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El gulag de Stalin

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Empieza a ser tediosamente habitual escuchar entre camaradas bromas y chascarrillos acerca del gulag de Stalin. No solo resulta aburrido sino que, además, representan la caricaturización que los enemigos del socialismo han pretendido hacer del camarada Stalin y de la Unión Soviética.

En el Centenario de la Revolución de Octubre, y en el contexto de una profundización irreversible de la crisis capitalista, los enemigos de clase redoblan sus esfuerzos en la producción de calumnias contra la gloriosa gesta bolchevique. Una gesta que los pueblos soviéticos, con el camarada Stalin a la cabeza, supieron defender y consolidar ante las más duras adversidades.

Basta de reproducir mitos burgueses. Dejemos de mitificar el gulag de Stalin y hablemos, por ejemplo, del Sovjós y las cooperativas de Stalin, que dieron dignidad, alimento y bienestar al campesinado y a la clase obrera. Hablemos de la Constitución Soviética de Stalin, que otorgó amplios derechos y libertades para las y los ciudadanos soviéticos. Hablemos de las escuelas públicas y gratuitas de Stalin, que sacaron al pueblo del analfabetismo y sentaron las bases del progreso científico y tecnológico. Hablemos de las clínicas y hospitales públicos de Stalin, los primeros del mundo nacidos tras la Revolución de Octubre, que proporcionaron atención médica gratuita y universal para el pueblo. Hablemos de las centrales hidroeléctricas de Stalin, que proporcionaron energía y luz para la industria y la población. Hablemos de la locomotora P-36 de Stalin y la red ferroviaria soviética, una de las más grandes del mundo, que facilitó el transporte de mercancías y personas por todo el territorio soviético. O hablemos, por supuesto, de los tanques T-34 de Stalin, que aplastaron a las divisiones Panzer alemanas, liberando a Europa y al mundo de la amenaza del fascismo. Hablemos, en definitiva, del extraordinario progreso que logró el socialismo en términos de desarrollo económico y social. Ensalcemos la historia que el enemigo, en esta batalla ideológica, quiere ocultar acerca de Stalin y la Unión Soviética.

Y si hemos de hablar del Gulag, (acrónimo de Dirección General de Campos de Trabajo), hagámoslo para poner en su sitio a los calumniadores y desmontar el relato burgués. El gulag no era el siniestro campo de exterminio y venganza que la propaganda capitalista ha pretendido dibujar. Los campos de trabajo eran el destino para los prisioneros con los delitos más graves, fueran o no relacionados con actividades contrarevolucionarias, y por supuesto, el gulag no era un patio de colegio, pero las condiciones de vida eran mucho más dignas que las de los sistemas penitenciarios capitalistas. El sistema penitenciario soviético se regía por un principio aplicado también a todas y todos los ciudadanos de la unión Soviética, y reflejado en la Constitución de 1936: “El que no trabaja, no come”, así como “De cada uno, según su capacidad”. A diferencia de otros sistemas penitenciarios de la época, (y actuales), donde los prisioneros eran sometidos a extenuantes jornadas de trabajos forzados en condiciones de esclavitud, en la Unión Soviética los prisioneros sí tenían derechos, e incluso eran remunerados por su trabajo.

No hagamos bandera de la caricatura burguesa del socialismo. Defendamos los logros y la superioridad de la economía planificada socialista frente al caos capitalista. No mitifiquemos el carácter represivo que, evidente y necesariamente, tiene socialismo. La Dictadura del Proletariado responde a la necesidad de defender la paz y la dignidad conquistada. Hagamos bandera de la justicia y el progreso, no de la venganza y el castigo.

F. Pianiski

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