europa del Este y no han tenido éxito en este país latinoamericano.

Eso sí, tiene defensores. Al menos una treintena de jóvenes captados hace 10 años en universidades privadas y públicas autónomas, ahora como adultos las aplican con precisión y apoyo foráneo. La fachada para la captación de aquellos jóvenes fueron las organizaciones no gubernamentales que promueven el ideal de “democracia” liberal que sirve a los intereses de Washington.

Durante años, estas ONGs fueron ampliamente financiadas por la USAID y la National Endowment for Democracy, es decir, por el gobierno de los Estados Unidos. Una inversión a largo plazo que ha venido dando frutos a lo largo del tiempo.

Las llamadas guarimbas del año 2014, desestabilizaron gravemente al gobierno del presidente Nicolás Maduro. El saldo fatal de la violencia política promovida por Leopoldo López en el marco del plan llamado La Salida, dejó como resultado 43 personas fallecidas, miles de lesionados y familias enteras enlutadas. Las pérdidas para la Nación por los destrozos y daños a la propiedad pública fueron cuantiosos.

Muchos de los actuales diputados de la oposición llegaron a sus curules de esa forma. Aunque antes decían que su actividad era parte del “Movimiento Estudiantil”, en realidad, las campañas de acciones violentas de estos jóvenes tenían obvias influencias de partidos políticos. De hecho, todos aquellos que participaron en la conducción de los focos de violencia del 2007, se unieron a partidos que también han recibido financiamiento del Instituto Republicano Internacional (IRI), del Instituto Nacional Demócrata (NDI) y hasta de la Konrad Adenauer.

Son estos diputados, quienes han venido aupando y convocando a actividades de calle que denominan “no violentas”, pero que en la práctica pasan hacia la trinchera del terrorismo. En menos de un mes, estos llamados a tomar las calles para exigir la salida de Maduro han tenido un saldo aborrecible de 26 personas fallecidas y cerca de 500 heridos.

Terrorismo en tres actos

El chavismo ha denunciado que en estas actividades supuestamente pacíficas de la oposición, hay varios tiempos. En horas de la mañana, acuden personas de la llamada clase media del país que demuestran una conducta pasiva-agresiva.

Las horas cercanas al mediodía son el momento del clímax que se aprovecha para las fotos a medios internacionales. Sea grande, moderada o pequeña, la movilización es calificada por las corporaciones mediáticas con adjetivos como: “multitudinaria” o “numerosa”, donde “millares” o “cientos de miles” de personas se vuelcan a las calles para “protestar” contra la “dictadura”.

Entre la 1 y las 3 de la tarde, los violentos tratan de llegar hacia el centro de la ciudad, donde se encuentran las sedes de los poderes públicos y donde casi siempre hay también otra demostración de movilización militante del chavismo. Estos últimos a veces están en la avenida Bolívar, otras en la México, o en la avenida Urdaneta, que conduce directamente al Palacio de Miraflores, sede del Gobierno Nacional.

Como los cuerpos de seguridad no los dejan pasar para evitar un choque entre grandes masas de personas como ocurrió hace 17 años, los diputados opositores usan a su adiestrado y equipado grupo de choque para intentar abrirse camino frente a la Policía Nacional o la Guardia Nacional. Son grupos de unos 100, máximo 200 jóvenes, muy violentos, en ocasiones bajo los efectos de sustancias prohibidas. En un país donde la oposición clama por una supuesta “crisis humanitaria” donde las personas “comen perros y palomas” los encapuchados que en forma más avezada se enfrentan a policías y militares, portan cámaras GoPro, máscaras antigases y guantes de seguridad que cuestan mucho dinero en Venezuela. Su proveniencia es desconocida, pero se presume que es aportada por la propia oposición.

Al caer la tarde, estos mismos grupos violentos abandonan las principales autopistas tomadas para la marcha, no sin antes dejar suficientes escombros como para impedir el tránsito. Vierten aceite sobre el asfalto, tensan cables de acero entre postes de luz que no son vistos por motorizados y generan graves accidentes y lesiones a personas.

Luego, se repliegan hacia las zonas donde gobierna la oposición y desde ahí comienzan los atentados contra personas, contra la propiedad privada, linchamientos de cualquiera que “huela a chavista” y atacan a instituciones públicas y hasta centros de salud. El caso más emblemático: el ataque contra el centro de salud Materno Infantil de El Valle, donde 54 bebés y madres tuvieron que ser desalojados ante el violento asedio que inició con una quema de basura a las puertas del hospital, la pretensión de ingreso a la institución y hasta el lanzamiento de grandes piedras contra las ventanas del lugar. El pecado de ese hospital de niños: es que lleva el nombre y fue construido por Hugo Chávez.

