“Lamentablemente, no es la primera vez que Turquía se entromete en la situación en la región sin haber realizado un análisis profundo de la misma. Ankara actúa de acuerdo con sus impulsos emocionales, que se encuentran bajo la influencia del ‘romanticismo islámico'”, considera el experto.

Según Bulut, un enfoque de este tipo, en la mayoría de los casos, desemboca en fracaso. Se creía que Ankara se mantendría neutral en cuanto a las cuestiones que afectan a las relaciones entre los países árabes, sin embargo, esta vez el país otomano decidió alinearse del lado de Catar, añadió.

“El problema más significativo aquí es la pérdida de la imparcialidad de Turquía en este asunto. Ankara se privó de su derecho de jugar un papel de mediador entre las partes y, por lo tanto, fracasó a la hora de tratar de prevenir un conflicto armado abierto en la región”, opina el experto.

Como resultado, en la actualidad, Oriente Próximo está al borde de una confrontación directamente vinculada con los plantes de Washington en esta región. En este contexto, Ankara sería incapaz de tomar ninguna medida una vez que estallara la guerra en la zona, reiteró Bulut.

El analista calificó de poco probable una confrontación directa entre dos bandos en esta crisis pero señaló que, si la guerra empezara, las consecuencias para Turquía y para toda la región serían excepcionalmente graves.

“Si Ankara se mostrara contraria a la posible intervención de Occidente, se alinearía en el lado opuesto de Washington. En caso de guerra, Turquía sería una de las partes del conflicto, en el que se opondría a Estados Unidos y a las Fuerzas Armadas de los países del Golfo”, aseguró.

El experto considera, además, que Irán estaría junto a Turquía si se llegara a ese punto, mientras que Rusia, posiblemente, apoyaría diplomáticamente a este bloque.

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