Nada de esto es narrado por los medios del mundo salvo honrosas excepciones. En municipios y estados donde la oposición es gobierno todo es permitido, sin pudor, por policías municipales y regionales en manos opositoras. Ante la ausencia de la contención del orden público, la intervención de la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional es criminalizada tanto por la representación opositora, como por medios locales e internacionales.

Golpe Teledirigido

La última vez que la oposición logró desviar hacia el centro de Caracas una marcha convocada inicialmente hacia el este, dio un golpe de estado. Fue el 11 de abril de 2002. Ese día, medios nacionales y un puñado de militares rendidos a Washington secuestraron al Presidente Chávez, bajo el esquema de Fake News.

Por eso, un ex ministro de comunicación e información recientemente escribió en su cuenta Twitter que si hace 17 años, el golpe de estado contra Chávez se apoyó en los medios privados venezolanos, esta vez la oposición intentará usar las redes sociales y medios internacionales como campo de batalla para justificar el golpe contra Maduro.

El objetivo entonces queda claro: estas acciones de violencia tratan de generar un clima de ingobernabilidad en el país. Quieren hacer creer al mundo que la contención de actos terroristas son acciones de un “gobierno represor”, “constituyen violaciones de Derechos Humanos” y forman parte de una “ruptura del hilo constitucional” en medio de la “crisis humanitaria”, de la cual, también sería culpable el gobierno. Sentadas las bases mediáticas y geopolíticas para este escenario, lo próximo que vendría sería la intervención militar propiamente dicha, porque la paramilitar (colombiana) que sirve como brazo de apoyo ya es un hecho.

El presidente sirio, Bashar Al Assad, afirmó en una entrevista concedida a Telesur que todo lo que ocurre hoy en Venezuela le resulta similar a los primeros sucesos de violencia de los primeros años de desestabilización de su país.

Desde Rusia, la portavoz del Gobierno, María Zajárova, criticó las declaraciones del nuevo jefe del Comando Sur de Estados Unidos, Kurt Tidd, quien recientemente advirtió que “el empeoramiento de la crisis en Venezuela requeriría una respuesta regional inmediata”.

Zajárova aseguró que declaraciones como esas “fomentan la incertidumbre, suponen un apoyo a los radicales y generan inestabilidad y confrontación”.
Días después, ella misma aseguró que era “necesario que los ingenieros de la desestabilización en Venezuela miren con más atención los resultados de su obra desde afuera para promover disturbios como ocurrió en Siria, Libia, Yemen y, en particular, en Ucrania.
¿Cuál es la esencia de lo que hacen las fuerzas exteriores en Venezuela? ¿Quieren alcanzar los mismos resultados?”, cuestionó.

La definitiva Independencia

Venezuela formalizó su retiro de la Organización de Estados Americanos, luego de que un grupo de 19 países con gobiernos antagónicos a la revolución bolivariana, pretendiera tutelar a la Nación y aplicar acciones injerencistas monroístas contra la patria de Bolívar.

El embajador venezolano ante la OEA, Samuel Moncada, destacó en su última intervención en el Consejo Permanente que la lamentable reunión del 3 de abril de 2017 activó la virulencia de los sectores más violentos de la sociedad. Tiene razón. Fue desde ese momento en que comenzó la escalada.

La canciller Delcy Rodríguez ha puesto en relieve, con razón, las palabras del General Jacinto Pérez Arcay, viejo maestro del comandante Hugo Chávez. Este Robinson de los nuevos tiempos  aseguró que “Venezuela ha emprendido la tercera empresa por su definitiva Independencia”.

La primera empresa, irrumpió el 19 de abril de 1810. Un grito de para librarnos de las cadenas del yugo español, lo cual dio paso a la primera República.

Luego vino la rebelión militar del 4 de febrero de 1992, cuando un grupo de militares bolivarianos decidió romper con el modelo opresor, entreguista y neoliberal impuesto por el Fondo Monetario Internacional.

Y la última empresa, anunciada el 27 de abril de 2017, es aquella que hace a los venezolanos libres del modelo monroísta y prioriza a la diplomacia bolivariana y chavista de paz, solidaridad y autodeterminación. En definitiva, hemos roto vínculos ojalá que para siempre, con el obsoleto, caduco, decadente e inmoral “ministerio de las colonias”.

Sabemos que eso no detendrá al voraz imperio norteamericano. Por eso, la violencia debe ser detenida a tiempo y con la acción efectiva y oportuna de la justicia. Castigo a todos los responsables de estos escenarios de violencia, reparación y reconocimiento a las víctimas y compromiso de no más agresiones en medio de un diálogo honesto de las partes, son las únicas vías hacia la paz.

@ErikaOSanoja

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